Omar Khayyam


Este autor es más conocido. En la Persia del siglo XI encontramos al poeta, filósofo, matemático y astrónomo Khayyam que, en sus célebres cuartetas (Rubaiyyat), canta simultáneamente al vino[1] y al instante. Omar Khayyam[2], en las Rubaiyyat, exalta el vino y lo dimensiona en la cultura árabe.

 

La fama de Khayyam en Occidente se debe fundamentalmente a esta colección de cuartetos, losRubaiyyat, cuya autoría se le atribuye y que fueron versionados en 1859 por el poeta británico Edward FitzGerald[3].

Si en Occidente Omar Khayyam tan sólo es conocido como poeta, Oriente, en cambio, lo conoció casi exclusivamente durante toda la Edad Media como astrónomo, matemático y filósofo. En el ámbito de las matemáticas estudió las ecuaciones cúbicas proporcionando una solución geométrica para algunas de ellas, e intentó clasificar ecuaciones de diversos grados según el número de términos que aquéllas contuvieran.

 

Sólo a partir de mediados del siglo XIX, desde que la traducción de Edward Fitzgerald de las Rubaiyyatdio celebridad a su nombre en Europa y en América, empezó también a ser estudiado y admirado como poeta por el Oriente persa y árabe.

 

Rubaiyat no es el nombre de una obra sino de una forma métrica (en singular, rubai, que puede traducirse como cuarteto). Tal estrofa, formada por cuatro versos con el esquema de rima A-A-B-A, era extraña a la poesía árabe clásica, y fue usada sobre todo en la persa. Se encuentran cuartetos designados con el vocablo árabe rubaiyyat desde los comienzos de la lírica persa, en el siglo X; los vemos después atribuidos a muchísimos poetas, y aun a hombres de ciencia, como Avicena[4].

Ahora bien, las Rubaiyyat por antonomasia son los atribuidos a Omar Khayyam. Si bien es cierto que algunos investigadores sostienen que Khayyam nunca hizo poesía y que los Rubaiyyat se le han atribuido por su fama y erudición. Ciertamente, el número de poemas atribuidos a Omar Khayyam es excesivo (entre quinientos y un millar), y es probable que tan sólo alrededor de unos doscientos sean suyos.

 

Estas breves composiciones tienen su origen en la literatura persa preislámica, y suelen condensar en sus versos una descripción ambiental y un pensamiento.

 

En cualquier caso, en los poemas de Khayyam, escritos con un magistral poder de síntesis, el poeta canta aparentemente a los goces del vino y el amor como refugio a la transitoriedad de la vida.  Sin embargo, bajo ello subyace una profunda y a menudo pesimista reflexión sobre la naturaleza del universo, el paso inexorable del tiempo y la relación del hombre con Dios.

 

Las Rubaiyyat constituyen una alabanza al brindis, una enorme plegaria fragmentada en estrofas que remiten a la celebración del vino y del goce del instante, frente a la finitud de la vida.

 

Este libro contiene un profundo sentido humano que canta los deleites del amor y los goces de la vida que con las transposiciones de amargura y optimismo, conforman el carácter del individuo acentuado en su realidad.

 

El autor defiende que la vida exige al hombre duros sacrificios porque es esclavo de sus propios prejuicios. Entre tantos absurdos, el hombre no disfruta de su efímera existencia. Por lo tanto, pretende convencer al hombre de que está equivocado y lo invita a que se desnude de dogmas y doctrinas para que aproveche de los valores tangibles de la naturaleza.

 

La fisonomía del poeta que estos versos traslucen es inequívoca, orientada hacia un amable goce de las efímeras alegrías de la vida y hacia un íntimo y amargo escepticismo sobre las posibilidades del hombre para alcanzar las verdades supremas, estado de ánimo que continúa toda una tradición de poesía escéptica oriental que se remonta ya a Avicena.

 

La vida de Khayyam transcurre entre la meditación, el estudio, la escritura, las mujeres y el vino, (Rubaiyyat 23):

 

Lo mejor es que abandones tus estudios y rezos.

Abrázate a una novia que despierte en ti el éxtasis.

Escancia en tu copa la sangre de los racimos

Antes de que las horas derramen la tuya

 

El vino permite una liberación transitoria de la conciencia y por eso permite el aprovechamiento pleno del presente. El concepto del carpe diem[5] encuentra en Khayyam uno de sus máximos seguidores, pues se sabe mortal y perecedero, lastrado por el pensamiento y alado por el vino tinto.

