Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Mediterráneo’ XML Feed

Abu Nuwas


Abu Nuwas es uno de los grandes poetas árabes del vino y del erotismo homosexual. Lo descubrimos a través de un delicioso libro de Jaume Ferrer Carmona y Anna Gil Bardají (editorial Cátedra) del año 2010, Cantar al vino, Abu Nuwás. Evidentemente está aquí citado por su relación con el vino.

Suyas son las palabras:

 

“Hombres, ¡a mí qué me importan

las espadas o los combates!

Yo sólo sigo a una estrella:

la del placer y la música.

En mí no confiéis,

pues soy de aquellos que rehúyen

encontronazos y embates.

Cuando veo el enemigo

salto sobre mi potrillo

con las riendas colocadas

por el lado de la cola.

No sé cómo es un arnés,

ni un broquel, ni un alfanje.

Todo mi afán es saber,

cuando sus guerras estallan,

por qué camino escapar.

Si de juergas se tratara,

de beber vino sin mácula

o de pasarme la noche

junto a vírgenes luciendo

sus vestidos de luto negro

me veríais con razón

como héroe de los árabes”.

Estos versos directos, rebeldes y libertinos, aunque no los más atrevidos, representan en cierta medida la expresión, estilo y temática de la obra de este autor. Oriundo de la antigua Mesopotamia, vivió a caballo entre los siglos VIII y IX, durante las primeras décadas del califato abasí[1] de Bagdad, la que fuera época dorada de la literatura árabe clásica oriental.

poem of vine and revl

Poems of wine and revelry. Jim Colville (2005)

 

Estudió bajo la tutela de los poetas al-Kufah y Khalaf al-Ahmar la escritura islámica sagrada, el Corán, y la tradición vinculada a los profetas (Hadiz), antes de pasar un año en el desierto con los beduinos, entre quienes adoptó sus formas peculiares de lenguaje.

Las convulsiones políticas en la corte de los Abasíes le obligaron a buscar refugio en Egipto, pero cuando regresó a Bagdad sus panegíricos y otros poemas cautivaron el gusto del califa Harun ar-Rashid[2] y obtuvieron una importante difusión social.

Su lengua materna era el persa, por lo que Abu Nuwas se arabizó concienzudamente conviviendo con tribus árabes nómadas y aprendiendo de los textos sagrados musulmanes y la poesía árabe preislámica[3], fuentes originales de la forjada gramática de la lengua árabe.

Su inmersión cultural beduina fue tal que Abu Nuwas acabó por rebelarse en su contra. Es por ello que su obra cuenta con un gran número de sátiras hacia esa conservadora y ruda forma de vivir que llega a aborrecer profundamente en contraposición con la vida disoluta, placentera y ciudadana de la que luego disfrutaría en Bagdad.

Abu Nuwas, a pesar de recurrir a las formas orales y tradicionales del lenguaje de su cultura, ubicó sus versos la mayoría de veces en un ambiente urbano. En su Diván se hallan representados todos los géneros poéticos árabes, pero su fama se debe, sobre todo, a sus poemas modernistas, en los que, abandonando ya los antiguos temas beduinos, canta al amor homosexual y al vino.

XXXII

Sé esquivo y avariento y a los aduares no hables:

sus ruinas, el saludo, no te han de devolver.

Maldice el cuervo de mal agüero de la separación.

Siéntate junto al narciso, deja atrás las espinas,

túmbate al lado del mirto, olvídate de las zarzas,

y por la mañana empieza a beber el vino.

¡Que ninguna prohibición te lo impida!

Quien combate los placeres que el vino acompaña

vive una extenuante vida de aflicción.

 

Destacando en todos los géneros poéticos pero sobre todo en el báquico, el erótico y el satírico, Abu Nuwas fue el primer poeta en liberar a la poesía árabe, con empeño y tesón, del peso tradicional que venía marcando la poesía típica beduina, más arcaica y complicada en formas y vocablos.

El resultado de su obra es el nacimiento de una poesía renovadora, moderna y libre que rompe con los temas clásicos; en ella el poeta es pionero en hacer de los versos una declaración pública de sus pecados, con dulzura, ironía y sin ánimo de indulgencia.  Las descripciones de sus juergas que, generalmente, transcurren en una taberna judía o cristiana por la noche, son de gran realismo.

XXXVI

¡Deja el viento del sur soplar sobre las ruinas

y que el destino destruya su tiempo de esplendor!

¡Deja el áspero desierto para que en él trote

el jinete montado en sus camellos y camellas!

En esas tierras sólo brotan arbustos espinosos

y las únicas piezas de caza son hienas y lobos.

No aprenderás de los árabes ningún modo de solaz

Porque su vida no es vida, su vida es un erial.

Déjales que ordeñen y beban cuanta leche quieran

puesto que son ajenos al exquisito y buen vivir.

Y si la leche se les cuaja, escupe en sus tazones,

no te sientas culpable, no será ningún pecado.

Mejor delicia que todo eso es un vino fresco

escanciado en ronda por un diestro copero.

Largo tiempo estuvo en el fondo del tonel

hirviendo sin que jamás una llama lo tocara.

Los murmullos del fermento semejaban

la lectura de un sacerdote ante la cruz.

Un muchacho te tiende la mano con la copa

y te habla con la voz de una gacela joven

criada por nodrizas que extremaron su educación.

¡A ti entrega sus riendas al sorber el vino,

para ti la embriaguez desata su cinturón!

Al acariciarlo te cautiva con sus encantos,

te vuelve loco, hace saltar tu corazón.

Emborrachado, alza su grupa con dificultad

y se menea como una palma bajo la túnica

caminando hacia ti, deshaciéndose en seducción.

Censora, ¡no te extiendas en tus reproches!

Quien de mi espera arrepentimiento desespera.

Me echas en cara mis pecados, ¿pero qué joven no peca?

Quiero vivir esta vida y no la de leche ordeñada

y tiendas desparramadas en medio de un vil desierto.

¡Compara esos yermos con el arco del palacio de Cosroes!

¿Se puede equiparar un hipódromo a un corral?

Te engañas creyendo que al insistir me reformaré.

¡Rásgate las vestiduras que no me arrepentiré!

Debido a sus sátiras y vida desenfrenada sufrió varias veces la prisión y hubo de vivir el destierro en Egipto por orden del propio Harun Rashid. Con todo, lo que forzó a Abu Nuwas a dejar Bagdad y buscar refugio en Egipto durante algunos años no fue su preferencia sexual ni su afición al vino, ni siquiera sus burlas al sagrado mes de ramadán, sino un poema de contenido político.

Como gran poeta clásico, Abu Nuwas nunca ha dejado de estudiarse en las escuelas de educación secundaria de los países árabes. Nacido en Persia, el poeta de la melena (éste es el significado del mote de Hasan ibn Hani al-Hakami) era una estampa habitual en las tabernas de Bagdad… y durante un milenio, sus versos lo serían en boca de los estudiantes de literatura de Rabat a Yemen.

Sin embargo, sus versos más libertinos, que describen explícitamente el amor, el erotismo y las bacanales homosexuales, y aquellos considerados hoy más rebeldes, que manifiestan su desobediencia religiosa, han sufrido la mano de la censura en varias ocasiones.

Su desfachatez en la bebida y la desvergüenza de sus versos eróticos se hicieron rápidamente proverbiales, y su autor pasó a protagonizar, en varias narraciones de tipo popular, personajes de conducta equívoca.   Así, junto al célebre califa, su esposa Zubayda y varios de sus cortesanos, Abu Nuwas se convirtió en personaje literario en si mismo al protagonizar varias historias de Las mil y una Noches, donde aparece inmortalizado como un personaje ingenioso y excéntrico, por ejemplo en lasAventuras del poeta Abu-Nowas (noche 287) y en Abu – Nowas y el baño de Seit Zobeida (noche 378). Pronto hablaremos de esta obra.

