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Abu Nuwas


Abu Nuwas es uno de los grandes poetas árabes del vino y del erotismo homosexual. Lo descubrimos a través de un delicioso libro de Jaume Ferrer Carmona y Anna Gil Bardají (editorial Cátedra) del año 2010, Cantar al vino, Abu Nuwás. Evidentemente está aquí citado por su relación con el vino.

Suyas son las palabras:

 

“Hombres, ¡a mí qué me importan

las espadas o los combates!

Yo sólo sigo a una estrella:

la del placer y la música.

En mí no confiéis,

pues soy de aquellos que rehúyen

encontronazos y embates.

Cuando veo el enemigo

salto sobre mi potrillo

con las riendas colocadas

por el lado de la cola.

No sé cómo es un arnés,

ni un broquel, ni un alfanje.

Todo mi afán es saber,

cuando sus guerras estallan,

por qué camino escapar.

Si de juergas se tratara,

de beber vino sin mácula

o de pasarme la noche

junto a vírgenes luciendo

sus vestidos de luto negro

me veríais con razón

como héroe de los árabes”.

Estos versos directos, rebeldes y libertinos, aunque no los más atrevidos, representan en cierta medida la expresión, estilo y temática de la obra de este autor. Oriundo de la antigua Mesopotamia, vivió a caballo entre los siglos VIII y IX, durante las primeras décadas del califato abasí[1] de Bagdad, la que fuera época dorada de la literatura árabe clásica oriental.

poem of vine and revl

Poems of wine and revelry. Jim Colville (2005)

 

Estudió bajo la tutela de los poetas al-Kufah y Khalaf al-Ahmar la escritura islámica sagrada, el Corán, y la tradición vinculada a los profetas (Hadiz), antes de pasar un año en el desierto con los beduinos, entre quienes adoptó sus formas peculiares de lenguaje.

Las convulsiones políticas en la corte de los Abasíes le obligaron a buscar refugio en Egipto, pero cuando regresó a Bagdad sus panegíricos y otros poemas cautivaron el gusto del califa Harun ar-Rashid[2] y obtuvieron una importante difusión social.

Su lengua materna era el persa, por lo que Abu Nuwas se arabizó concienzudamente conviviendo con tribus árabes nómadas y aprendiendo de los textos sagrados musulmanes y la poesía árabe preislámica[3], fuentes originales de la forjada gramática de la lengua árabe.

Su inmersión cultural beduina fue tal que Abu Nuwas acabó por rebelarse en su contra. Es por ello que su obra cuenta con un gran número de sátiras hacia esa conservadora y ruda forma de vivir que llega a aborrecer profundamente en contraposición con la vida disoluta, placentera y ciudadana de la que luego disfrutaría en Bagdad.

Abu Nuwas, a pesar de recurrir a las formas orales y tradicionales del lenguaje de su cultura, ubicó sus versos la mayoría de veces en un ambiente urbano. En su Diván se hallan representados todos los géneros poéticos árabes, pero su fama se debe, sobre todo, a sus poemas modernistas, en los que, abandonando ya los antiguos temas beduinos, canta al amor homosexual y al vino.

XXXII

Sé esquivo y avariento y a los aduares no hables:

sus ruinas, el saludo, no te han de devolver.

Maldice el cuervo de mal agüero de la separación.

Siéntate junto al narciso, deja atrás las espinas,

túmbate al lado del mirto, olvídate de las zarzas,

y por la mañana empieza a beber el vino.

¡Que ninguna prohibición te lo impida!

Quien combate los placeres que el vino acompaña

vive una extenuante vida de aflicción.

 

Destacando en todos los géneros poéticos pero sobre todo en el báquico, el erótico y el satírico, Abu Nuwas fue el primer poeta en liberar a la poesía árabe, con empeño y tesón, del peso tradicional que venía marcando la poesía típica beduina, más arcaica y complicada en formas y vocablos.

El resultado de su obra es el nacimiento de una poesía renovadora, moderna y libre que rompe con los temas clásicos; en ella el poeta es pionero en hacer de los versos una declaración pública de sus pecados, con dulzura, ironía y sin ánimo de indulgencia.  Las descripciones de sus juergas que, generalmente, transcurren en una taberna judía o cristiana por la noche, son de gran realismo.

