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Ibn Labbun de Murviedro


De origen muladí[1], fue un piadoso alfaquí[2] de una familia de funcionarios. Era llamado en las fuentes cristianas Ben Lupón. Sabemos que fue señor de Murviedro (hoy Sagunto) y uno de los  magnates de su tiempo. Fue ministro (wazir) o cadí[3] de al-Mamún[4], rey de Toledo. Se declaró independiente cuando al-Qádir [5] heredó el gobierno. La crónica de Ibn al-Jatib[6] lo presenta como señor de Alcalá de Henares, aunque no precisa la fecha en que se desarrolló su dominio sobre dicha ciudad.

 

En 1086 recibió del soberano de Valencia, al-Qádir, el gobierno de la ciudad de Valencia, pero lo abandonó ese mismo año y se trasladó a la fortaleza de Murviedro, en la que pudo declararse independiente gracias a la debilidad de las taifas que aún sobrevivían en el último cuarto del siglo XI.

 

No se atrevió a declararse príncipe soberano de sus dominios y pidió la protección de Ibn Razín[7], señor de Albarracín, para poder defenderse del Cid. Ibn Razín lo desposeyó de su señorío.

 

En 1088 se acogió a la soberanía de Mundir Ibn Hud[8] de Denia y Lleida, pero su protección no fue suficiente para evitar el intervencionismo del Cid en los asuntos de Levante y el soberano de Murviedro se vio obligado a pagar cuantiosas parias a Rodrigo de Vivar.

 

En noviembre de 1092 Abú Isa Lubbun cedió el castillo de Murviedro a Abd al-Malik Ibn Hudayl de Albarracín[9], como único modo de negarse a cumplir la orden del Cid dirigida a los alcaides de los castillos dependientes de Valencia de abastecer a las tropas cristianas que marchaban hacia la ciudad del Turia.

 

El rey de Santa María de Levante se apresuró a tomar posesión del castillo y seguidamente, para no despertar la ira del Cid, fue a prestarle vasallaje por el dicho castillo. Abd al-Malik se comprometió a abastecer al ejército del Campeador y a comprar el botín que el Cid ofreciera.  Después regresó junto con Ibn Lubbun y su familia a su castillo de la Serranía, donde éstos fueron alojados, aunque no tan espléndidamente como debían haber acordado ambos, según se desprende de los versos que Ibn Lubbun escribió durante su estancia en Santa María.

El de Vivar concedió tregua tras tregua a los habitantes de Murviedro, hasta que el 24 de junio de 1098 entró en la fortaleza, a cuyos pobladores expulsó sin que estos hubieran recibido ayuda alguna de su señor.

 

Se ignoran las fechas del  nacimiento y muerte de Ibn Lubbún, aunque su tiempo y su poesía pueden corresponder a los de la Escuela Valenciana de Ibn Jafaya del que hablaremos enseguida.

 

La muwaxaha[10] de Ibn Lubbún que se conoce tiene por tema el amor: el poeta enamorado de una esclava se humilla ante ella.

En el libro Poesía y Arte de los Árabes de España y Sicilia de Federico de Shack aparece citado como ejemplo de composición popular junto a otras composiciones cultas.

 

Josep Piera[11] ha traducido al valenciano dos: una es un poema báquico y otra es un fragmento de una elegía amorosa.

 

Seguiu-me al desert, amics, per tal de veure en l’arena

les pedres enderrocades de la llar de l’estimada.

Vull recordar nits de joia i plànyer el temps que fuig.

La meua vida, aleshores, era un vell esclat de brots

als jardins on ella em duia el rec lluent dels seus ulls.

On s’han amagat els astres que prop meu abans lluïen?

On les nits que vora tu l’albada venia alegre?

Quin goig quan tu m’oferies aquell got de vi d’or,

que en flama viva em cremava com flama de garrofer

 

Asimismo, Labarta et al (2011) en Valencià àrab en prosa i vers lo citan. Tenemos, entre otras, varias poesías haciendo referencia al vino… y por eso está aquí…

 

 

Alça’t company, fes-me rondar el vi! No veus com ratlles de color les flores del jardí?]

Creuries la seua rosa estimat envanit i enmaorat exhaurit el seu narcís;

La flor de magrana, sang de morts en combats; el llesamí, bombolla d’aigua que sura.]