Su producción poética fue recogida después de su muerte por los eruditos al-Suli y Hamza al-Isbahani. Se conservan aproximadamente 13.000 versos. A pesar de ser uno de los poetas árabes más apreciados, algunas de las ediciones actuales de sus obras olvidan incluir los muchos poemas que dedicó a sus múltiples amantes varones.  Las nuevas antologías parecen olvidar los versos más osados, especialmente aquellos homoeróticos y satíricos contra el mes de Ramadán y la prohibición musulmana de beber vino.

200px-Shah_Abbas_and_Wine_Boy

El Shah Abás y un copero. Muhammad Qasim (1627). Museo del Louvre, París.

 

Mientras sus obras fueron ampliamente conocidas hacia los primeros años del siglo XX, en 1932 la primera edición moderna y censurada apareció en El Cairo, dejando de lado enteramente toda la poesía homoerótica. 6 000 libros de su poesía fueron quemados por el Ministerio Egipcio de Cultura en enero de 2001.

Está considerado el principal representante de la escuela modernista, que se oponía a la división tripartita de la casida clásica y propugnaba la creación de nuevas formas y géneros poéticos. En consecuencia, trató temas hasta entonces poco desarrollados, como el báquico y el cinegético.  Sus versos eróticos alcanzan un vigor y una espontaneidad rara vez conseguidos. En toda su obra se nota la reticencia con que ve la aportación de los poetas clásicos:

La descripción de las ruinas es la retórica de la antigüedad.

¡Dedica tus descripciones a la hija de la vid!

 

O bien cuando critica la forma estereotipada (nasib) con que empiezan las viejas casidas[4]:

Un desgraciado se detuvo a interrogar a unas ruinas y yo hice alto para preguntar por la taberna del país.

Llora por las ruinas del pasado de los banu Asad. ¡Desgraciado! ¿Quiénes son los banu Asad?

 

Al orgullo de los antiguos, representado por las tribus de Asad y de Tamim, enfrenta las grandes hazañas de los Sasánidas como Cosroes I[5] . Las leyendas árabes son desplazadas por otras persas, y las fiestas iránicas sustituyen, en sus versos, a las musulmanas. Con una sinceridad que raya en el desenfado reconoce sus pecados, pero sin propósito de enmienda:

 

Lloro pero no es por los campamentos abandonados ni porque el amor me atormente y haya renunciado.

Lloro a causa de las palabras de nuestro profeta Mahoma. Esto es lo que hace caer las lágrimas sobre mi pecho.

Esas palabras prohíben beber el vino

¡Y esa prohibición ha llegado hasta nosotros!

Ya que lo ha prohibido lloro por el vino.

Y después lo bebo bien puro.

Sé que por haberlo bebido seré castigado a recibir ochenta azotes en la espalda.

La poesía amorosa conoce en él dos vertientes netamente diferenciadas: la femenina y la homosexual. Las composiciones del primer tipo están dedicadas a Yannan, la única mujer de carne y hueso que hubo en su vida, o bien a figuras estereotipadas e imaginarias. Las composiciones de este tipo son, estilísticamente, inferiores a las dedicadas a sus jóvenes amigos, a los que con halagos y vino intentaba seducir. Tanto en un caso como en otro, estos versos son inferiores a los báquicos, a pesar de que alcanza notable efecto en las escenas dialogadas:

 

Aquella a la que amo me ha enviado un mensajero, pero quien de ella depende también es digno de amor.

¡ Bienvenido! – le dije- ¡Bienvenido el amigo a quien embellece el perfume!

Le dirigí palabras amables, pero él se puso en guardia diciendo: -¡ Me quieres seducir!

Y una persona como tú no puede amar a uno como yo cuando una bella en flor está loca por ti.

 

Ahora bien, y por eso está aquí, los cantos báquicos constituyen lo más destacado de su poesía. Las aportaciones de este poeta radican en el realismo de las descripciones de sus juergas que, generalmente, transcurren en una taberna judía o cristiana por la noche:

 

Cuando el cinturón nos reveló que no era musulmán empezamos a pensar bien de él y él mal de nosotros.

Preguntamos: -¿Eres de la fe del Mesías, hijo de María?-. Se alejó de nosotros y nos empezó a insultar.

Era un judío que aparenta ser tu amigo mientras en su interior espera el momento de traicionarte.

 

Tras el diálogo que permite al poeta y sus compañeros averiguar la religión del tabernero, sigue el encargo del vino que se bebe en hermosas copas persas, hasta horas avanzadas de la noche.

Algunas poesías de Abu Nowas más son, por ejemplo:

LXIV

¡Cántame, oh Sulaimán,

y llena de vino mi copa!

¿No ves que apareció al alba

bajo sus tenues velos?

Cuando te llegue la jarra

agárrala y sírveme:

quiero que ella te distraiga

de la llamada del almuédano.

Sírveme el vino sin tregua,

a la vista de todo el mundo,

y hagamos como los de Sodoma.

XCII

Busca refugio de Ramadán

en el buen vino de las tinajas.

Y entero pasa el mes de Shawal

entre orgías con las esclavas

y borracheras de par en par.

Shawal nos ofrece dones y bienes

y aún así un reproche merece:

pese a juergas y festines,

pese a dejar sueltas las riendas

de la pasión desenfrenada,

por ser de Ramadán el más cercano

no puede ser el mejor mes del año.

XCIII

Qué mes, el Ramadán!

Ojalá estuviera lejos

para no estarte sufriendo.

Todo son loas para Shawal

y a ti te detestamos.

Te hemos aborrecido, miserable Ramadán,

Sin dudarlo te mataría si pudiera matar a un mes.


[1] El califato abasí (llamado también califato abásida), fue la segunda dinastía de califas suníes (750-1258) que sucedieron a la de los omeyas. También se conoce como califato de Bagdad, ya que el califato abasí fue fundado en Kufa en 750 y cambió su capital en 762 a Bagdad.

Posteriormente, entre 1261 y 1517 se estableció en el Egipto mameluco el califato abasí de El Cairo.

Los abasíes basan su pretensión al califato en su descendencia de Abbas ibn Abd al-Muttalib (566-652), uno de los tíos más jóvenes del profeta Mahoma. Muhammad ibn ‘Ali, bisnieto de Abbás, comenzó su campaña por el ascenso al poder de su familia en Persia, durante el reinado del califa omeya Umar II. Durante el califato de Marwan II, esta oposición llegó a su punto culminante con la rebelión del imánIbrahim, descendiente en cuarta generación de Abbás, en la ciudad de Kufa (actual Irak), y en la provincia de Jorasán (en Persia, actual Irán). La revuelta alcanzó algunos éxitos considerables, pero finalmente Ibrahim fue capturado y murió (quizás asesinado) en prisión en 747. Continuó la lucha su hermano Abdalah, conocido como Abu al-‘Abbas as-Saffah quien, después de una victoria decisiva en el río Gran Zab (un afluente del río Tigris que discurre por Turquía e Irak) en 750, aplastó a los omeyas y fue proclamado califa.

El sucesor de Abu al-‘Abbás, al-Mansur, funda en 762 la ciudad de Madinat as-Salam (Bagdad), a la que traslada la capitalidad desde Damasco.

La época de máximo esplendor correspondió al reinado de Harún al-Rashid (786-809), a partir del cual comenzó una decadencia política que se acentuaría con sus sucesores. El último califa, al-Mu‘tasim, fue asesinado en 1258 por los mongoles, que habían conquistado Bagdad. Sin embargo un miembro de la dinastía pudo huir a Egipto y mantuvo el poder bajo el control de los mamelucos. Esta última rama de la dinastía se mantuvo hasta 1517 cuando los turcos otomanos conquistaron Siria y Egipto.

El periodo de la dinastía abasí fue de expansión y colonización.

Crearon una gran y brillante civilización. Creció el comercio, florecieron las ciudades. Se hicieron extraordinarias realizaciones en arquitectura y artes en general.

Bagdad fue un gran centro comercial. Los cuentos de Las mil y una noches reflejan la vida esplendorosa de esta ciudad.