XXXVI

¡Deja el viento del sur soplar sobre las ruinas

y que el destino destruya su tiempo de esplendor!

¡Deja el áspero desierto para que en él trote

el jinete montado en sus camellos y camellas!

En esas tierras sólo brotan arbustos espinosos

y las únicas piezas de caza son hienas y lobos.

No aprenderás de los árabes ningún modo de solaz

Porque su vida no es vida, su vida es un erial.

Déjales que ordeñen y beban cuanta leche quieran

puesto que son ajenos al exquisito y buen vivir.

Y si la leche se les cuaja, escupe en sus tazones,

no te sientas culpable, no será ningún pecado.

Mejor delicia que todo eso es un vino fresco

escanciado en ronda por un diestro copero.

Largo tiempo estuvo en el fondo del tonel

hirviendo sin que jamás una llama lo tocara.

Los murmullos del fermento semejaban

la lectura de un sacerdote ante la cruz.

Un muchacho te tiende la mano con la copa

y te habla con la voz de una gacela joven

criada por nodrizas que extremaron su educación.

¡A ti entrega sus riendas al sorber el vino,

para ti la embriaguez desata su cinturón!

Al acariciarlo te cautiva con sus encantos,

te vuelve loco, hace saltar tu corazón.

Emborrachado, alza su grupa con dificultad

y se menea como una palma bajo la túnica

caminando hacia ti, deshaciéndose en seducción.

Censora, ¡no te extiendas en tus reproches!

Quien de mi espera arrepentimiento desespera.

Me echas en cara mis pecados, ¿pero qué joven no peca?

Quiero vivir esta vida y no la de leche ordeñada

y tiendas desparramadas en medio de un vil desierto.

¡Compara esos yermos con el arco del palacio de Cosroes!

¿Se puede equiparar un hipódromo a un corral?

Te engañas creyendo que al insistir me reformaré.

¡Rásgate las vestiduras que no me arrepentiré!

Debido a sus sátiras y vida desenfrenada sufrió varias veces la prisión y hubo de vivir el destierro en Egipto por orden del propio Harun Rashid. Con todo, lo que forzó a Abu Nuwas a dejar Bagdad y buscar refugio en Egipto durante algunos años no fue su preferencia sexual ni su afición al vino, ni siquiera sus burlas al sagrado mes de ramadán, sino un poema de contenido político.

Como gran poeta clásico, Abu Nuwas nunca ha dejado de estudiarse en las escuelas de educación secundaria de los países árabes. Nacido en Persia, el poeta de la melena (éste es el significado del mote de Hasan ibn Hani al-Hakami) era una estampa habitual en las tabernas de Bagdad… y durante un milenio, sus versos lo serían en boca de los estudiantes de literatura de Rabat a Yemen.

Sin embargo, sus versos más libertinos, que describen explícitamente el amor, el erotismo y las bacanales homosexuales, y aquellos considerados hoy más rebeldes, que manifiestan su desobediencia religiosa, han sufrido la mano de la censura en varias ocasiones.

Su desfachatez en la bebida y la desvergüenza de sus versos eróticos se hicieron rápidamente proverbiales, y su autor pasó a protagonizar, en varias narraciones de tipo popular, personajes de conducta equívoca.   Así, junto al célebre califa, su esposa Zubayda y varios de sus cortesanos, Abu Nuwas se convirtió en personaje literario en si mismo al protagonizar varias historias de Las mil y una Noches, donde aparece inmortalizado como un personaje ingenioso y excéntrico, por ejemplo en lasAventuras del poeta Abu-Nowas (noche 287) y en Abu – Nowas y el baño de Seit Zobeida (noche 378). Pronto hablaremos de esta obra.

Su producción poética fue recogida después de su muerte por los eruditos al-Suli y Hamza al-Isbahani. Se conservan aproximadamente 13.000 versos. A pesar de ser uno de los poetas árabes más apreciados, algunas de las ediciones actuales de sus obras olvidan incluir los muchos poemas que dedicó a sus múltiples amantes varones.  Las nuevas antologías parecen olvidar los versos más osados, especialmente aquellos homoeróticos y satíricos contra el mes de Ramadán y la prohibición musulmana de beber vino.

