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El champagne y La Champagne… San Remigio, Clodoveo…y Santa Clotilde, esa maravillosa unión entre la espada y la cruz. Primeras evidencias del cultivo de la vid en Champagne


En el capítulo anterior terminamos diciendo que hablaríamos de Clodoveo y de Remigio. Clodoveo es de la dinastía merovingia (nombre que viene de Merovech, su abuelo). Esta dinastía gobernará a los francos durante casi 250 años, hasta el 752. San Remigio, también conocido como Remi o Remy, fue obispo de Reims durante 74 años hasta el 533 D.C. La leyenda nos dice que sus milagros estuvieron vinculados al vino. En este capítulo veremos con detalle estos milagros.  En cualquier caso, fue él quien bautizó a Clodoveo.  Son dos personajes fundamentales en la historia de Reims y de Francia y merecen un capítulo para ellos solos. Vamos a ello… Además, tenemos que hablar de Santa Clotilde.

 

Cuentan que Clodoveo quería casarse con Clotilde… Clotilde fue canonizada entre el 550 y el 560.  Ésta le exigía convertirse al Cristianismo.  Dicen, además que, a menudo, animaba a Clodoveo a rezar a Dios y a abandonar sus creencias paganas. De hecho, dicen (Michel ROUCHE: Clovis: suivi de vingt et un documents traduits et commentés. Editions Fayard, Paris, 1996) que bautizó a sus primeros hijos sin decírselo a Clodoveo.

 

Ella, finalmente, consiguió su propósito al hacerle prometer que se convertiría si conseguía derrotar a sus enemigos y si unificaba la Galia. Clotilde se casó con Clovis en el 493 en Soissons.

 

Es necesario tener presente que estamos hablando de un tiempo en el que hay muy pocas fuentes escritas fables. La vida de Clotilde, como reina de los francos, a veces se menciona en detalle en una biografía de San Remigio escrita antes de que naciese San Gregorio de Tours (autor de Histoire des Francs), que vivió en la segunda mitad del siglo VI. San Gregorio cita frecuentemente esta biografía que es la principal fuente que se tiene hoy en día.  En cualquier caso, parece evidente que Clotilde era una protegida de San Remigio que, debió, además, de ser su consejero.

 

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Miniatura extraída de las Grandes Chroniques de France (siglo XIV), mostrando a Santa Clotilde rezando a San Martin.

 

Bien, lo de la conversión de Clodoveo, parecer ser, se produjo en la batalla de Tolbiac. Los historiadores, siguiendo a Gregorio de Tours, afirmaban que esta batalla tuvo lugar en el 496, pero las revisiones recientes la sitúan en el 506 (André VAN DE VYVER,  La victoire contre les Alamans et la conversion de Clovis, en Revue belge de philologie et d’histoire, nº 15-3-4, 1936, p. 859-914).

 

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La bataille de Tolbiac, Panthéon de Paris, Francia (Joseph Blanc, 1846-1904)

 

La leyenda cuenta que Clovis estaba perdiendo e invocaba a sus dioses. Pero, como no pasaba nada, invocó al Dios de Clotilde (Jesús) prometiendo que, si ganaba, se convertiría. Dios le dio la victoria, y Clovis se convirtió. Su bautismo es fundamental en la historia de Reims. También cuenta la leyenda que, en esa misma batalla, un ángel propuso a Clovis cambiar los tres sapos (símbolo pagano) que adornaban su escudo por tres flores de lirio de oro. Así, el lirio se convirtió en el emblema de la monarquía francesa hasta 1830.

 

Al conseguir la conquista de la Galia, Clodoveo cumplió su promesa.  Más allá de la promesa, es obvio que Clodoveo sabía que podía sacar provecho de su conversión al catolicismo. De hecho, podría atraerse la benevolencia de las poblaciones galorromanas, la mayoría de los cuales eran gobernadas por reyes arrianos. Sin embargo, Clodoveo vacilaba ya que  la mitad de su pueblo profesaba creencias paganas. Resulta también obvio que  la reina Clotilde pidió el apoyo del obispo Remigio, que influyó mucho en Clodoveo.