Hay una gran actividad intelectual: historia, literatura, medicina, matemáticas griegas con la inclusión del álgebra y la trigonometría, geografía, etc y una gran importancia de la jurisprudencia.

Con los abasíes en el poder, el último omeya se trasladó a Al-Ándalus, donde se arrogó el título de emir. Sus descendientes se secesionarían, creando un califato independiente.

[2] Haroun al-Rachid, El Sabio (Rayy, actual Irán, 766-Tus, id., 809) es uno de los califas más prestigiosos del Imperio Árabe y de la dinastía de los abásidas, que tuvo su capital en Bagdad. Es conocido sobre todo en Occidente como el califa de los cuentos de las “Mil y una Noches”, de hecho es uno de los personajes principales. En su época, los poetas celebraban el vino y el amor.

Fue el quinto califa abasí. Durante su reinado se produjo la ascensión y la posterior caída de la familia de los bamarkíes. Aplicó una política religiosa muy severa con los herejes y favoreció claramente a los musulmanes, discriminando a cristianos y judíos. El imperio abasí empezó a desmembrarse con él y su soberanía no fue reconocida por los Aglabíes de Túnez, como tampoco por los Idrisíes de Marruecos y los Omeyas de España. Entre los años 786 y 794 los Jarayíes ocuparon temporalmente Mosul y devastaron Armenia y Azerbaiján, y la Transoxiana se alzó contra el propio califa. Murió cuando se disponía a sofocar una rebelión jarayí en el Jurasán. Desde el punto de vista cultural, su corte fue uno de los centros más brillantes de su época.

Los rebeldes sirios de un grupo vinculado a Al Qaida destruyeron la estatua de este califa abasida situada en la ciudad de Raqa (norte de  país), por estimar que se trata de un “ídolo”, según anunció el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos. La estatua del califa de las “Mil y una Noches” apareció destruida y sus restos dispersados por el suelo.

[3] La poesía preislámica es referida comúnmente como árabe o Poesía Jahiliyyah, lo que se traduce como Poesía en el Periodo de Ignorancia. Este nombre fue acuñado por los musulmanes para diferenciar entre “la era de la ignorancia”, y la poesía post-Islámica o “Era de la Iluminación”.

El idioma, en general, y la poesía, en particular, fueron, un asunto de importancia central a los árabes.  La poesía ocupó un papel principal en la sociedad preislámica, con el poeta o sha’ir cumpliendo el papel de historiador, adivino y pregonero, similar al de la profetisa de la antigua sociedad griega. Palabras de alabanza a la tribu y sátiras virulentas denigrando a otras tribus parecen haber sido los subgéneros más populares de la poesía temprana. El sha’ir representaba como individuo el prestigio de la tribu y su importancia en la península de Arabia y los certámenes de poesía o zajal se celebraban en lugar de verdaderas guerras.

Las muestras importantes de literatura árabe más antiguas son unas composiciones de la Arabia preislámica llamadas mu’allaqat, «colgadas» y Mufaddaliyat. El nombre de mu’allaqat se atribuye tradicionalmente al hecho de que podrían haber sido escritas y colgadas de los muros de la Kaaba, entonces panteón de La Meca, por haber resultado vencedoras en alguna justa poética. Esto habría permitido su supervivencia, dado que en la época la literatura era de transmisión oral y por tanto cabe suponer que la mayor parte de su producción se perdiese. Las mu`allaqat son largos poemas que responden a un esquema fijo que luego heredará, con variaciones, la poesía clásica de época islámica. La poesía preislámica ha quedado en la cultura árabe como modelo lingüístico y literario y como ejemplo de valores primigenios ligados a la vida en el desierto, como la caballerosidad.

Paralelamente al sha’ir,y frecuentemente como su aprendiz, está el rawi o recitador. El trabajo del rawiconsistía en aprender de memoria los poemas y recitarlos con explicaciones, y probablemente con adornos. Esta tradición permitiría la transmisión de estos trabajos poéticos y la práctica sería adoptada después por el hafiz para la memorización del Corán. En algunos periodos hubo linajes de ilustres poetas, cada uno entrenando a un rawi como un bardo para promover sus versos hasta dominarlos y continuar con la tradición.

Entre los poetas más famosos de esta etapa tenemos aImru’ al-Qais, al-Nabighah al-Dhubyani, Tarafah ibn al ‘Abd, y Zuhayr ibn Abî Sûlmâ. Otros, como Ta’abbata Sharran, al-Shanfara, ‘Urwah ibn al-Ward, fueron conocidos como su’luk o poetas vagabundos, muchos de sus trabajos consistían en atacar la rigidez de una vida tribal y alabar la solidaridad. Hay algunas características que distinguen la poesía preislámica de tiempos ulteriores. Una de estas características es que la poesía preislámica se da más atención a la elocuencia y la medida del verso que al poema como un todo. Esto resultó en poemas que se caracterizadas por un fuerte vocabulario e ideas breves pero con versos vagamente conectados.

Una segunda característica es un preludio o proemio romántico o nostálgico con el que solían comenzar. En estos preludios el poeta recordaba a su amada y su hogar abandonado y en ruinas. Este concepto, en poesía árabe, se llama ante las ruinas, porque el poeta solía comenzar diciendo que él estaba en las ruinas o pidiendo a sus amigos que lo acompañaran a visitar las ruinas, etc. La fascinación de los poetas preislámicos por estos temas es comprensible, ya que en esta etapa, caracterizada por el beduinismo, los mantenía en un estado de cuasi nomadismo. Esta característica fue posteriormente evitada de la poesía árabe e incluso algunos poetas, como Abu Nuwas, la convertirían en objeto de mofa de la poesía preislámica.

[4] Casida es una forma poética propia de la Arabia preislámica.  Se trataba de un género poético extenso, de más de 50 versos e incluso más de 100. Más tarde fue adoptada por los persas, que la emplearon asiduamente.  En su origen, la casida es usualmente un género panegírico dedicado a un rey o a un noble. Las casidas tienen por lo tanto un tema único, desarrollado lógicamente y cerrado al final de la composición.

Aunque la casida clásica estaba formada por una única rima que se mantenía a lo largo de todo el poema, en su forma más extendida suele componerse de pareados, aunque en la versión persa posterior sólo hay un pareado al comienzo, mientras que a partir de ahí sólo el segundo verso de cada par rima con dicho pareado inicial.

[5] Cosroes I fue uno de los reyes más importantes de la dinastía sasánida del segundo Imperio Persa. Fue el artífice de la expansión del imperio hasta el Indo y el mar Rojo, y se enfrentó al Imperio bizantino por el control del oriente próximo. Gobernó entre el año 531 y el 579, constituyéndose en el más famoso de los reyes sasánidas.

Se hizo famoso por sus reformas en el aparato de gobierno sasánida. En ellas introdujo un sistema racional de impuestos basado en la inspección de las posesiones en tierras (labor iniciada por su padre) y también trató por todos los medios de incrementar los ingresos de su Imperio.

Los anteriores grandes señores feudales equipaban sus propios ejércitos, a sus seguidores y criados. Cosroes I desarrolló una nueva fuerza de dekhans o “caballeros”, pagados y equipados por el gobierno central. Acercó el ejército y la burocracia hacia el poder central, alejándolos de la influencia de los señores locales.

El reinado de Cosroes contempló el auge de los dighans “señores de las villas”, la pequeña nobleza terrateniente, que constituyeron el esqueleto de lo que luego se convirtió en la administración provincial sasánida y el sistema de recaudación de impuestos. Cosroes I fue un gran constructor que embelleció su capital, fundando nuevos barrios y construyendo nuevos edificios.

Reconstruyó los canales y repuso las granjas destruidas en las guerras. También construyó poderosas fortificaciones en los pasos, y emplazó a ciertas tribus en pueblos cuidadosamente seleccionados de las fronteras para que hicieran de guardianes contra posibles invasiones.

Fue un monarca tolerante con todas las religiones, a pesar de decretar la oficialidad del zoroastrismo para todo el Estado. Tampoco pareció molestarse cuando uno de sus hijos se convirtió al cristianismo.