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Quina nit! N’hi hem begut de pur i de roig, d’un color que trau les penes

Veies papallones caure als gots com si haguessen vist llums
——————————————————-

 

He desobeït al censor en buere vi i amb gaseles anar

Digues-li al censor:

Ignorant! Deixa

qui no es queda

sense amor, mentre sia viu, com els nobles fan.

Em captivà un cabirol

prim de ventre

que sembla quan va

branca a la duna,i a sobre una cara, com la plena luna.

Estimat altiu

amb els qui l’estimen.

Quan he sofert per ell!

Si guardés, l’obligació, i em donés, almenys el salut!

Com se’n va aquest

sense sentir

el que tinc al cor

per ell d’amor?, M’han atacat, el soldats de la mort.

No oblide el temps

quan cantà un

dels bells xics:

“Mare! Aquest noi, ha de ser tot meu, licit o prohibit”

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Amic meu! Para amb mi al desert, potser no s’han alterat els senyals de la llar.

Pregunta per una nit que s’emportà el nostre goig i plora diea que passaren i fugieren,]

nits meues quan el temps era plàcid i es vanava la verda branca de la vida,

quan em servia el vi la mà d’un esvelt, m’el passava de vesprada o de matinada.

Hi abraçava una branca que suaument s’agitava i besava la lluna plena que sorgia il.luminada.]

Mans protectores, compavelló, ens cobrien; passà el destí apartant de nosaltres sa mà.]

Quina diversió volies? Quina broma? Quina boca on collir dolç i alegre?

Quin llaüt que et cantés eloqüent «el renaix el desig després d’haver minvat?

 

 

 

[1] Muladí  puede designar a tres grupos sociales presentes en la Península Ibérica durante la Edad Media:

  • Cristiano que abandonaba el Cristianismo, se convertía al Islam y vivía entre musulmanes. Se diferenciaba del mozárabe en que este último conservaba su religión cristiana en áreas de dominio musulmán.
  • Hijo de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana.
  • Población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de Al-Ándalus.

[2] Un alfaquí es un experto en el fiqh (jurisprudencia islámica).

Según la Real Academia Española, alfaquí significa entre los musulmanes, doctor o sabio de la ley, aunque ley no tiene un significado tan preciso como jurisprudencia para traducir la voz árabe fiqhFiqhsignifica literalmente “entendimiento” y en su sentido islámico jurisprudencia, ya que la comprensión del Corán y la Sunna servía para determinar las decisiones legales.

Un alfaquí es un experto en una de las escuelas tradicionales del fiqh, llamadas madhabs. En el Islam sunní, existen las escuelas Hanafí, Hanbalí, Malikí y Shafi’í. El alfaquí es un maestro en la metodología (usul) utilizada por una o más de estas escuelas, y es capaz de aplicarla para llegar a las decisiones tradicionales de su respectiva escuela.

[3] Cadí es un gobernante juez de los territorios musulmanes, que reparte las resoluciones judiciales en acuerdo con la ley religiosa islámica (la sharia). La palabra cadí significa juzgar o magistrado. De acuerdo con el derecho musulmán, los cadíes deben basar sus sentencias en la ijma, aconsejados por losulemas.

Si las sentencias no parecen conformes al Derecho, se las somete al mufti, que pronuncia en último recurso.

Del cadí se espera el máximo ejemplo de moral y buenas costumbres, al igual que un amplio conocimiento y comprensión del Derecho y del Corán. Debe dar con su conducta muestras de valor y ecuanimidad, así como firmeza en sus decisiones.

El nombramiento de los cadíes era una prerrogativa exclusiva de los soberanos, que los nombraban al igual que a sus visires y secretarios. Su cargo revestía gran dignidad y se sabe de su importancia dentro de la sociedad andalusí. De hecho, los cadíes se convirtieron en los virtuales censores de las máximas autoridades y en el único freno con que contaba el pueblo frente a las arbitrariedades de sus gobernantes. Su poder era indiscutible, y la sencillez de costumbres, la modestia y su incorruptibilidad eran condiciones ampliamente reconocidas. Los cadíes contaban con gran respeto entre la población, ya que eran los encargados de mantener el orden e impartir justicia, y el monarca pocas veces se atrevía a quebrar sus sentencias.

El cargo estaba limitado por la potestad del soberano de turno, que podía solicitar la renuncia. Era justamente ése el medio por el cual un cadí dejaba su cargo: nunca el emir o califa echaba a sus jueces, sino que eran éstos quienes se apartaban de su magistratura. Tal era la condición de respetabilidad y jerarquía de un juez que pocas veces los monarcas se atrevieron a quebrantar esta norma.