La experiencia reflexiva de Khayyam es dolorosa, como la de Wittgenstein[6] y tantos otros a los que pensar les duele pero no pueden evitar el pensar. En Khayyam, el vino surge como una válvula de escape ante ese dolor (Rubaiyyat 138):

 

¿Hasta cuando te adorarás a ti mismo

Y gastarás tus horas persiguiendo el orígen del Ser y la Nada?

Bebe vino. Esta vida a la que sigue la muerte,

es mejor que la pases ebrio o dormido.

 

Es aquí, en esta reiterada experiencia de una sabiduría que ha llegado a ser insoportable, en la que Nietzsche[7] basaba su diagnóstico del mundo griego. Los griegos conocieron los horrores de la existencia, la terrible sabiduría de Sileno[8] también cantada por Omar Khayyam (Rubaiyyat 70):

Nuestra cosecha en este mundo

es sufrir hasta el último instante.

¡Felices aquellos que parten pronto!

¡Más felices aquellos que no nacerán!

 

Para poder vivir con esos horrores…  los encubrieron, ocultándolos bajo el ropaje de sus fiestas y misterios; en un lugar donde el máximo dolor se fundía con el mayor gozo provocando el éxtasis.

 


[1] El vino es un elemento central en las cuartetas de Khayyam como bien lo atestigua su constante aparición en las Rubaiyyat 2 / 17 / 21 / 22 / 23 / 27 / 33 / 34 / 36 / 60 / 68 / 72 / 75 / 80 / 82 / 83 / 88 / 90 / 93 / 98 / 101 / 107 / 111 / 113 / 114 / 121 / 123 / 134 / 138 / 145 / 147 / 148 / 149.

[2] Nació en Nichapur, Persia, hacia el año 1040 de la era cristiana, y vivió cerca de ochenta años. Libertino, sibarita, ácido, místico y profeta, estudió Matemáticas y Astronomía, reformó el calendario musulmán, cultivó el Derecho y las Ciencias Naturales, pero todo le resultó insuficiente a la hora de resolver el misterio del Universo, las pasiones humanas y la existencia misma. Se educó en las ciencias en su nativa Nishapur y en Balkh. Posteriormente se instaló en Samarcanda, donde completó un importante tratado de álgebra. Bajo los auspicios del sultán de Seljuq, Malik-Shah, realizó observaciones astronómicas para la reforma del calendario, además de dirigir la construcción del observatorio de la ciudad de Isfahán. De nuevo en Nishapur, tras peregrinar a la Meca, se dedicó a la enseñanza y a la astrología.

[3] Edward FitzGerald (Bredfield, 31 de marzo de 1809 – Merton Rectory, Norfolk, 14 de junio de 1883) escritor, traductor e hispanista inglés.

Nació en Bredfield House, Suffolk. Su padre, John Purcell, asumió las armas y nombre en 1818 de la familia de su mujer, los FitzGeralds. Desde 1816 la familia se instaló en St Germain y París, pero en 1821 Edward marchó a la escuela en Bury St Edmunds. En 1826 llegó al Trinity College de Cambridge, y se unió al grupo denominado los Apóstoles de Cambridge. Conoció a William Makepeace Thackeray y William Hepworth Thompson, y mantuvo amistad con el poeta romántico Alfred Tennyson, también apóstol, alrededor de 1835. En 1830, FitzGerald estaba en París, pero en 1831 vivía en una granja de Naseby.

En 1853 entregó sus Six Dramas of Calderon, una traslación libre del dramaturgo áureo español. Luego se volvió a los estudios orientales y en 1856 publicó una hermosa, pero algo infiel traducción anónima versión de Sálamán y Absál de Jámi en verso miltoniano. En marzo de 1857, Cowell descubrió un manuscrito con las cuartetas del poeta ateo y matemático persa Omar Khayyam en la biblioteca de la Asiatic Society de Calcuta, y envió una copia a FitzGerald, que la tradujo libremente. El 15 de enero de 1859 publicó anónimamente su traducción con el título The Rubaiyat of Omar Khayyam, y conoció un éxito impresionante, tanto que casi es conocido en la actualidad por esa famosa traducción; en vida de su autor se imprimió cinco veces más, con correcciones. Ya era sin embargo conocido como autor del diálogo filosófico Euphranor (1851) y de una Colección de apotegmas y de axiomas (1852). En 1889, W. Aldis Wright, su amigo y albacea literario, publicó sus Letters and Literary Remains en tres volúmenes. A esta obra siguió en 1895 sus Letters to Fanny Kemble, que le descubren como un gran escritor epistolar. Las Works of Edward FitzGerald aparecieron en 1887.