Cuando en el 529 Justiniano I de Bizancio, cierra la Academia de Atenas, último centro del paganismo del Imperio Bizantino, Cosroe acoge a las últimos siete maestros del neoplatonismo. Allí se encontraron con que el reino de Cosroes no correspondía a su ideal platónico y obtuvieron permiso para volver a casa sin ningún perjuicio, después del Tratado entre Cosroes y Justiniano.

En el año 532 llegó a establecer con el emperador del Imperio Bizantino Justiniano I una paz perpetua, pero ésta resultó menos duradera de lo que su pomposa formulación declaraba. El rey Cosroes I esperó la oportunidad de atacar ventajosamente al territorio imperial bizantino, lo cual se presentó pronto, dada la creciente debilidad de la fortaleza militar en Oriente debido a que las reconquistas romanas en África o Italia se realizaron con tropas y mandos sustraídos de aquella zona y las tropas guarnecidas se debilitaban por la falta de un pago puntual. Sus acometidas fueron tan contundentes que el emperador bizantino Justiniano tuvo que comprar la paz mediante el pago de un tributo de 3.000 piezas anuales.

Fue sucedido por Hormizd IV.


Martes, 28 de julio de 2015 1 comentario

Las Mil y Una Noches


Después de hablar de uno sus personajes, no podemos dejar de hacer referencia al que es, sin duda, el clásico de los clásicos de la literatura en lengua árabe: Las Mil y Una Noches. Es, sin duda, una de las más importantes piezas literarias del Islam Medieval y uno de los más sobresalientes ejemplos de una obra que ha alcanzado dimensiones universales.

Popularizado a través del cine y la televisión, a todos nos suenan las aventuras de Simbad el marino,Aladino y la lámpara maravillosa o Alí Babá y los cuarenta ladrones. Aunque Simbad y Alí Babá están en esta colección de cuentos, las narraciones que aparecen en este maravilloso libro son algo más que esos personajes famosos por el cine… y que, tristemente, no tienen mucho que ver con el original.

El núcleo de estas historias está formado por un antiguo libro persa llamado Hazâr Afsâna (los Mil Mitos). El compilador y traductor de estas historias al arábigo es supuestamente el cuentista Abu abd-Allah Muhammed el-Gahshigar en el siglo IX. La historia principal sobre Scheherazade parece haber sido agregada en el siglo XIV . La primera compilación arábiga moderna, hecha de escritos egipcios, fue publicada en El Cairo en 1835.

Obra impresionante, por su tamaño y por su narrativa embelesadora… seguramente todos conocemos la versión estándar de Antoine Galland del siglo XVIII, dirigida más hacia el público infantil.  Ahora bien, es mucho más interesante la versión de Mardrus, más sensual, erótica, voluptuosa… en fin, más literaria, con más lujo y pecado.

 

mil y una noches

Dos páginas del manuscrito de Galland, la copia más antigua de Las Mil y Una Noches. Manuscrito árabe (siglo  XIV) (Siria) (Bibliotheque Nationale, Paris)

 

Fue traducida directamente del árabe por primera vez por Rafael Cansinos Assens[1], siendo la primera traducción directa del árabe al español, y completa, de Las Mil y Una Noches, en tres tomos en papel biblia, con una monumental monografía introductoria.

La historia por capítulos cuenta que el sultán Shahriar desposaba una virgen cada día y mandaba decapitarla al día siguiente. Todo esto lo hacía por venganza, ya que encontró a su primera esposa traicionándolo. Ya había mandado matar a tres mil mujeres cuando conoció a Scheherezade.

Pese a las protestas de su padre, Scheherezade pasó voluntariamente una noche con el rey.

 

Por Alah, padre, cásame con el rey, porque si no me mata seré la causa del rescate de las hijas de los musulmanes y podré salvarlas de entre las manos del rey.

Una vez en las cámaras reales, Scheherezade le pidió al sultán el poder dar un último adiós a su amada hermana, Dunyazad. Al acceder a su petición y encontrar a su hermana, como secretamente había planeado Scheherezade, le comenzó a narrar un cuento durante toda la noche. Mientras Scheherezadenarraba, el rey permaneció despierto, escuchando con asombro e interés la primera historia, y al final le pidió otra, pero Scheherezade le dijo que no había tiempo pues ya estaba amaneciendo.

En ese momento de su narración, Schehrezade vio aparecer la mañana, y se calló discretamente

Entonces, él decidió perdonarla esa vez, pues la historia que vendría durante la noche siguiente parecía mucho más emocionante y atractiva.

Así el rey conservó a Scheherezade viva, mientras pedía con impaciencia el anticipo de cada nueva historia, hasta que, después de mil y una noches de diversas aventuras, y ya con tres hijos, no sólo el rey había sido entretenido sino también educado sabiamente en moralidad y amabilidad por Scheherazade, quien entonces se convirtió en su reina

Los cuentos abarcan todas las temáticas posibles: chistes, narraciones de viajes, cuentos fantásticos, poemas, fábulas morales, cuentos eróticos, etc. Una multitud y una variedad casi incontable por la que van pasando cientos de personajes: poetas, reyes, aventureros, magos, mendigos, comerciantes, enamorados. Todos los cuentos con un final feliz, lo que es de agradecer en los tiempos que corren, en el que parece que pocas cosas van a terminar bien.

Al mismo tiempo nos aparecen unos musulmanes muy distintos de los que nos muestran hoy día los medios de comunicación. En lugar de seres cegados por la religión, que está presente en todos los cuentos, fanáticos e intolerantes, en las narraciones de Las Mil y Una Noches aparecen hombres y mujeres que disfrutan de los placeres de la vida, empezando por la buena mesa, el buen vino y el yacer en buena compañía, tolerantes y solidarios con sus semejantes, incluso con los que no comparten su fe.

Como la Biblia, Las Mil y Una Noches a veces es tolerante con otros cultos, pero siempre subsumiendo su eventual verdad dentro de la propia, como suelen hacer todas las religiones, las que aunque juzgan justos a los justos de otras religiones, los consideran en ruta hacia la verdad que ellos representan más fielmente que los otros.

Ahora bien, en demasiadas ocasiones, las personas que profesan las religiones son xenófobas e intolerantes y caricaturizan a las gentes de las otras en especial cuando tratan de convertir a losVerdaderos Creyentes a su religión. En esto, Las Mil y Una Noches no son la excepción: como en la historia de Mesrur el mercader y su amada Sinu-L-Mauazif  que deja a judíos y cristianos como gente de cuestionable e indigna conducta.

En cualquier caso, Las Mil y Una Noches evidencia el generoso uso y abuso que los devotos de Alá hacían del vino antes, durante y después de las no menos generosas comidas. Se recogen hasta 30 de las virtudes que tiene el consumo de vino.

Por ejemplo, podemos encontrar el delicioso cuento titulado Historia del mandadero y las tres doncellasen la que erotismo, vino y placer van de la mano:

 

Entonces el mandadero se regocijó en extremo, y dijo a la que le había defendido: “¡Por Alah! A ti te debo la primera ganancia del día”. Y dijeron las tres: “Quédate, ¡oh buen mandadero! y te tendremos sobre nuestras cabezas y nuestros ojos”. Y en seguida la proveedora se levantó y se ajustó el cinturón. Luego dispuso los frascos, clasificó el vino por decantación, preparó el lugar en que habían de reunirse cerca del estanque, y llevó allí cuanto podían necesitar. Después ofreció el vino y todo el mundo se sentó, y el mandadero en medio de ellas, en el vértigo, pues se figuraba estar soñando.

Y he aquí que la proveedora ofreció la vasija del vino y llenaron la copa y la bebieron, y así por segunda y por tercera vez. Después la proveedora la llenó de nuevo y la presentó a sus hermanas, y luego al mandadero. Y el mandadero, extasiado, improvisó esta composición rimada:

 

¡Bebe este vino!

¡Él es la causa de toda nuestra alegría!