[4] Al-Mamún de Toledo(1037 – 1075), fue rey de la Taifa de Toledo entre 1043 y 1075. Pertenecía a la dinastía Banu Di-l-Nun.

En 1062 juró vasallaje al rey Fernando I de León, lo que no evitó que prestara apoyo militar a su yerno, Abd al-Aziz ibn Amir de Valencia, cuando el rey leonés sitió la ciudad. Cuando Fernando I se vio obligado a levantar el sitio al caer enfermo, Al-Mamún aprovechó la coyuntura para hacerse con la taifa de Valencia, que desde entonces pasó a formar parte de la taifa toledana.

También intentó hacerse con la taifa de Córdoba en 1069, aunque fracasó al recibir la antigua capital califal la ayuda del rey de la taifa de Sevilla, Al-Mutamid.

En 1072 acogió en la corte toledana a Alfonso VI cuando éste perdió el trono leonés a manos de su hermano Sancho II. Se inició entonces entre ambos una gran amistad y Al-Mamún sería, desde entonces y hasta su muerte, aliado de Alfonso VI en todas las operaciones militares que llevó a cabo el rey leonés.

Estuvo casado con Zaida que posteriormente se convertiría al cristianismo y se casaría con Alfonso VI, de cuya unión nacería Sancho, el único hijo varón que tuvo el Rey pero que no llegaría a reinar debido a su muerte en la batalla de Uclés.

En 1074 logró conquistar Córdoba, ciudad donde fallecería envenenado en 1075.

[5] Al Qádir fue rey de la Taifa de Toledo entre 1075 y 1085 y de la de Valencia desde 1086 hasta su muerte. Sucedió en el trono a su abuelo Al-Mamún cuando éste murió asesinado en 1075. En 1079 las revueltas en la taifa toledana y el acoso que sufría por parte del rey de la taifa de Badajoz, Al-Mutawakkil, que tomó la ciudad, le hicieron huir y solicitar la ayuda del rey leonés Alfonso VI quien acudió en su auxilio y aprovechó para hacerse con la ciudad el 25 de mayo de 1085, mientras que a Al-Qádir se había reservado el trono de la taifa de Valencia, aunque tuvo que enfrentarse a las ambiciones del rey de la taifa de Zaragoza Al-Mutamin, por lo que Alfonso VI envió tropas al mando de Álvar Fáñez para protegerle. Sin embargo este apoyo duraría poco, pues en 1086 Alfonso VI requeriría a su vasallo para enfrentarse a los almorávides en la batalla de Sagrajas y otras misiones contra el nuevo poder norteafricano, por lo que la zona levantina pasó a conformarse como un conglomerado de alcaides sin que hubiera un poder fuerte que pudiera imponerse en la zona, circunstancia que aprovecharía Rodrigo Díaz el Campeador para hacerse con el control de la zona.

A partir de 1090, el Cid se hizo con el protectorado de todo Levante incluida Valencia actuando por cuenta propia. Al-Qádir pagaba impuestos al noble castellano, quien usurpaba así los pagos que antes pertenecieron a Alfonso VI. Fue entonces cuando los almorávides comenzaron a ocupar al-Ándalus en detrimento de los reyes taifas. Ante dicha amenaza y una prolongada ausencia del Cid, que en 1091 emprendió una campaña contra las tierras del conde de Nájera García Ordóñez, invadiendo el reino de Alfonso VI actuando con base en la Taifa de Zaragoza, el Campeador perdió su influencia y muchos valencianos abogaron por entregar la ciudad a los almorávides. En 1092, una revuelta popular instigada por el cadí Ibn Yahhaf con apoyo de la facción proalmorávide depuso a Al-Qádir y lo ejecutó el 28 de octubre de aquel año.

[6] Ibn al – Jatib nació en Loja (Granada) en 1313. Es uno de los autores más biografiados por la historiografía moderna y contemporánea. Originario de una familia de ascendencia cordobesa, recibió su primera educación de la mano y el conocimiento de su padre y de otros eruditos de la época, haciendo el tradicional aprendizaje primario, compuesto de la enseñanza de las ciencias del Islam, gramática, poesía y ciencias naturales.

Ya en Granada, ciudad a la que se trasladaron sus padres, Ibn Al Jatib (el hijo del predicador) hizo sus estudios bajo la dirección de sus más importantes educadores, cultivando las ciencias filosóficas y adquiriendo importantes conocimientos en medicina. Gran aficionado a las letras, nuestro personaje desarrollaría una excelente habilidad literaria, evidenciando grandes dotes como poeta y epistológrafo.