 

Así, en Reims, en la noche de Navidad 497 (o 498.499…  o en ¿¿??), Remigio bautizó a Clodoveo y a 3.000 de sus soldados.  Esto facilitó que la población galo-romana les diese la bienvenida, ya no los consideraba francos invasores, sino liberadores. La Iglesia, que era la más alta autoridad espiritual, también eligió el bando de los francos… la unión entre la espada y la cruz siempre ha beneficiado a ambas.

 

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 Escena mostrando  el bautismo de Clodoveo por San Remigio. Parte de un grabado en marfil con escenas de la vida del santo. (Último cuarto del siglo IX) Musée de Picardie (Amiens, France)

La leyenda también cuenta que había tanta gente que Remigio no podía alcanzar los óleos con los que debía ungir a los bautizados. Una paloma blanca apareció del cielo, cogiendo el recipiente con los oleos en sus garras y llevándoselo a Remigio que así pudo completar la ceremonia.

 

Siempre hay una paloma… De hecho, la blanca paloma, siempre ha sido uno de los ítems favoritos en todas las parafernalias mágicas desde los tiempos de Apolonio de Tyana hasta los de Houdini.. y todavía en nuestros días.  El moderno escepticismo tiende a sugerir que, tal vez, más que de los cielos, el pájaro viniese del palomar del obispo.

 

Este hecho tiene mucha importancia para los reyes franceses.  Los absolutistas basaban la afirmación de que eran reyes “por la gracia de Dios” en esta leyenda ya que decían que los óleos, en teoría, que aún se conservan en el museo que hay al lado de la Catedral de Reims, habían venido del Cielo.

 

Ahora bien, parece ser que este recipiente, la Sainte Ampoule, fue rota de forma solemne, algunos dicen que a golpe de martillo) durante la Revolución Francesa el 7 de octubre de 1793 en lo que hoy se llama Place Royale) por Philippe Rühl encima de lo que era el pedestal de la estatua de Luis XV … que había sido fundida para hacer cañones…

 

Se dice, lo cuenta Félix LACOINTA en Du Sacre des rois de France de son origine et de la Sainte Ampoule (ed.  Ballard, Paris, 1825) reproducción en facsímil, ed. Lacour, Nîmes, 2011) que uno de los testigos de la destrucción de la Sainte Ampoule afirmó que recibió algunas salpicaduras de aceite sagrado sobre su ropa. Otros también afirmaron haber recogido algunos fragmentos del envase roto. Por último, algunos señalaron que en la víspera de su destrucción, había tomado la precaución de salvar todo lo que pudo del bálsamo sagrado. Estos detalles (que todavía se están debatiendo hoy) son importantes. Diluido con aceite único, estas «huellas» habrían contribuido  a hacer más creíble la fabricación de una nueva cantidad de aceite sagrado para ser utilizado en las coronaciones posteriores.

 

Éste es el caso de Carlos X, coronado el  29 de mayo de 1825… último rey Borbón de Francia y el último que tuvo una ceremonia de coronación y hermano de Luís XVI (al que le cortaron la cabeza un lunes 21 de enero de 1793 en Paris, en la place de la Révolution, hoy  place de la Concorde). No deja de ser irónico que éste fuese el primer rey de Francia que no lo era por “la Gracia de Dios”… según la Constitución de Francia del 3 de septiembre de 1791. Tras él llegó la Primera República Francesa, que duró desde 1792 a 1804. Después, llegó el Primer Imperio con Napoleón…

 

La coronación de Carlos X tuvo lugar en Reims… como buen ultramonárquico que era. Su carácter llevó a Francia a la Revolución de 1830… que tuvo repercusión en toda Europa. En España coincidió con el final del reinado de Fernando VII y la Primera Guerra Carlista (1833-1840) aunque esto sí que es otra historia. Así que sigamos.

 

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Coronación de Carlos X (François Gérard, 1827) Musée des beaux-arts de Chartres

Para esta ocasión, la coronación de Carlos X, se realizó un nuevo relicario que puede verse en el Palais de Tau (al lado de la catedral) y que puede ver a continuación…  pero sigamos.