¡Él da al que lo bebe fuerzas y salud!

¡Él es el único remedio que cura todos los males!

¡Nadie bebe el vino, origen de toda alegría, sin sentir las emociones más gratas!

¡La embriaguez es lo único que puede saturarnos de voluptuosidad!

 

Después besó las manos de las tres doncellas, y vació la copa. En seguida, aproximándose a la mayor, dijo: “¡Oh señora mía! Soy tu esclavo, tu cosa y tu propiedad!”

 

La historia de Alí Nuru-D-Din y Maryem, la cinturonera es otro ejemplo. El nombre Maryem es árabe por María, y su apellido-adjetivo “cinturonera” (as-sonariya) un apodo que los musulmanes le encajaban a los cristianos peregrinos y a los judíos, que usaban el cinturón como parte de su indumentaria. Enredada, por supuesto, en la clásica historia de amor, probablemente sea una de las que más poesías contiene.  La citamos puesto que también se lee un verso que contradice la común creencia en la prohibición  a rajatabla del alcohol y que más bien nos sugiere a Omar Khayyam (del que hablaremos enseguida):

 

Bebamos, que Alá clemente

perdona a los pecadores

y en el vino medicina

encuentro yo a mis dolores

y di que tampoco peco,

al beber, ya que Alá dijo:

Para el hombre, en la bebida,

se encuentra algún beneficio.


[1] R. C. Assens nació en Sevilla en 1882 y con quince años, en 1898, fallecido su padre, se traslada con su familia a Madrid, ciudad que ya nunca abandonaría. A su familia, muy modesta y de recursos económicos escasos, pertenecía también la actriz y bailarina norteamericana Margarita Cansino, más conocida como Rita Hayworth. Su educación fue profundamente cristiana de la mano de su madre, ferviente católica, y de la de sus dos hermanas mayores, que llegaron a ser novicias. La rama paterna,Cansino, era consciente a mediados del siglo XIX de su herencia conversa, lo que llevó a un jovencísimo Rafael a investigar el origen de su apellido, encontrando evidencias de un pasado familiar marcado por la expulsión de los españoles de religión judía en 1492 y que dividió a las familias sefarditas. Es a partir de este momento cuando comienza en él el proceso de asimilación al judaísmo, que ya le acompañará, con no pocos contratiempos, hasta el último minuto de su existencia.

Su primer cuento aparece en la revista literaria El Arte hacia 1898 y también colabora en Vida Nueva,revista de la generación del 98 dirigida por el gaditano Dionisio Pérez Gutiérrez. Un pariente le hizo conocer a los redactores de El Motín, pero José Nákens y sus amigos son antimodernistas, y Cansinos se siente ya perteneciente a la nueva sensibilidad. Hacia 1901 Pedro González-Blanco le pone en contacto con el Modernismo que le cautiva y conoce a Francisco Villaespesa; con él y otros jóvenes innovadores pasea por las calles madrileñas y recala en ciertas tertulias. Colabora en Helios (1903), Revista Latina yRenacimiento (1907). En esos años de comienzo del nuevo siglo participa activamente con el senador Ángel Pulido en una campaña filo-sefardí que tuvo por finalidad recuperar la memoria judía española. Escribe salmos. Frecuenta el Colonial y otros cafés de tertulia. Se hace periodista e irá relacionándose con el citado Villaespesa, Juan Ramón Jiménez, Emilio Carrere, Felipe Trigo, Rubén Darío, Rafael Lasso de la Vega, Gregorio Martínez Sierra, Carmen de Burgos, Ramón Gómez de la Serna, Antonio Machado y Manuel Machado, etcétera.

Publica su primera obra, El Candelabro de los siete brazos (salmos), en 1914, modernista, pero publicada tardíamente, cuando ya esta estética empieza a periclitar. Por entonces tiene su propia tertulia en el Colonial, donde es animador de las vanguardias; tras venir a España el poeta chileno Vicente Huidobro en 1918 y fundar el Ultraísmo, cuando este se va asume la jefatura, liderato y patrocinio del movimiento en España a través de las revistas Cervantes y Grecia, aunque la verdadera portavoz del movimiento será la revista Ultra(enero de 1921 – febrero de 1922). Al mismo tiempo mantiene una relación muy estrecha con la incipiente comunidad judía de Madrid, que en aquel entonces gira en torno a la figura de Max Nordau. En 1919 abandona el periodismo para dedicarse por completo a la literatura. Dirige la revista Cervantes, y colabora en otras como: Grecia, Ultra, Tableros, etc. Su obra de aquellos años, excepto algunos textos que firmó con el seudónimo de Juan Las, no tiene nada de vanguardista, sino que hunde sus raíces en textos bíblicos. Es la época en la que se relaciona con Guillermo de Torre, Adriano del Valle, Xavier Bóveda, Vicente Huidobro, etc. También con Jorge Luis Borges, que desde ese momento se referirá a él como su maestro. En 1919 pone por vez primera en español, traduciendo del inglés y francés, una antología talmúdica con el título de Bellezas del Talmud. Su prestigio como traductor irá en aumento basado en sus versiones de obras de Juliano el Apóstata, Iván Turgeniev, Lev Tolstoi, Máximo Gorki, Max Nordau, etc. En 1921, en El movimiento V.P, hace un retrato irónico de los protagonistas de las Vanguardias españolas, y en especial de la disolución del Ultraísmo.

Reconocido crítico literario, sus artículos, aparecidos fundamentalmente en La Correspondencia de España y en La Libertad, periódico de tendencia republicana en el que entra en 1925 y en el que escribe hasta la Guerra Civil. Publica también importantes ensayos de crítica literaria como Poetas y prosistas del novecientos (1919), Los temas literarios y su interpretación (1924) y los cuatro tomos de La nueva literatura (1917–1927).

Otros ensayos como El divino fracaso (1918), España y los judíos españoles (1920), Salomé en la literatura (1920), Ética y estética de los sexos (1921), Los valores eróticos en las religiones: El amor en el Cantar de los Cantares (1930) y La Copla Andaluza (1936) desarrollan de modo original los temas que enuncian sus títulos. Escribió, entre otras, las novelas La encantadora (1916), El eterno milagro (1918),La madona del carrusel (1920), En la tierra florida (1920), La huelga de los poetas (1921), Las luminarias de Hanukah (1924).

Durante la Guerra Civil redacta unos Diarios principalmente en inglés, pero también en francés, alemán y árabe aljamiado, lo que hacía para practicar las lenguas que conocía; de idéntica manera están escritos los diarios a partir de los que redactó la Novela de un literato, que alcanzan hasta el principio de la contienda; los Diarios siguen todavía inéditos. Después de la Guerra Civil española, en la que había tomado partido por los derrotados, fue depurado por el régimen de Franco y privado del carné de prensa bajo la única acusación de ser judío, e inicia un largo exilio interior, dedicándose casi por entero a traducir para la Editorial Aguilar. De su firma irán apareciendo la obra completa de autores como Dostoievski, Schiller, Goethe, Balzac, Andréyev… Todas estas obras las acompañaba de amplias biografías y estudios. Especial importancia tuvo también la primera traducción directa del árabe al español, y completa, de Las mil y una noches, en tres tomos en papel biblia, con una monumental monografía introductoria. De los años 50 es Mahoma y el Corán, biografía crítica y estudio y versión de su mensaje, publicado en una editorial bonaerense minoritaria, que acompaña de la traducción del Corán en versión directa, nuevamente por primera vez al español, literal e íntegra, y que fue publicada repetidamente hasta los años 60 por Aguilar en Madrid. También hay que reseñar en su haber unaAntología de poetas persas. Desaparecida la comunidad judía española después de la Guerra Civil, su relación con el judaísmo y sus publicaciones es a través de la Hebraica de Buenos Aires y de su íntimo amigo César Tiempo. En esos años oscuros también escribe un ensayo sobre el antisemitismo, Soñadores del galut, (conservado en la Biblioteca Nacional Argentina) y La novela de un literato (1982–1995), que forma parte de una amplia colección de diarios y memorias que todavía permanecen inéditos, como buena parte de su obra, conservada en la Fundación-Archivo Rafael Cansinos Assens (ARCA). En 2002 la fundación editó su novela póstuma Bohemia y en 2006 el sello editorial Arca Ediciones ha iniciado un amplio plan de publicaciones para recuperar definitivamente su figura, que en el nuevo siglo XXI se perfila ya como una de las más relevantes de la literatura española del XX. En 2010 entró en el Patronato de la Fundación el Ayuntamiento de Sevilla.