A pesar de su temprana relación con la corte nasrí, no es posible afirmar que hubiese entrado oficialmente en ella hasta que ocupara el trono Yusuf I. A la muerte de su padre en 1340, Ibn Al Jatib, ocuparía el cargo de secretario en el departamento de correspondencia.

El ascenso de Ibn Al Yayyab, su principal mentor, hasta el visirato propiciaría el paralelo ascenso de Ibn Al Jatib; y más aún, la muerte de aquel, acaecida en 1349, permitiría que recibiera de Yusuf I el importante cargo de Jefe de la Secretaría real, dignidad a la que unió la de ministro y el mando militar, entre otras varias responsabilidades. Así pues, Ibn Al Jatib, con poderes y confianza sin límites, y gracias a su extraordinaria capacidad de trabajo intelectual y político, y a su cada vez más sólida situación económica, acrecentaría sin freno su prestigio personal.

Con la proclamación del nuevo monarca Muhammad V, Ibn Al Jatib viviría un tiempo en compás de espera como lugarteniente del liberto Ridwan, autentico hombre fuerte de la corte en aquel momento. Entonces tendría tiempo para demostrar sus grandes cualidades para la diplomacia, trasladándose a la corte merinida de Abu Inan, para solicitar el apoyo de este príncipe contra las armas extranjeras de los castellano-leoneses. Ibn al-Jatíb se presentó en dicha audiencia regia, adelantándose a los visires y jurisconsultos que formaban parte de la embajada, y dirigiéndose al propio Abu Inan solicitaría permiso para recitar, de forma literaria, su misión, antes de entrar a parlamentar. El príncipe accedió a ello, y encontrando muy hermosas sus palabras. A continuación colmaría de mercedes e infinidad de regalos a los miembros de la embajada y, antes de despedirlos, les concedió cuanto solicitaron.

Merced a estas habilidades no tardó Ibn Al Jatib en ganar el título político de doble visir que tradicionalmente se concedía a los visires con poderes ejecutivos. Su influencia en la corte y su riqueza provocarían la envidia de los cortesanos, hasta que uno de sus discípulos, el poeta Ibn Zamrak, de la escuela maliquí, conspirara contra él, acusándole de deslealtad al Islam, debido a los postulados sufistas que profesaba.

Fue exiliado a Fez, en donde disfrutaría de un tiempo de vida especialmente agradable bajo la protección del rey merinida, coincidiendo en el tiempo con el destronado Muhammad V. Durante este periodo Ibn Al Jatib también residiría en la ciudad de Sale, hasta el año 1362, en que Muhammad V recuperara nuevamente el trono de Granada, reclamando su regreso para reponerlo en el puesto que había ocupado hasta el exilio.

Ibn Al Jatib había quedado marcado por la desconfianza, a pesar de recobrar altas dignidades y poderes; tantos y tan grandes, que los familiares del príncipe y otros cortesanos comenzaron a levantar contra él todo género de intrigas y calumnias, fundamentalmente referidas a su concepción materialista de la vida. Ibn Al Jatib, advertido de las conspiraciones que se urdían contra él, llegaría a concebir la idea de abandonar la corte andalusí en busca de seguridad, y bajo la excusa de encabezar una misión para inspeccionar las fortalezas que cubrían la parte occidental del reino andaluz de Granada, huye camino de Tremecén en el 1371-1372, buscando la protección del sultán Abd Al Aziz.

En el año 1372, muerto Abd Al Aziz, los meriníes dejarían la ciudad de Tremecén, regresando al Magreb, cosa que también haría Ibn Al Jatib, que se estableció en Fez, rodeándose de numerosas propiedades, tierras y excelentes casas con hermosos jardines. Pero todos los enemigos no habían se quedado en Granada; el ministro Sulayman Ibn Dawud guardaba también sus cuentas pendientes, e Ibn Al Jatib fue arrestado. Acusado de heterodoxia por los dignatarios granadinos –sus antiguos alumnos y amigos- fue sometido a tortura y encarcelado.

Por órdenes secretas del ministro Abd Al Aziz, y aprovechando la noche, una gavilla de gente asalariada, a la cual se unieron los enviados andaluces, forzaron las puertas de la prisión y estrangularon a Ibn Al Jatib. Al día siguiente se le enterró en el cementerio de la Puerta de Mahruk, y un día más tarde su cadáver aparecería exhumado y quemado al borde de la fosa.