 

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La mayoría de los reyes de Francia, e incluso ahora los pretendientes al trono, han sido ungidos y coronados en Reims. Además, varias localidades del este de Francia hacen referencia a la Sainte Ampoule en sus blasones.  Si van a Reims, visiten la catedral… y no dejen de decirle al guía que el próximo rey de Francia es un español, Luís Alfonso de Borbón, pretendiente legitimista (corriente que apoya al restablecimiento del reinado de la Casa de Borbón en Francia) al trono de Francia. Está considerado por sus seguidores como el Rey Luis XX de Francia y Navarra… ¡¡verán qué cara pone el guía!!

 

Una última cosa curiosa,  de acuerdo con una tradición secular y que no tiene ninguna base en la fe católica, es que se suponía que los reyes de Francia podían curar la adenitis tuberculosa de los escrofulosos (las escrófulas son procesos infecciosos que afecta a los ganglios linfáticos) por el tacto, pronunciando la frase El rey te toca, Dios te sana. Desde 1722 y la coronación de Luis XV en Reims, la fórmula se convierte en el rey te toca, Dios te sane. El uso del subjuntivo entonces disminuye el impacto del poder del rey en la curación de los sujetos afectados.

 

El primero que menciona este “poder” es Guibert de Nogent, abad de Nogent-sous-Coucy en sus Des reliques des saints (1124). El tal Guibert afirma que él personalmente vio a Louis VI (que reinó entre 1108-1137) curar las escrófulas tocando a los enfermos y haciendo la señal de la cruz, milagro que él describe como «habitual». Añade, además, que el padre del rey Felipe I (que reinó entre 1060-1108) también tenía ese “poder”, pero que había perdido su don milagroso a causa de sus pecados, es decir, el doble adulterio con Bertrade Montfort, que dio lugar a su excomunión.  Si quieren saber más sobre esto, les invito al leer el libro Los Reyes Taumaturgos de March BLOCH.

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Enrique IV curando las escrófulas (André de Laurens, De strumis earum causis et curae, 1609)

Volviendo a Clodoveo y a San Remigio… Tras la ceremonia, hubo, obviamente, un gran banquete para celebrar el bautismo.  Clodoveo y los francos disfrutaron de los, al parecer fantásticos, vinos procedentes de los viñedos de Remigio.  Es probable que estos vinos fueran tintos. La leyenda también incide en que esos vinos fueron hechos por esclavos que Remigio tenía pero que éste los liberó en su testamento.

 

En cualquier caso, es a partir de este momento cuando se vinculan los vinos de la región de Champagne con la realeza… aunque falta mucho para que sean espumosos.

 

Los francos disfrutaban con el vino e incluso adoptaron la ley romana que prohibía a la gente dañar el viñedo del vecino.

 

En aquel entonces, otros tiempos más felices y tranquilos se recordaban en Reims. De hecho, cuando Clodoveo y su ejército de francos pasaron por Reims (por el camino que hasta hace poco aún se conocía como el Grande Barberie) dirigiéndose a la batalla frente a Afranio Siagrio en 486, hay evidencias de saqueo. Así, es conocida la desaparición de un famoso jarrón de oro que uno de los “seguidores” del aspirante a monarca sustrajo de la residencia del obispo. No tenemos ninguna duda de que el nuevo dueño “rellenaría” varias veces con vino de la zona ese jarrón.

 

La historia del jarrón de Soissons es uno de los mitos fundacionales de Francia. Según  Gregorio de Tours  en el libro II, capítulo 27 de la Histoire des Francs, parece ser que Remigio le pidió que el dichoso jarrón, que parece ser pertenecía a la catedral, no fuese parte del  botín de guerra y fuese restituido a la Iglesia.  Clodoveo, dicen, accedió.  Así, en el momento del reparto del botín, Clodoveo solicitó que, además de su parte del botín, se le diese el jarrón.

 

Cuentan que la tropa, en general estuvo conforme, excepto un soldado que rompió el jarrón con su hacha, añadiendo que Clodoveo sólo tendría lo que le correspondía.  Parece ser que esto no le sentó muy bien a Clodoveo.  El obispo debió regresar a Reims con los restos del jarrón.

 

Un año más tarde, mientras pasaba revista a sus soldados en el Campo de Marte, Clodoveo reconoció al soldado insolente. Le señaló que sus armas estaban sucias y las echó al suelo. Cuando el soldado se agachó para recogerlas, Clodoveo le partió la cabeza de un hachazo, a la vez que decía:

 

¡Esto mismo hiciste tú con el jarrón de Soissons!