La vida que llevó en el triste Madrid de posguerra fue fundamentalmente nocturna, ya que dormía hasta bien entrada la mañana, cuando empezaba a trabajar; fallecida en 1946 su compañera sentimental, Josefina Megías Casado, y su hermana Pilar en 1949, con la que había convivido toda su existencia, en 1950 entró a trabajar en su domicilio de Menéndez Pelayo, Braulia Galán, que se convertiría años después en su esposa, cuidándole hasta el fin de sus días. En 1958 tuvo un hijo, Rafael Manuel, quien está al frente de la Fundación que lleva el nombre del escritor y ha realizado una encomiable labor de divulgación de su obra. Gracias a su viuda se conservó en su integridad el archivo literario del escritor, formado por más de sesenta mil documentos y una de las piezas más importantes, sino la que más, de la llamada Edad de Plata de las letras españolas. Su biblioteca, cuya donación fue despreciada por instituciones franquistas, se conserva, junto con la de Juan Ramón Jiménez, en la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico.

Cansinos fue siempre un trabajador infatigable. Poco antes de morir finalizó la traducción de las Obras completas de Balzac. Fue correspondiente de la Academia Sevillana de Buenas Letras y de la Goethiana de Sao Paulo (Brasil); en 1925 la Real Academia Española de la Lengua le concedió el premio Chirel y al año siguiente era distinguido con las Palmas Académicas francesas


Martes, 28 de julio de 2015 Sin comentarios

Omar Khayyam


Este autor es más conocido. En la Persia del siglo XI encontramos al poeta, filósofo, matemático y astrónomo Khayyam que, en sus célebres cuartetas (Rubaiyyat), canta simultáneamente al vino[1] y al instante. Omar Khayyam[2], en las Rubaiyyat, exalta el vino y lo dimensiona en la cultura árabe.

 

La fama de Khayyam en Occidente se debe fundamentalmente a esta colección de cuartetos, losRubaiyyat, cuya autoría se le atribuye y que fueron versionados en 1859 por el poeta británico Edward FitzGerald[3].

Si en Occidente Omar Khayyam tan sólo es conocido como poeta, Oriente, en cambio, lo conoció casi exclusivamente durante toda la Edad Media como astrónomo, matemático y filósofo. En el ámbito de las matemáticas estudió las ecuaciones cúbicas proporcionando una solución geométrica para algunas de ellas, e intentó clasificar ecuaciones de diversos grados según el número de términos que aquéllas contuvieran.

 

Sólo a partir de mediados del siglo XIX, desde que la traducción de Edward Fitzgerald de las Rubaiyyatdio celebridad a su nombre en Europa y en América, empezó también a ser estudiado y admirado como poeta por el Oriente persa y árabe.

 

Rubaiyat no es el nombre de una obra sino de una forma métrica (en singular, rubai, que puede traducirse como cuarteto). Tal estrofa, formada por cuatro versos con el esquema de rima A-A-B-A, era extraña a la poesía árabe clásica, y fue usada sobre todo en la persa. Se encuentran cuartetos designados con el vocablo árabe rubaiyyat desde los comienzos de la lírica persa, en el siglo X; los vemos después atribuidos a muchísimos poetas, y aun a hombres de ciencia, como Avicena[4].

Ahora bien, las Rubaiyyat por antonomasia son los atribuidos a Omar Khayyam. Si bien es cierto que algunos investigadores sostienen que Khayyam nunca hizo poesía y que los Rubaiyyat se le han atribuido por su fama y erudición. Ciertamente, el número de poemas atribuidos a Omar Khayyam es excesivo (entre quinientos y un millar), y es probable que tan sólo alrededor de unos doscientos sean suyos.

 

Estas breves composiciones tienen su origen en la literatura persa preislámica, y suelen condensar en sus versos una descripción ambiental y un pensamiento.

 

En cualquier caso, en los poemas de Khayyam, escritos con un magistral poder de síntesis, el poeta canta aparentemente a los goces del vino y el amor como refugio a la transitoriedad de la vida.  Sin embargo, bajo ello subyace una profunda y a menudo pesimista reflexión sobre la naturaleza del universo, el paso inexorable del tiempo y la relación del hombre con Dios.

 

Las Rubaiyyat constituyen una alabanza al brindis, una enorme plegaria fragmentada en estrofas que remiten a la celebración del vino y del goce del instante, frente a la finitud de la vida.

 

Este libro contiene un profundo sentido humano que canta los deleites del amor y los goces de la vida que con las transposiciones de amargura y optimismo, conforman el carácter del individuo acentuado en su realidad.

 

El autor defiende que la vida exige al hombre duros sacrificios porque es esclavo de sus propios prejuicios. Entre tantos absurdos, el hombre no disfruta de su efímera existencia. Por lo tanto, pretende convencer al hombre de que está equivocado y lo invita a que se desnude de dogmas y doctrinas para que aproveche de los valores tangibles de la naturaleza.

 

La fisonomía del poeta que estos versos traslucen es inequívoca, orientada hacia un amable goce de las efímeras alegrías de la vida y hacia un íntimo y amargo escepticismo sobre las posibilidades del hombre para alcanzar las verdades supremas, estado de ánimo que continúa toda una tradición de poesía escéptica oriental que se remonta ya a Avicena.

 

La vida de Khayyam transcurre entre la meditación, el estudio, la escritura, las mujeres y el vino, (Rubaiyyat 23):

 

Lo mejor es que abandones tus estudios y rezos.

Abrázate a una novia que despierte en ti el éxtasis.

Escancia en tu copa la sangre de los racimos

Antes de que las horas derramen la tuya

 

El vino permite una liberación transitoria de la conciencia y por eso permite el aprovechamiento pleno del presente. El concepto del carpe diem[5] encuentra en Khayyam uno de sus máximos seguidores, pues se sabe mortal y perecedero, lastrado por el pensamiento y alado por el vino tinto.

La experiencia reflexiva de Khayyam es dolorosa, como la de Wittgenstein[6] y tantos otros a los que pensar les duele pero no pueden evitar el pensar. En Khayyam, el vino surge como una válvula de escape ante ese dolor (Rubaiyyat 138):

 

¿Hasta cuando te adorarás a ti mismo

Y gastarás tus horas persiguiendo el orígen del Ser y la Nada?

Bebe vino. Esta vida a la que sigue la muerte,

es mejor que la pases ebrio o dormido.

 

Es aquí, en esta reiterada experiencia de una sabiduría que ha llegado a ser insoportable, en la que Nietzsche[7] basaba su diagnóstico del mundo griego. Los griegos conocieron los horrores de la existencia, la terrible sabiduría de Sileno[8] también cantada por Omar Khayyam (Rubaiyyat 70):

Nuestra cosecha en este mundo

es sufrir hasta el último instante.

¡Felices aquellos que parten pronto!

¡Más felices aquellos que no nacerán!

 

Para poder vivir con esos horrores…  los encubrieron, ocultándolos bajo el ropaje de sus fiestas y misterios; en un lugar donde el máximo dolor se fundía con el mayor gozo provocando el éxtasis.

 


[1] El vino es un elemento central en las cuartetas de Khayyam como bien lo atestigua su constante aparición en las Rubaiyyat 2 / 17 / 21 / 22 / 23 / 27 / 33 / 34 / 36 / 60 / 68 / 72 / 75 / 80 / 82 / 83 / 88 / 90 / 93 / 98 / 101 / 107 / 111 / 113 / 114 / 121 / 123 / 134 / 138 / 145 / 147 / 148 / 149.