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El Shah Abás y un copero. Muhammad Qasim (1627). Museo del Louvre, París.

 

Mientras sus obras fueron ampliamente conocidas hacia los primeros años del siglo XX, en 1932 la primera edición moderna y censurada apareció en El Cairo, dejando de lado enteramente toda la poesía homoerótica. 6 000 libros de su poesía fueron quemados por el Ministerio Egipcio de Cultura en enero de 2001.

Está considerado el principal representante de la escuela modernista, que se oponía a la división tripartita de la casida clásica y propugnaba la creación de nuevas formas y géneros poéticos. En consecuencia, trató temas hasta entonces poco desarrollados, como el báquico y el cinegético.  Sus versos eróticos alcanzan un vigor y una espontaneidad rara vez conseguidos. En toda su obra se nota la reticencia con que ve la aportación de los poetas clásicos:

La descripción de las ruinas es la retórica de la antigüedad.

¡Dedica tus descripciones a la hija de la vid!

 

O bien cuando critica la forma estereotipada (nasib) con que empiezan las viejas casidas[4]:

Un desgraciado se detuvo a interrogar a unas ruinas y yo hice alto para preguntar por la taberna del país.

Llora por las ruinas del pasado de los banu Asad. ¡Desgraciado! ¿Quiénes son los banu Asad?

 

Al orgullo de los antiguos, representado por las tribus de Asad y de Tamim, enfrenta las grandes hazañas de los Sasánidas como Cosroes I[5] . Las leyendas árabes son desplazadas por otras persas, y las fiestas iránicas sustituyen, en sus versos, a las musulmanas. Con una sinceridad que raya en el desenfado reconoce sus pecados, pero sin propósito de enmienda:

 

Lloro pero no es por los campamentos abandonados ni porque el amor me atormente y haya renunciado.

Lloro a causa de las palabras de nuestro profeta Mahoma. Esto es lo que hace caer las lágrimas sobre mi pecho.

Esas palabras prohíben beber el vino

¡Y esa prohibición ha llegado hasta nosotros!

Ya que lo ha prohibido lloro por el vino.

Y después lo bebo bien puro.

Sé que por haberlo bebido seré castigado a recibir ochenta azotes en la espalda.

La poesía amorosa conoce en él dos vertientes netamente diferenciadas: la femenina y la homosexual. Las composiciones del primer tipo están dedicadas a Yannan, la única mujer de carne y hueso que hubo en su vida, o bien a figuras estereotipadas e imaginarias. Las composiciones de este tipo son, estilísticamente, inferiores a las dedicadas a sus jóvenes amigos, a los que con halagos y vino intentaba seducir. Tanto en un caso como en otro, estos versos son inferiores a los báquicos, a pesar de que alcanza notable efecto en las escenas dialogadas:

 

Aquella a la que amo me ha enviado un mensajero, pero quien de ella depende también es digno de amor.

¡ Bienvenido! – le dije- ¡Bienvenido el amigo a quien embellece el perfume!

Le dirigí palabras amables, pero él se puso en guardia diciendo: -¡ Me quieres seducir!

Y una persona como tú no puede amar a uno como yo cuando una bella en flor está loca por ti.

 

Ahora bien, y por eso está aquí, los cantos báquicos constituyen lo más destacado de su poesía. Las aportaciones de este poeta radican en el realismo de las descripciones de sus juergas que, generalmente, transcurren en una taberna judía o cristiana por la noche:

 

Cuando el cinturón nos reveló que no era musulmán empezamos a pensar bien de él y él mal de nosotros.

Preguntamos: -¿Eres de la fe del Mesías, hijo de María?-. Se alejó de nosotros y nos empezó a insultar.

Era un judío que aparenta ser tu amigo mientras en su interior espera el momento de traicionarte.

 

Tras el diálogo que permite al poeta y sus compañeros averiguar la religión del tabernero, sigue el encargo del vino que se bebe en hermosas copas persas, hasta horas avanzadas de la noche.

Algunas poesías de Abu Nowas más son, por ejemplo:

LXIV

¡Cántame, oh Sulaimán,

y llena de vino mi copa!

¿No ves que apareció al alba

bajo sus tenues velos?

Cuando te llegue la jarra

agárrala y sírveme:

quiero que ella te distraiga

de la llamada del almuédano.