[4] Avicena fue un un médico y filósofo persa. Sus trabajos abarcaron todos los campos del saber científico y artístico de su tiempo, e influyeron en el pensamiento escolástico de la Europa medieval, especialmente en los franciscanos.

Educado por su padre en Bujara (pasó toda su vida en las regiones del centro y el este de Irán), a los diez años ya había memorizado el Corán y numerosos poemas árabes. Estudió medicina durante su adolescencia, hasta recibir, con sólo dieciocho años, la protección del príncipe Nuh ibn Mansur, lo cual le permitió entrar en contacto con la biblioteca de la corte samánida.

Su vida sufrió un brusco cambio con la muerte de su padre y la caída de la casa samánida por obra del caudillo turco Mahmud de Ghazna. Necesitó echar mano de su gran capacidad de concentración y de su enorme fuerza intelectual para continuar su extensa labor con una meritoria consistencia y continuidad.

Durante el siguiente período de su vida ejerció la medicina en diversas ciudades de la región de Jorasan, hasta recalar en la corte de los príncipes Buyid, en Qazvin. En estos lugares no encontró el soporte social y económico necesario para desarrollar su trabajo, por lo que se trasladó a Hamadan, ciudad gobernada por otro príncipe Buyid, Shams ad-Dawlah, bajo cuya protección llegó a ocupar el cargo de visir, lo que le valió no pocas enemistades que le obligaron a abandonar la ciudad tras la muerte del príncipe.

Fue en esta época cuando escribió sus dos obras más conocidas:

–          El Kitab ash-shifa’ es una extensa obra que versa sobre lógica, ciencias naturales (incluso psicología), el quadrivium (geometría, astronomía, aritmética y música) y sobre metafísica, en la que se reflejan profundas influencias aristotélicas y neoplatónicas.

–           El Al-Qanun fi at-tibb (canon de medicina) fue el libro de medicina más conocido de su tiempo. Es una compilación sistematizada de los conocimientos sobre fisiología adquiridos por médicos de Grecia y Roma, a los que se añadieron los aportados por antiguos eruditos árabes y, en menor medida, por sus propias innovaciones.

Por último se trasladó a la corte del príncipe ‘Ala ad-Dawlah, bajo cuya tutela trabajó el fin de sus días.

[5] Carpe diem es una locución latina que literalmente significa toma el día que quiere decir “aprovecha el momento”, en el sentido de no malgastarlo. Fue acuñada por el poeta romano Horacio (Odas, I, 11):

Carpe diem quam minimum credula postero

El adagio latino podría equivaler a sentencias en castellano como “o dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” o vive cada momento de tu vida como si fuese el último.

Es un tópico literario, o tema recurrente, en la literatura universal como exhortación a no dejar pasar el tiempo que se nos ha brindado y a disfrutar los placeres de la vida dejando a un lado el futuro, que es incierto. Cobra especial importancia en el Renacimiento, en el Barroco y en el Romanticismo.

Este tópico respecto a las diferentes épocas literarias ha ido variando en la forma de entenderlo. Durante el periodo de la Edad Media era entendido como: vive el momento porque vas a morir pronto. Posteriormente durante el Renacimiento, los ideales de belleza y perfección hicieron entenderlo de la siguiente forma: vive el momento porque vas a envejecer pronto. Finalmente en la época Barroca este tema se volvió a interpretar de la misma forma que en la Edad Media, pero con bastante más intensidad en cuanto a la muerte.

[6] Ludwig Wittgenstein (Viena, actual Austria, 1889-Cambridge, Reino Unido, 1951) Filósofo británico de origen austriaco. Hijo de un importante industrial del acero, estudió ingeniería en Berlín y en Manchester, donde trabajó como investigador en el campo de la aeronáutica durante tres años. Empezó entonces a interesarse por las matemáticas y sus fundamentos filosóficos, y se trasladó a Cambridge para estudiar lógica bajo la dirección de Bertrand Russell (1912-1913). En ese tiempo tomaron cuerpo las ideas que luego desarrolló en su Tractatus, obra que redactó durante la Primera Guerra Mundial, en la cual combatió como voluntario del ejército austriaco. Al reincorporarse a la vida civil, renunció a la fortuna heredada de su padre en favor de dos de sus hermanas.