[2] Nació en Nichapur, Persia, hacia el año 1040 de la era cristiana, y vivió cerca de ochenta años. Libertino, sibarita, ácido, místico y profeta, estudió Matemáticas y Astronomía, reformó el calendario musulmán, cultivó el Derecho y las Ciencias Naturales, pero todo le resultó insuficiente a la hora de resolver el misterio del Universo, las pasiones humanas y la existencia misma. Se educó en las ciencias en su nativa Nishapur y en Balkh. Posteriormente se instaló en Samarcanda, donde completó un importante tratado de álgebra. Bajo los auspicios del sultán de Seljuq, Malik-Shah, realizó observaciones astronómicas para la reforma del calendario, además de dirigir la construcción del observatorio de la ciudad de Isfahán. De nuevo en Nishapur, tras peregrinar a la Meca, se dedicó a la enseñanza y a la astrología.

[3] Edward FitzGerald (Bredfield, 31 de marzo de 1809 – Merton Rectory, Norfolk, 14 de junio de 1883) escritor, traductor e hispanista inglés.

Nació en Bredfield House, Suffolk. Su padre, John Purcell, asumió las armas y nombre en 1818 de la familia de su mujer, los FitzGeralds. Desde 1816 la familia se instaló en St Germain y París, pero en 1821 Edward marchó a la escuela en Bury St Edmunds. En 1826 llegó al Trinity College de Cambridge, y se unió al grupo denominado los Apóstoles de Cambridge. Conoció a William Makepeace Thackeray y William Hepworth Thompson, y mantuvo amistad con el poeta romántico Alfred Tennyson, también apóstol, alrededor de 1835. En 1830, FitzGerald estaba en París, pero en 1831 vivía en una granja de Naseby.

En 1853 entregó sus Six Dramas of Calderon, una traslación libre del dramaturgo áureo español. Luego se volvió a los estudios orientales y en 1856 publicó una hermosa, pero algo infiel traducción anónima versión de Sálamán y Absál de Jámi en verso miltoniano. En marzo de 1857, Cowell descubrió un manuscrito con las cuartetas del poeta ateo y matemático persa Omar Khayyam en la biblioteca de la Asiatic Society de Calcuta, y envió una copia a FitzGerald, que la tradujo libremente. El 15 de enero de 1859 publicó anónimamente su traducción con el título The Rubaiyat of Omar Khayyam, y conoció un éxito impresionante, tanto que casi es conocido en la actualidad por esa famosa traducción; en vida de su autor se imprimió cinco veces más, con correcciones. Ya era sin embargo conocido como autor del diálogo filosófico Euphranor (1851) y de una Colección de apotegmas y de axiomas (1852). En 1889, W. Aldis Wright, su amigo y albacea literario, publicó sus Letters and Literary Remains en tres volúmenes. A esta obra siguió en 1895 sus Letters to Fanny Kemble, que le descubren como un gran escritor epistolar. Las Works of Edward FitzGerald aparecieron en 1887.

[4] Avicena fue un un médico y filósofo persa. Sus trabajos abarcaron todos los campos del saber científico y artístico de su tiempo, e influyeron en el pensamiento escolástico de la Europa medieval, especialmente en los franciscanos.

Educado por su padre en Bujara (pasó toda su vida en las regiones del centro y el este de Irán), a los diez años ya había memorizado el Corán y numerosos poemas árabes. Estudió medicina durante su adolescencia, hasta recibir, con sólo dieciocho años, la protección del príncipe Nuh ibn Mansur, lo cual le permitió entrar en contacto con la biblioteca de la corte samánida.

Su vida sufrió un brusco cambio con la muerte de su padre y la caída de la casa samánida por obra del caudillo turco Mahmud de Ghazna. Necesitó echar mano de su gran capacidad de concentración y de su enorme fuerza intelectual para continuar su extensa labor con una meritoria consistencia y continuidad.

Durante el siguiente período de su vida ejerció la medicina en diversas ciudades de la región de Jorasan, hasta recalar en la corte de los príncipes Buyid, en Qazvin. En estos lugares no encontró el soporte social y económico necesario para desarrollar su trabajo, por lo que se trasladó a Hamadan, ciudad gobernada por otro príncipe Buyid, Shams ad-Dawlah, bajo cuya protección llegó a ocupar el cargo de visir, lo que le valió no pocas enemistades que le obligaron a abandonar la ciudad tras la muerte del príncipe.

Fue en esta época cuando escribió sus dos obras más conocidas:

–          El Kitab ash-shifa’ es una extensa obra que versa sobre lógica, ciencias naturales (incluso psicología), el quadrivium (geometría, astronomía, aritmética y música) y sobre metafísica, en la que se reflejan profundas influencias aristotélicas y neoplatónicas.

–           El Al-Qanun fi at-tibb (canon de medicina) fue el libro de medicina más conocido de su tiempo. Es una compilación sistematizada de los conocimientos sobre fisiología adquiridos por médicos de Grecia y Roma, a los que se añadieron los aportados por antiguos eruditos árabes y, en menor medida, por sus propias innovaciones.

Por último se trasladó a la corte del príncipe ‘Ala ad-Dawlah, bajo cuya tutela trabajó el fin de sus días.

[5] Carpe diem es una locución latina que literalmente significa toma el día que quiere decir “aprovecha el momento”, en el sentido de no malgastarlo. Fue acuñada por el poeta romano Horacio (Odas, I, 11):

Carpe diem quam minimum credula postero

El adagio latino podría equivaler a sentencias en castellano como “o dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” o vive cada momento de tu vida como si fuese el último.

Es un tópico literario, o tema recurrente, en la literatura universal como exhortación a no dejar pasar el tiempo que se nos ha brindado y a disfrutar los placeres de la vida dejando a un lado el futuro, que es incierto. Cobra especial importancia en el Renacimiento, en el Barroco y en el Romanticismo.

Este tópico respecto a las diferentes épocas literarias ha ido variando en la forma de entenderlo. Durante el periodo de la Edad Media era entendido como: vive el momento porque vas a morir pronto. Posteriormente durante el Renacimiento, los ideales de belleza y perfección hicieron entenderlo de la siguiente forma: vive el momento porque vas a envejecer pronto. Finalmente en la época Barroca este tema se volvió a interpretar de la misma forma que en la Edad Media, pero con bastante más intensidad en cuanto a la muerte.

[6] Ludwig Wittgenstein (Viena, actual Austria, 1889-Cambridge, Reino Unido, 1951) Filósofo británico de origen austriaco. Hijo de un importante industrial del acero, estudió ingeniería en Berlín y en Manchester, donde trabajó como investigador en el campo de la aeronáutica durante tres años. Empezó entonces a interesarse por las matemáticas y sus fundamentos filosóficos, y se trasladó a Cambridge para estudiar lógica bajo la dirección de Bertrand Russell (1912-1913). En ese tiempo tomaron cuerpo las ideas que luego desarrolló en su Tractatus, obra que redactó durante la Primera Guerra Mundial, en la cual combatió como voluntario del ejército austriaco. Al reincorporarse a la vida civil, renunció a la fortuna heredada de su padre en favor de dos de sus hermanas.

Siguieron unos años de alejamiento de la filosofía durante los que fue maestro de escuela (1920-1926), para ocuparse luego como arquitecto del proyecto y la edificación de la residencia en Viena de una de sus hermanas. En 1929 regresó a Cambridge para dedicarse de nuevo a la filosofía, y ese mismo año obtuvo el doctorado tras presentar como tesis el Tractatus ante un tribunal formado por B. Russell y G. E. Moore (a quien Wittgenstein sucedió en la cátedra de filosofía diez años más tarde). En 1947 abandonó la enseñanza, insatisfecho con su labor como profesor y deseoso de pensar en soledad.

Su filosofía suele considerarse dividida en dos fases, la segunda de ellas caracterizada por una crítica radical de las tesis defendidas en la primera; existen, con todo, rasgos comunes a ambas, como el interés por analizar el lenguaje como método de reflexión filosófica.