 

Clodoveo restituyó el jarrón robado, e hizo un tratado con el obispo San Remigio (hijo de Emilio, el conde de Laon). Además, como ya hemos comentado, Clodoveo se convirtió al Cristianismo y aceptó el bautismo de mano del mismo Remigio.

 

A partir de ahí, las leyendas han ensalzado la piedad de la reina Clotilde, la capacidad de San Remigio, así como la pompa y ceremonia que marcaron el bautismo de Clodoveo en Reims en diciembre de 496 (ya hemos dicho que la fecha no está clara).

 

También es conocida, aunque menos, la jugada maestra del obispo al hacer adorar al aspirante a rey la cruz que él mismo había quemado y obligarle a quemar, a su vez, a los ídolos que había adorado hasta la fecha. Se cuenta la famosa frase con la que el obispo bautizó a Clodoveo:

 

Quítate los collares e inclina la cabeza, orgulloso Sicambre, baja humildemente tu cuello. Adora lo que quemaste y quema lo que adorabas.

Los sicambres eran un pueblo germánico. En la época, se designaba así a los francos.

 

Otra bella historia es la de la Sainte Ampoule, de la que ya hemos hablado.

 

Además, algunos los milagros que justifican la santidad de Remigio están vinculados al vino, tal y como muestra la representación que hay de uno de esos hechos en la fachada norte de la catedral de Reims. Veremos algunos con detalle más adelante.

 

Los viejos arquitectos monacales, también, mostraron su aprecio por la vid, introduciendo continuamente festones esculpidos con hojas de parra entremezcladas con racimos de uvas en las decoraciones de las iglesias que construían.

 

La iglesia de San Remigio, por ejemplo, que se empezó a construir a mediados del siglo VII, proporciona un ejemplo de esto en las molduras de su puerta principal; y la catedral de Reims ofrece varias muestras de un carácter similar.

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San Remigio llenando de vino un barril vacio. Catedral de Reims (puerta norte)

En cualquier caso, es obvio que el vino que fluyó libremente celebrando la conversión del rey de los francos debió ser ambrosía y que los feroces guerreros que acababan de conquistar Soissons y Tolbiac  saciaron su sed con el vino surgido de las vides en las colinas de los alrededores. Es sabido, de hecho, que el rey mismo se emborrachó, bien con una cuvée reserve surgida del viñedo que San Remigio había plantado en la finca familiar cerca de Laon, bien con la que su esclavo Melanio cultivaba para él solo fuera de los muros de Reims.

 

En medio de la anarquía y la confusión que marcó el débil reinado de la dinastía merovingia, encontramos una Francia a punto de caer en un estado de barbarie; y, aunque la Ley Sálica dictada por Clodoveo promulgase penas severas por arrancar cepas, es fácilmente entendible que la perspectiva de recibir en cualquier momento una orden de desalojo refrendada con la ayuda de un hacha de guerra no debe haber ayudado mucho a la idea de desarrollar proyectos de vitivinicultura duraderos.

 

Es cierto que la Iglesia y sus propiedades, entre las que estaban la mayor parte de las viñas de Reims y Epernay, estaban ligeramente más protegidos aunque, con cierta frecuencia, ni las amenazas de los obispos ni la promesa de la venganza de los santos pudo reprimir los actos de sacrilegio y pillaje.

 

San Remigio murió en 533. Sus reliquias se conservan en la Basílica de San Remigio y como ya hemos dicho, sus milagros están vinculados al vino.  Siguiendo al pie de la letra un texto de Hincmaro de Reims (arzobispo de Reims en la segunda mitad del siglo IX), Flodoardo (del que ya hemos hablado) cuenta el milagro del vino que Remigio, después de haberlo bendecido, dio a Clodoveo como promesa de victoria.