Siguieron unos años de alejamiento de la filosofía durante los que fue maestro de escuela (1920-1926), para ocuparse luego como arquitecto del proyecto y la edificación de la residencia en Viena de una de sus hermanas. En 1929 regresó a Cambridge para dedicarse de nuevo a la filosofía, y ese mismo año obtuvo el doctorado tras presentar como tesis el Tractatus ante un tribunal formado por B. Russell y G. E. Moore (a quien Wittgenstein sucedió en la cátedra de filosofía diez años más tarde). En 1947 abandonó la enseñanza, insatisfecho con su labor como profesor y deseoso de pensar en soledad.

Su filosofía suele considerarse dividida en dos fases, la segunda de ellas caracterizada por una crítica radical de las tesis defendidas en la primera; existen, con todo, rasgos comunes a ambas, como el interés por analizar el lenguaje como método de reflexión filosófica.

El primer Wittgenstein está representado por el Tractatus, conjunto de aforismos escritos con un lenguaje bastante críptico, que, inspirados en el atomismo lógico de Russell, investigan las relaciones entre el lenguaje y el mundo; el lenguaje figura el mundo en la medida en que comparte con él la misma estructura lógica, la cual no puede ser dicha en el lenguaje, sino tan sólo mostrada, pues es la condición de posibilidad para decir cualquier cosa. Por otro lado, también es su límite, en la medida en que el lenguaje no puede sino figurar el Mundo y, por tanto, nada se puede decir sobre cuestiones éticas o estéticas, que, según considera el filósofo, son las verdaderamente importantes.

El segundo Wittgenstein, sin embargo, sometió a crítica el supuesto básico del Tractatus de que la lógica posee una relación privilegiada con la estructura del Mundo. Consideró que ésta correspondía tan sólo a uno de los posibles usos del lenguaje (en modo declarativo y descriptivo), pero que no tenía en cuenta la lista abierta de juegos de lenguaje, entre los que se podría contar el preguntar, el exclamar o el contar chistes. El significado de un término, además, no puede depender de una proyección mental, sino de su uso social, pues de otro modo no se entiende que sea comprendido por los demás.

Ambas precisiones muestran la nueva preocupación del autor por integrar el lenguaje en el complejo de la acción y de la sociedad, abandonando la idea de hallar un modelo ideal que no derivase en un reduccionismo. Wittgenstein fue una figura crucial en el desarrollo de la filosofía analítica posterior tanto por su influencia sobre algunos miembros del llamado Círculo de Viena -aunque él no fuera un positivista lógico- como por el magisterio que ejerció desde Cambridge, donde se desarrollaría la llamada filosofía del lenguaje ordinario.

[7] Friedrich Nietzsche.(Röcken, actual Alemania, 1844-Weimar, id., 1900) Filósofo alemán, nacionalizado suizo. Su abuelo y su padre fueron pastores protestantes, por lo que se educó en un ambiente religioso. Tras estudiar filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, a los veinticuatro años obtuvo la cátedra extraordinaria de la Universidad de Basilea; pocos años después, sin embargo, abandonó la docencia, decepcionado por el academicismo universitario. En su juventud fue amigo de Richard Wagner, por quien sentía una profunda admiración, aunque más tarde rompería su relación con él.

La vida del filósofo fue volviéndose cada vez más retirada y amarga a medida que avanzaba en edad y se intensificaban los síntomas de su enfermedad, la sífilis. En 1882 pretendió en matrimonio a la poetisa Lou Andreas Salomé, por quien fue rechazado, tras lo cual se recluyó definitivamente en su trabajo. Si bien en la actualidad se reconoce el valor de sus textos con independencia de su atormentada biografía, durante algún tiempo la crítica atribuyó el tono corrosivo de sus escritos a la enfermedad que padecía desde joven y que terminó por ocasionarle la locura.

Los últimos once años de su vida los pasó recluido, primero en un centro de Basilea y más tarde en otro de Naumburg, aunque hoy es evidente que su encierro fue provocado por el desconocimiento de la verdadera naturaleza de su dolencia. Tras su fallecimiento, su hermana manipuló sus escritos, aproximándolos al ideario del movimiento nazi, que no dudó en invocarlos como aval de su ideología; del conjunto de su obra se desprende, sin embargo, la distancia que lo separa de ellos.

Entre las divisiones que se han propuesto para las obras de Nietzsche, quizá la más sincrética sea la que distingue entre un primer período de crítica de la cultura y un segundo período de madurez en que sus obras adquieren un tono más metafísico, al tiempo que se vuelven más aforísticas y herméticas. Si el primer aspecto fue el que más impacto causó en su época, la interpretación posterior, a partir de Heidegger, se ha fijado, sobre todo, en sus últimas obras.