Sírveme el vino sin tregua,

a la vista de todo el mundo,

y hagamos como los de Sodoma.

XCII

Busca refugio de Ramadán

en el buen vino de las tinajas.

Y entero pasa el mes de Shawal

entre orgías con las esclavas

y borracheras de par en par.

Shawal nos ofrece dones y bienes

y aún así un reproche merece:

pese a juergas y festines,

pese a dejar sueltas las riendas

de la pasión desenfrenada,

por ser de Ramadán el más cercano

no puede ser el mejor mes del año.

XCIII

Qué mes, el Ramadán!

Ojalá estuviera lejos

para no estarte sufriendo.

Todo son loas para Shawal

y a ti te detestamos.

Te hemos aborrecido, miserable Ramadán,

Sin dudarlo te mataría si pudiera matar a un mes.


[1] El califato abasí (llamado también califato abásida), fue la segunda dinastía de califas suníes (750-1258) que sucedieron a la de los omeyas. También se conoce como califato de Bagdad, ya que el califato abasí fue fundado en Kufa en 750 y cambió su capital en 762 a Bagdad.

Posteriormente, entre 1261 y 1517 se estableció en el Egipto mameluco el califato abasí de El Cairo.

Los abasíes basan su pretensión al califato en su descendencia de Abbas ibn Abd al-Muttalib (566-652), uno de los tíos más jóvenes del profeta Mahoma. Muhammad ibn ‘Ali, bisnieto de Abbás, comenzó su campaña por el ascenso al poder de su familia en Persia, durante el reinado del califa omeya Umar II. Durante el califato de Marwan II, esta oposición llegó a su punto culminante con la rebelión del imánIbrahim, descendiente en cuarta generación de Abbás, en la ciudad de Kufa (actual Irak), y en la provincia de Jorasán (en Persia, actual Irán). La revuelta alcanzó algunos éxitos considerables, pero finalmente Ibrahim fue capturado y murió (quizás asesinado) en prisión en 747. Continuó la lucha su hermano Abdalah, conocido como Abu al-‘Abbas as-Saffah quien, después de una victoria decisiva en el río Gran Zab (un afluente del río Tigris que discurre por Turquía e Irak) en 750, aplastó a los omeyas y fue proclamado califa.

El sucesor de Abu al-‘Abbás, al-Mansur, funda en 762 la ciudad de Madinat as-Salam (Bagdad), a la que traslada la capitalidad desde Damasco.

La época de máximo esplendor correspondió al reinado de Harún al-Rashid (786-809), a partir del cual comenzó una decadencia política que se acentuaría con sus sucesores. El último califa, al-Mu‘tasim, fue asesinado en 1258 por los mongoles, que habían conquistado Bagdad. Sin embargo un miembro de la dinastía pudo huir a Egipto y mantuvo el poder bajo el control de los mamelucos. Esta última rama de la dinastía se mantuvo hasta 1517 cuando los turcos otomanos conquistaron Siria y Egipto.

El periodo de la dinastía abasí fue de expansión y colonización.

Crearon una gran y brillante civilización. Creció el comercio, florecieron las ciudades. Se hicieron extraordinarias realizaciones en arquitectura y artes en general.

Bagdad fue un gran centro comercial. Los cuentos de Las mil y una noches reflejan la vida esplendorosa de esta ciudad.

Hay una gran actividad intelectual: historia, literatura, medicina, matemáticas griegas con la inclusión del álgebra y la trigonometría, geografía, etc y una gran importancia de la jurisprudencia.

Con los abasíes en el poder, el último omeya se trasladó a Al-Ándalus, donde se arrogó el título de emir. Sus descendientes se secesionarían, creando un califato independiente.

[2] Haroun al-Rachid, El Sabio (Rayy, actual Irán, 766-Tus, id., 809) es uno de los califas más prestigiosos del Imperio Árabe y de la dinastía de los abásidas, que tuvo su capital en Bagdad. Es conocido sobre todo en Occidente como el califa de los cuentos de las “Mil y una Noches”, de hecho es uno de los personajes principales. En su época, los poetas celebraban el vino y el amor.