 

Cuenta que  Louis (nombre con el que se bautizó Clodoveo) se puso en marcha contra Gondebaud y son hermano Godégisile (príncipes burgundios). Tras haber recibido la bendición de San Remigio, quien le predijo la victoria, recibió, entre las instrucciones del obispo, la recomendación de combatir a los enemigos mientras que el vino bendecido fuera suficiente para satisfacer su abastecimiento diario.  Tras hacer huir a los burgundios y fundar en París la iglesia que hoy es la de Saint-Étienne-du-Mont, siguió el consejo de San Remigio, y marchó contra Alarico II (que era arrio). Del santo recibió, además de la bendición, la certeza de la victoria.  Del mismo modo que en ocasiones anteriores, el santo le dio un vaso lleno de vino bendecido y le recomendó, de nuevo, seguir luchando mientras el vaso le diese vino a él y a todos los que él quisiese dar.  El rey bebió, y varios de sus oficiales, sin que el vaso de vaciase. Luchó contra los godos y les hizo huir. Regresó victorioso y llegó de gloria y el vaso seguía lleno de vino.  Esto lo cuenta Flodoardo en su Historia Remensis Ecclesiae (escrita en la primera mitad del siglo X). El texto fue traducido varias veces al francés, la primera a principios del siglo XVII.

 

Este milagro está representado en la colección de tapices del siglo XVI sobre la vida de San Remigio ofrecidas al capítulo de la basílica de San Remigio por el arzobispo de Reims Robert de Lenoncourt y que se conservan en el musée Saint-Remi de Reims (del que ya hemos hablado).  En el tapiz se puede leer:

A Clovis côme il fult notoire,

Ung barril de vin prepara

Et luy dilt tu auras victoire

Autant que le vin durera.

 

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La salle des tapisseries. Musée Saint Remi (Reims)

 

En el mismo texto de Flodoardo aparece otro milagro vinculado al vino que precede al del vino bendecido y artífice de la victoria del rey. Una vez, en su soledad episcopal, Remigio estaba recorriendo el territorio de la misma. Por petición de su prima Celsa, virgen consagrada a Dios, fue al pueblo de Sault (tal vez Sault-Saint-Remy o Sault-les-Rethel, en Rethel) en el que vivía. Mientras que el obispo servía vino a su anfitriona, el intendente de Celsa vino a comunicarle que el vino se acababa.  Alegremente, el obispo intento consolarle y le preguntó si quedaba un poco de vino en alguno de los toneles. Le mostraron uno en el que quedaba un poco de vino. Remigio hizo la señal de la cruz, se arrodilló y rezó. En ese instante ¡¡milagro!! El vino rebosó el tonel y se derramó por el suelo. En cuanto su prima tuvo noticia del prodigio, donó sus posesiones en Sault a San Remigio y a su iglesia.

 

Este milagro también está representado en los tapices y también hay un texto:

Ung tonneau vuyde à sa parente

Il benit puis fut plein de vin

Par grâce de Dieu apparente

Faisant mainct ouvrage divin.

 

La misma escena fue esculpida en el siglo XIII en el tímpano de una de las puertas de la fachada norte de la catedral… ya lo hemos dicho y hemos puesto una imagen.  Asimismo, está representada en una vidriera del siglo XVI en la iglesia de Notre-Dame de Épernay.

 

Volviendo a hablar del tema que ocupa estás páginas, todos los milagros contados por Flodoardo no presuponen la existencia de una viticultura local en la época de San Remigio.  Es todo caso, además, de hacerlo, la situaría en un contexto legendario.

 

¿Qué debemos pensar, pues, de las viñas y de los viticultores que aparecen citados en el Testament de Saint-Rémi, le Grand Testament,  al que el mismo Flodoardo dedica un capítulo de la ya citada Historia de la Iglesia de Reims?

 

Del texto se deduce que San Remigio tenía tanto vino que no fue necesario que repitiese el milagro que hizo en casa de su prima.  También se deduce de esas últimas voluntades escritas durante su enfermedad en 530.  Sus posesiones, incluidas las vitícolas, fueron suficientes para contentar, incluso, a un obispo de las más plurales inclinaciones… Esto es lo que afirma el R. P. Dom Guillaume MARLOT en su Histoire de la ville, cité et université de Reims de 1845.

 

Lo cierto es que,  tras recordar que San Remigio hizo testamento en favor de la Iglesia de Reims, en el testamento referenciado por Flodoardo se dedican varías páginas a enumerar a beneficiarios individuales de dicho testamento. Así, por ejemplo, se cita una viña en las afueras de Reims que se reparten sacerdotes y diáconos junto al viticultor Melanio (siervo / esclavo de San Remigio) que la cultivaba.