Durante los días de su prisión, el desventurado lbn Al Jatib se preparaba para bien morir: aún tuvo el valor suficiente para coordinar sus ideas y componer muchas elegías sobre el triste fin que le esperaba.

Tan trágico fin tuvo Ibn al-Jatib, cuya privilegiada naturaleza y su incansable actividad se entreveró de forma solicitada por dos fuerzas distintas que tiraban de él a la par: los ideales políticos, con sus luchas despiadadas, y los dulces goces en el cultivo de las letras.

Murió en 1374

[7] Segundo soberano de la taifa de Albarracín, entre 1045 y 1103, con el título de Husam al-Dawla (Sable del Estado). Fue muy criticado por Ibn Hayyan, historiador contemporáneo suyo, aunque Ibn Jaqan le pondera con ditirambos. Pero su tiempo, al volcar el siglo XI con la decadencia de las taifas, no le permite ya la altiva independencia de los Banu Razin, sus antepasados. En 1085, después que Alfonso VI  tomara Toledo, sintiendo el peligro cerca le envió sumiso sus felicitaciones por la conquista. En 1089 tributaba al Cid diez mil dinares, pero cuando lo vio lejos sitiando Valencia, dejó de pagárselos, intentando aliarse con el rey de Aragón; éste avisó al Cid, antes de agosto de 1093, quien vino a atacarle y le redujo otra vez. Pero cuando Rodrigo ganó Valencia, el señor de Albarracín se alió con los almorávides y a su lado peleó en la batalla del Cuarte, abandonando el sitio en vergonzosa fuga. Murió en la Sahla el 18 de mayo de 1103.

[8] Mugdir, Rey de la taifa de Tortosa nacido en fecha desconocida y muerto en 1090. Su nombre completo fue Mugdir Imad al-Dawla Su gobierno se desarrollo desde 1081 hasta su muerte. Miembro de la familia de los Banu Hud, hijo de al-Muqtadir rey de la taifa de Zaragoza, gobernó también las taifas de Lérida, Monzón y Denia.

En 1081, al-Muqtadir sufrió una enfermedad que lo dejo postrado y le impidió ejercer las labores de gobierno lo que propició que su reino, uno de las más grandes de la península, fuese dividido en dos; su hijo Yusuf al-Mutamin pasó a gobernar Zaragoza, Tudela, Huesca y Calatayud; y Mugdir se hizo con el gobierno de la parte oriental del reino, compuesto por Denia, Lérida, Monzón y Tortosa. De forma nominal al-Muqtadir continuó ejerciendo el poder hasta su muerte en 1082 momento en el cual el gobierno pasó a sus dos hijos.

Mugdir sufrió durante todo su reinado el acoso de su hermano Yusuf al-Mutamin, que contó con el apoyo del Cid para intentar arrebatarle sus territorios, en opinión de Yusuf, Denia, Lérida, Monzón y Tortosa le pertenecían por derecho, al ser el hijo primogénito de al-Muqtadir. A pesar de esta tremenda presión Mugdir contó con el apoyo inesperado del rey de Aragón, Sancho Ramírez I(1063-1094), que logró grandes avances en la Marca Superior, y arrebató importantes territorios al rey de Zaragoza, con lo que amplió las fronteras del reino cristiano que habían permanecido inalteradas desde tiempos de Sancho III el Mayor.

A su muerte en 1085 Yusuf al-Mutamin no había conseguido unificar el antiguo reino de su padre, y Mugdir aprovecho la minoría de edad de su sobrino Ahmed al-Mustasin II, heredero del reino de Zaragoza, para consolidar el poder en sus reinos.

A la muerte de Mugdir en 1090, le sucedió su hijo Sulaymán Sayyid, el cual era todavía menor de edad. Esta situación fue aprovechada por la familia de los Banu Betyr para hacerse con el poder de los distintos reinos.

[9] Segundo rey de la taifa de Albarracín, nacido hacia 1025 y muerto en la fortaleza de Santa María de Aben Razín el lunes 18 de mayo de 1103. Fue un monarca que se inclinó siempre a las fuerzas superiores, primero a los cristianos y después a los almorávides, intentando en todo momento conservar su territorio, en una época en la que el resto de las taifas eran anexionadas por unos o por otros.