Fue el quinto califa abasí. Durante su reinado se produjo la ascensión y la posterior caída de la familia de los bamarkíes. Aplicó una política religiosa muy severa con los herejes y favoreció claramente a los musulmanes, discriminando a cristianos y judíos. El imperio abasí empezó a desmembrarse con él y su soberanía no fue reconocida por los Aglabíes de Túnez, como tampoco por los Idrisíes de Marruecos y los Omeyas de España. Entre los años 786 y 794 los Jarayíes ocuparon temporalmente Mosul y devastaron Armenia y Azerbaiján, y la Transoxiana se alzó contra el propio califa. Murió cuando se disponía a sofocar una rebelión jarayí en el Jurasán. Desde el punto de vista cultural, su corte fue uno de los centros más brillantes de su época.

Los rebeldes sirios de un grupo vinculado a Al Qaida destruyeron la estatua de este califa abasida situada en la ciudad de Raqa (norte de  país), por estimar que se trata de un “ídolo”, según anunció el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos. La estatua del califa de las “Mil y una Noches” apareció destruida y sus restos dispersados por el suelo.

[3] La poesía preislámica es referida comúnmente como árabe o Poesía Jahiliyyah, lo que se traduce como Poesía en el Periodo de Ignorancia. Este nombre fue acuñado por los musulmanes para diferenciar entre “la era de la ignorancia”, y la poesía post-Islámica o “Era de la Iluminación”.

El idioma, en general, y la poesía, en particular, fueron, un asunto de importancia central a los árabes.  La poesía ocupó un papel principal en la sociedad preislámica, con el poeta o sha’ir cumpliendo el papel de historiador, adivino y pregonero, similar al de la profetisa de la antigua sociedad griega. Palabras de alabanza a la tribu y sátiras virulentas denigrando a otras tribus parecen haber sido los subgéneros más populares de la poesía temprana. El sha’ir representaba como individuo el prestigio de la tribu y su importancia en la península de Arabia y los certámenes de poesía o zajal se celebraban en lugar de verdaderas guerras.

Las muestras importantes de literatura árabe más antiguas son unas composiciones de la Arabia preislámica llamadas mu’allaqat, «colgadas» y Mufaddaliyat. El nombre de mu’allaqat se atribuye tradicionalmente al hecho de que podrían haber sido escritas y colgadas de los muros de la Kaaba, entonces panteón de La Meca, por haber resultado vencedoras en alguna justa poética. Esto habría permitido su supervivencia, dado que en la época la literatura era de transmisión oral y por tanto cabe suponer que la mayor parte de su producción se perdiese. Las mu`allaqat son largos poemas que responden a un esquema fijo que luego heredará, con variaciones, la poesía clásica de época islámica. La poesía preislámica ha quedado en la cultura árabe como modelo lingüístico y literario y como ejemplo de valores primigenios ligados a la vida en el desierto, como la caballerosidad.

Paralelamente al sha’ir,y frecuentemente como su aprendiz, está el rawi o recitador. El trabajo del rawiconsistía en aprender de memoria los poemas y recitarlos con explicaciones, y probablemente con adornos. Esta tradición permitiría la transmisión de estos trabajos poéticos y la práctica sería adoptada después por el hafiz para la memorización del Corán. En algunos periodos hubo linajes de ilustres poetas, cada uno entrenando a un rawi como un bardo para promover sus versos hasta dominarlos y continuar con la tradición.

Entre los poetas más famosos de esta etapa tenemos aImru’ al-Qais, al-Nabighah al-Dhubyani, Tarafah ibn al ‘Abd, y Zuhayr ibn Abî Sûlmâ. Otros, como Ta’abbata Sharran, al-Shanfara, ‘Urwah ibn al-Ward, fueron conocidos como su’luk o poetas vagabundos, muchos de sus trabajos consistían en atacar la rigidez de una vida tribal y alabar la solidaridad. Hay algunas características que distinguen la poesía preislámica de tiempos ulteriores. Una de estas características es que la poesía preislámica se da más atención a la elocuencia y la medida del verso que al poema como un todo. Esto resultó en poemas que se caracterizadas por un fuerte vocabulario e ideas breves pero con versos vagamente conectados.