 

Se citan algunas otras viñas. Así, se dice que deja en herencia al obispo Lobo el viñedo cultivado por Enias. A su sobrino Agrícola, el viñedo plantado por Melanio en Laon y el cultivado por Bebrimodo. A su sobrino Agatimero le deja el viñedo que plantó él mismo en Vindonisae… y así varios más.

 

También merece mención el hecho de que cite una localidad que será llamada a ser famosa en relación al vino de Champagne.  Habla de una viña en la ciudad de Sparnacus (Epernay).  Se refiere a un tal Eulogio, condenado a muerte por alta traición en 499 y que se salvó por la intercesión del obispo. El condenado había otorgado a su benefactor dicha viña  y éste la cedía a su vez a la iglesia de Reims.

 

También legó a esta iglesia fincas en los Vosgos y más allá del Rin, con la condición de que se proporcionase, cada año,  brea a los monasterios fundados por él, o sus predecesores, para arreglar las vasijas en las que guardaban el vino. Esto puede ser una evidencia de la permanencia de la Antigua costumbre romana de calafatear las vasijas usadas para guardar el vino… Un tema, el de las vasijas, que nos apasiona.

 

Lo fundamental, en lo que a nosotros respecta, es que es el primer texto que habla de la existencia de viñas en Champagne.

 

Claro que, la siguiente pregunta es ¿cuándo se redactó dicho testamento? San Remigio murió en la primera mitad del siglo VI. Sin embargo, para ciertos historiadores, su testamento es apócrifo, o, cuanto menos, fue objeto de varias modificaciones.  En cualquier caso, Hincmaro de Reims escribió en el siglo XI y Carlos el Calvo cita el testamento en una ordenanza de 846.

 

No deja de ser cierto que si bien el arzobispo de Reims, Hincmaro, fue el primero en poner por escrito la leyenda, la tomó, como lo cree March BLOCH en su obra Los Reyes Taumaturgos (que ya hemos citado), de tradiciones folclóricas de Reims.  Es evidente que adaptó esas tradiciones locales para que sirviese a las pretensiones de la Iglesia de Reims a la supremacía eclesiástica, y para confirmar, al modo carolingio, el control de la monarquía por parte de la Iglesia… de nuevo esa coalición entre la espada y la cruz que tantos mutuos beneficios ha reportado.

 

Esto nos permite afirmar que, cuanto menos, a partir del año 800, la viña estaba bien establecida y que ésta se habría propagado merced al desarrollo de la viticultura al amparo de nobles, sacerdotes y monasterios. Esto es algo en lo que están de acuerdo todos los autores.

 

Es muy interesante observar la conexión entre el desarrollo de la viticultura y el Cristianismo. Este vínculo es obvio si se tiene en cuenta que el vino es necesario para la celebración del más solemne sacramento de esta religión.

 

De todos es sabido que el Cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano en la primera década del siglo IV y que Teodosio prohibió el paganismo.  Es en esta época cuando encontramos evidencias de la expansión de la cultura de la viña por toda la Galia y a San Martín de Tours predicando el Evangelio y plantando un viñedo

 

Como curiosidad, diremos que, parece ser que, San Martín, cuya festividad se celebra el 11 de noviembre, introdujo la ceremonia del bautismo del mosto, que fue prohibida por considerarse una ceremonia pagana. La ceremonia transformaba un mosto impuro en un vino maduro a través de una bendición. Otra interesante leyenda dice que San Martín fue capaz de convertir el agua en vino.

 

La fiesta tiene un origen sin duda precristiano.  Una de las razones por las que este día está marcado como «Celebración del Vino», es que el Día de San Martín coincide aproximadamente con el momento a partir del cual el vino recién producido está listo para beber.

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El vino de la fiesta de San Martín.  de Pieter Brueghel el Viejo (1565-1568) Museo del Prado (Madrid)

 

En el próximo capítulo hablaremos más extensamente de esta relación entre los monjes y el vino.


Miércoles, 11 de enero de 2017 Dejar un comentario Ir a comentarios
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