Hijo de Hudayl Ibn Jalaf, que había hecho de Santa María de Levante un reino independiente, heredó sus posesiones en la Shala a la muerte de Hudayl, hacia 1045. Es esta una época en la que se fraguó un nuevo orden en España, tendente por una parte a consolidar la autonomía de las taifas, en las que empezaba a reinar una segunda generación de soberanos, y por otra al fortalecimiento de los estados cristianos, que se unieron para llevar a cabo una ofensiva de gran envergadura. En este contexto, Abd al-Malik no pudo aislarse en su reino como hiciera su padre, y se vio, en cambio, envuelto en las circunstancias que marcaron el destino de las restantes taifas de Levante, es decir someterse a las parias impuestas por los estados cristianos, como único medio de supervivencia política.

[10] La moaxaja (adornado con un cinturón de doble vuelta asegurado) es una composición poética culta propia de la España musulmana y España Gregoriana.

Aunque las primeras referencias escritas a ella se remontan al siglo IX, se cree que existía desde antes. También se encuentra transcrita al castellano como muaxaha, muwasahas, muassaha, etc. Fue imitada por los poetas judeoespañoles.

Este tipo de poema en lengua árabe es muy diferente de la qasida, el poema compuesto de versos largos monorrimos emparejados más arraigado en la cultura árabe. Existían desde temprano, en circulación, en la España musulmana unas “cancioncillas” de las que al-Tifasi, en el siglo XIII hablaba en estos términos: En lo antiguo, las canciones de la gente del Al-Andalus o eran por el estilo de los cristianos o eran por el estilo de los camelleros, (árabes).

A finales del siglo IX un poeta árabe que nos es desconocido glosó algunas de estas canciones en un poema árabe al que llamó moaxaja, dándole una estructura estrófica. Esto supuso una novedad radical en la lírica árabe. Su novedad radica en tres aspectos: el uso de versos cortos, las rimas cambiantes en cada estrofa y la mezcla de dos lenguas. Condicionada por la jarcha, consta de una cabeza (markaz en árabe), mudanzas (dyuz), vuelta (gulf), mudanzas y vuelta con jarcha.

También existen referencias a la moaxaja procedentes del siglo XI que mencionan a un poeta conocido oriundo de Cabra (Córdoba) en los siglos IX y comienzos del X llamado Muqaddan Ibn Muafa, Al Cabri,del que se decía que había inventado este género poético.

Fragmento de una muaxaha traducida:

Cual tímido ciervo

mi amada es bella.

Sus hermosos ojos

robó a la gacela.

Duna es luminosa

con palma de perlas.

Este género poético fue perfeccionándose e incluso se llegó a exportar a otras áreas del Islam. Posteriormente, sufrió la decadencia. Se dieron diversas variantes:

  • moaxajas con jarcha en árabe dialectal, en árabe clásico, en hebreo o en romance. La jarcha era un grupo de versos colocados en rondón al final de la composición, posiblemente predecesora del estribillo.
  • moaxajas en árabe oriental.
  • el zéjel, cultivado en especial por el conocido poeta Ibn Quzman, (o Ibn Guzmán, 1078-1160). En este género las palabras o frases en romances no aparecían al final del poema, sino en medio de él. Este poeta compuso un cancionero que nos ha llegado y fue publicado en Madrid en 1933 por A. Nykl (El cancionero de Abén Guzmán).

[11] Josep Piera i Rubió (Beniopa, Gandía, Valencia, España; 30 de mayo de 1947) es un poeta y escritor español en catalán. Licenciado en Magisterio, se inició en la litreratura participando en el colectivo Carn fresca, de jóvenes poetas valencianos. Se integraría de lleno en la que se va a denominar Generación del 70. Su primera obra en prosa, Rondalla del retorn, (1977), ganó el premio Andròmina. Después siguieron otros reconocimientos como el Premio Carles Riba o el Josep Pla. En 1991, la Generalidad de Cataluña le concedió el Premio Cruz de San Jorge. La crítica destaca en él una narrativa intimista que lo ha llevado hacia la denominada literatura del yo. La inspiración para su obra vendría de los numerosos viajes por el Mediterráneo y de los paisajes de La Drova (a Bárig), donde veraneaba de pequeño y donde se instaló a partir de 1974.

Ha traducido autores del árabe (Ibn Khajafa) y del italiano (Sandro Penna). Sobre otras actividades, ha dirigido el Any del Tirant (la commemoración de los 500 años de la aparición de Tirante el Blanco) y la editorial Tres i Quatre.


Martes, 28 de julio de 2015 Dejar un comentario Ir a comentarios
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