Una segunda característica es un preludio o proemio romántico o nostálgico con el que solían comenzar. En estos preludios el poeta recordaba a su amada y su hogar abandonado y en ruinas. Este concepto, en poesía árabe, se llama ante las ruinas, porque el poeta solía comenzar diciendo que él estaba en las ruinas o pidiendo a sus amigos que lo acompañaran a visitar las ruinas, etc. La fascinación de los poetas preislámicos por estos temas es comprensible, ya que en esta etapa, caracterizada por el beduinismo, los mantenía en un estado de cuasi nomadismo. Esta característica fue posteriormente evitada de la poesía árabe e incluso algunos poetas, como Abu Nuwas, la convertirían en objeto de mofa de la poesía preislámica.

[4] Casida es una forma poética propia de la Arabia preislámica.  Se trataba de un género poético extenso, de más de 50 versos e incluso más de 100. Más tarde fue adoptada por los persas, que la emplearon asiduamente.  En su origen, la casida es usualmente un género panegírico dedicado a un rey o a un noble. Las casidas tienen por lo tanto un tema único, desarrollado lógicamente y cerrado al final de la composición.

Aunque la casida clásica estaba formada por una única rima que se mantenía a lo largo de todo el poema, en su forma más extendida suele componerse de pareados, aunque en la versión persa posterior sólo hay un pareado al comienzo, mientras que a partir de ahí sólo el segundo verso de cada par rima con dicho pareado inicial.

[5] Cosroes I fue uno de los reyes más importantes de la dinastía sasánida del segundo Imperio Persa. Fue el artífice de la expansión del imperio hasta el Indo y el mar Rojo, y se enfrentó al Imperio bizantino por el control del oriente próximo. Gobernó entre el año 531 y el 579, constituyéndose en el más famoso de los reyes sasánidas.

Se hizo famoso por sus reformas en el aparato de gobierno sasánida. En ellas introdujo un sistema racional de impuestos basado en la inspección de las posesiones en tierras (labor iniciada por su padre) y también trató por todos los medios de incrementar los ingresos de su Imperio.

Los anteriores grandes señores feudales equipaban sus propios ejércitos, a sus seguidores y criados. Cosroes I desarrolló una nueva fuerza de dekhans o “caballeros”, pagados y equipados por el gobierno central. Acercó el ejército y la burocracia hacia el poder central, alejándolos de la influencia de los señores locales.

El reinado de Cosroes contempló el auge de los dighans “señores de las villas”, la pequeña nobleza terrateniente, que constituyeron el esqueleto de lo que luego se convirtió en la administración provincial sasánida y el sistema de recaudación de impuestos. Cosroes I fue un gran constructor que embelleció su capital, fundando nuevos barrios y construyendo nuevos edificios.

Reconstruyó los canales y repuso las granjas destruidas en las guerras. También construyó poderosas fortificaciones en los pasos, y emplazó a ciertas tribus en pueblos cuidadosamente seleccionados de las fronteras para que hicieran de guardianes contra posibles invasiones.

Fue un monarca tolerante con todas las religiones, a pesar de decretar la oficialidad del zoroastrismo para todo el Estado. Tampoco pareció molestarse cuando uno de sus hijos se convirtió al cristianismo.

Cuando en el 529 Justiniano I de Bizancio, cierra la Academia de Atenas, último centro del paganismo del Imperio Bizantino, Cosroe acoge a las últimos siete maestros del neoplatonismo. Allí se encontraron con que el reino de Cosroes no correspondía a su ideal platónico y obtuvieron permiso para volver a casa sin ningún perjuicio, después del Tratado entre Cosroes y Justiniano.

En el año 532 llegó a establecer con el emperador del Imperio Bizantino Justiniano I una paz perpetua, pero ésta resultó menos duradera de lo que su pomposa formulación declaraba. El rey Cosroes I esperó la oportunidad de atacar ventajosamente al territorio imperial bizantino, lo cual se presentó pronto, dada la creciente debilidad de la fortaleza militar en Oriente debido a que las reconquistas romanas en África o Italia se realizaron con tropas y mandos sustraídos de aquella zona y las tropas guarnecidas se debilitaban por la falta de un pago puntual. Sus acometidas fueron tan contundentes que el emperador bizantino Justiniano tuvo que comprar la paz mediante el pago de un tributo de 3.000 piezas anuales.

Fue sucedido por Hormizd IV.


Martes, 28 de julio de 2015 2 comentarios