Como crítico de la cultura occidental, Nietzsche considera que su sentido ha sido siempre reprimir la vida (lo dionisíaco) en nombre del racionalismo y de la moral (lo apolíneo). La filosofía, que desde Platón ha transmitido la imagen de un mundo inalterable de esencias, y el Cristianismo, que propugna idéntico esencialismo moral, terminan por instaurar una sociedad del resentimiento, en la que el momento presente y la infinita variedad de la vida son anulados en nombre de una vida y un orden ultraterrenos, en los que el hombre alivia su angustia.

Su labor hermenéutica se orienta en este período a mostrar cómo detrás de la racionalidad y la moral occidentales se hallan siempre el prejuicio, el error o la mera sublimación de los impulsos vitales. Lamuerte de Dios que anuncia el filósofo deja al hombre sin la mezquina seguridad de un orden trascendente, y por tanto enfrentado a la lucha de distintas voluntades de poder como único motor y sentido de la existencia. El concepto de voluntad de poder, perteneciente ya a sus obras de madurez, debe interpretarse no tanto en un sentido biológico como hermenéutico: son las distintas versiones del mundo, o formas de vivirlo, las que se enfrentan, y si Nietzsche ataca la sociedad decadente de su tiempo y anuncia la llegada de un superhombre, no se trata de que éste posea en mayor grado la verdad sobre el mundo, sino que su forma de vivirlo contiene mayor valor y capacidad de riesgo.

Otra doctrina que ha dado lugar a numerosas interpretaciones es la del eterno retorno, según la cual la estructura del tiempo sería circular, de modo que cada momento debería repetirse eternamente. Aunque a menudo Nietzsche parece afirmar esta tesis en un sentido literal, ello sería contradictorio con el perspectivismo que domina su pensamiento, y resulta en cualquier caso más sugestivo interpretarlo como la idea regulativa en que debe basarse el superhombre para vivir su existencia de forma plena, sin subterfugios, e instalarse en el momento presente, puesto que si cada momento debe repetirse eternamente, su fin se encuentra tan sólo en sí mismo, y no en el futuro.

[8] En la mitología griega, Sileno era un viejo gordo y raro sátiro, dios menor de la embriaguez. Era el padre adoptivo, preceptor y leal compañero de Dioniso, el dios del vino, al tiempo que era descrito como el más viejo, sabio y borracho de sus seguidores. Su equivalente en la mitología romana era Silvano, cuyo nombre significa simplemente “de los bosques”, y en la mitología etrusca Selvans.

Sileno era conocido por sus excesos con el alcohol, pues su amor por el vino era su pasión. Por ello, solía estar borracho y tenía que ser sostenido por otros sátiros o llevado en burro. Sin embargo los de su raza no podían seguir bebiendo indefinidamente como habrían querido, pues eran mortales como se deduce de sus tumbas, halladas tanto en la tierra de los hebreos como en Pérgamo.

Se decía que cuando estaba ebrio Sileno poseía una sabiduría especial y el don de la profecía. El rey frigio Midas estaba ansioso por aprender de Sileno y capturó al anciano echando licor a una fuente de la que Sileno solía beber. Cuando cayó dormido, los sirvientes del rey le agarraron y llevaron a su señor. Sileno compartió con el rey una filosofía pesimista: que lo mejor para un hombre es no nacer, y que si nacía, debía morir lo más pronto posible.

Una versión alternativa cuenta que, tras la muerte de Orfeo, Dioniso marchó a Frigia (algunos dicen que de camino a la India) seguido de su habitual séquito de sátiros y ménades, del que formaba parte Sileno. Éste, abrumado por la vejez y el vino, terminó por perderse y fue capturado por campesinos, quienes le llevaron ante el rey Midas, quien ya le conocía y se alegró mucho al verlo, pues tenía así la ocasión de celebrar una alegre fiesta. Se cuenta que Sileno y el rey (que también tenía una gran experiencia con el vino) estuvieron diez días y diez noches de fiesta, tras los cuales el anciano fue devuelto a Dioniso. Éste concedió un deseo a Midas en agradecimiento a su hospitalidad hacia su padre adoptivo. El rey pidió entonces el don de transformar en oro todo lo que tocase. Otra historia es que Sileno había sido capturado por dos pastores, a los que obsequió con historias asombrosas.


Martes, 28 de julio de 2015 Dejar un comentario Ir a comentarios
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