El primer Wittgenstein está representado por el Tractatus, conjunto de aforismos escritos con un lenguaje bastante críptico, que, inspirados en el atomismo lógico de Russell, investigan las relaciones entre el lenguaje y el mundo; el lenguaje figura el mundo en la medida en que comparte con él la misma estructura lógica, la cual no puede ser dicha en el lenguaje, sino tan sólo mostrada, pues es la condición de posibilidad para decir cualquier cosa. Por otro lado, también es su límite, en la medida en que el lenguaje no puede sino figurar el Mundo y, por tanto, nada se puede decir sobre cuestiones éticas o estéticas, que, según considera el filósofo, son las verdaderamente importantes.

El segundo Wittgenstein, sin embargo, sometió a crítica el supuesto básico del Tractatus de que la lógica posee una relación privilegiada con la estructura del Mundo. Consideró que ésta correspondía tan sólo a uno de los posibles usos del lenguaje (en modo declarativo y descriptivo), pero que no tenía en cuenta la lista abierta de juegos de lenguaje, entre los que se podría contar el preguntar, el exclamar o el contar chistes. El significado de un término, además, no puede depender de una proyección mental, sino de su uso social, pues de otro modo no se entiende que sea comprendido por los demás.

Ambas precisiones muestran la nueva preocupación del autor por integrar el lenguaje en el complejo de la acción y de la sociedad, abandonando la idea de hallar un modelo ideal que no derivase en un reduccionismo. Wittgenstein fue una figura crucial en el desarrollo de la filosofía analítica posterior tanto por su influencia sobre algunos miembros del llamado Círculo de Viena -aunque él no fuera un positivista lógico- como por el magisterio que ejerció desde Cambridge, donde se desarrollaría la llamada filosofía del lenguaje ordinario.

[7] Friedrich Nietzsche.(Röcken, actual Alemania, 1844-Weimar, id., 1900) Filósofo alemán, nacionalizado suizo. Su abuelo y su padre fueron pastores protestantes, por lo que se educó en un ambiente religioso. Tras estudiar filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, a los veinticuatro años obtuvo la cátedra extraordinaria de la Universidad de Basilea; pocos años después, sin embargo, abandonó la docencia, decepcionado por el academicismo universitario. En su juventud fue amigo de Richard Wagner, por quien sentía una profunda admiración, aunque más tarde rompería su relación con él.

La vida del filósofo fue volviéndose cada vez más retirada y amarga a medida que avanzaba en edad y se intensificaban los síntomas de su enfermedad, la sífilis. En 1882 pretendió en matrimonio a la poetisa Lou Andreas Salomé, por quien fue rechazado, tras lo cual se recluyó definitivamente en su trabajo. Si bien en la actualidad se reconoce el valor de sus textos con independencia de su atormentada biografía, durante algún tiempo la crítica atribuyó el tono corrosivo de sus escritos a la enfermedad que padecía desde joven y que terminó por ocasionarle la locura.

Los últimos once años de su vida los pasó recluido, primero en un centro de Basilea y más tarde en otro de Naumburg, aunque hoy es evidente que su encierro fue provocado por el desconocimiento de la verdadera naturaleza de su dolencia. Tras su fallecimiento, su hermana manipuló sus escritos, aproximándolos al ideario del movimiento nazi, que no dudó en invocarlos como aval de su ideología; del conjunto de su obra se desprende, sin embargo, la distancia que lo separa de ellos.

Entre las divisiones que se han propuesto para las obras de Nietzsche, quizá la más sincrética sea la que distingue entre un primer período de crítica de la cultura y un segundo período de madurez en que sus obras adquieren un tono más metafísico, al tiempo que se vuelven más aforísticas y herméticas. Si el primer aspecto fue el que más impacto causó en su época, la interpretación posterior, a partir de Heidegger, se ha fijado, sobre todo, en sus últimas obras.

Como crítico de la cultura occidental, Nietzsche considera que su sentido ha sido siempre reprimir la vida (lo dionisíaco) en nombre del racionalismo y de la moral (lo apolíneo). La filosofía, que desde Platón ha transmitido la imagen de un mundo inalterable de esencias, y el Cristianismo, que propugna idéntico esencialismo moral, terminan por instaurar una sociedad del resentimiento, en la que el momento presente y la infinita variedad de la vida son anulados en nombre de una vida y un orden ultraterrenos, en los que el hombre alivia su angustia.

Su labor hermenéutica se orienta en este período a mostrar cómo detrás de la racionalidad y la moral occidentales se hallan siempre el prejuicio, el error o la mera sublimación de los impulsos vitales. Lamuerte de Dios que anuncia el filósofo deja al hombre sin la mezquina seguridad de un orden trascendente, y por tanto enfrentado a la lucha de distintas voluntades de poder como único motor y sentido de la existencia. El concepto de voluntad de poder, perteneciente ya a sus obras de madurez, debe interpretarse no tanto en un sentido biológico como hermenéutico: son las distintas versiones del mundo, o formas de vivirlo, las que se enfrentan, y si Nietzsche ataca la sociedad decadente de su tiempo y anuncia la llegada de un superhombre, no se trata de que éste posea en mayor grado la verdad sobre el mundo, sino que su forma de vivirlo contiene mayor valor y capacidad de riesgo.

Otra doctrina que ha dado lugar a numerosas interpretaciones es la del eterno retorno, según la cual la estructura del tiempo sería circular, de modo que cada momento debería repetirse eternamente. Aunque a menudo Nietzsche parece afirmar esta tesis en un sentido literal, ello sería contradictorio con el perspectivismo que domina su pensamiento, y resulta en cualquier caso más sugestivo interpretarlo como la idea regulativa en que debe basarse el superhombre para vivir su existencia de forma plena, sin subterfugios, e instalarse en el momento presente, puesto que si cada momento debe repetirse eternamente, su fin se encuentra tan sólo en sí mismo, y no en el futuro.

[8] En la mitología griega, Sileno era un viejo gordo y raro sátiro, dios menor de la embriaguez. Era el padre adoptivo, preceptor y leal compañero de Dioniso, el dios del vino, al tiempo que era descrito como el más viejo, sabio y borracho de sus seguidores. Su equivalente en la mitología romana era Silvano, cuyo nombre significa simplemente “de los bosques”, y en la mitología etrusca Selvans.

Sileno era conocido por sus excesos con el alcohol, pues su amor por el vino era su pasión. Por ello, solía estar borracho y tenía que ser sostenido por otros sátiros o llevado en burro. Sin embargo los de su raza no podían seguir bebiendo indefinidamente como habrían querido, pues eran mortales como se deduce de sus tumbas, halladas tanto en la tierra de los hebreos como en Pérgamo.

Se decía que cuando estaba ebrio Sileno poseía una sabiduría especial y el don de la profecía. El rey frigio Midas estaba ansioso por aprender de Sileno y capturó al anciano echando licor a una fuente de la que Sileno solía beber. Cuando cayó dormido, los sirvientes del rey le agarraron y llevaron a su señor. Sileno compartió con el rey una filosofía pesimista: que lo mejor para un hombre es no nacer, y que si nacía, debía morir lo más pronto posible.

Una versión alternativa cuenta que, tras la muerte de Orfeo, Dioniso marchó a Frigia (algunos dicen que de camino a la India) seguido de su habitual séquito de sátiros y ménades, del que formaba parte Sileno. Éste, abrumado por la vejez y el vino, terminó por perderse y fue capturado por campesinos, quienes le llevaron ante el rey Midas, quien ya le conocía y se alegró mucho al verlo, pues tenía así la ocasión de celebrar una alegre fiesta. Se cuenta que Sileno y el rey (que también tenía una gran experiencia con el vino) estuvieron diez días y diez noches de fiesta, tras los cuales el anciano fue devuelto a Dioniso. Éste concedió un deseo a Midas en agradecimiento a su hospitalidad hacia su padre adoptivo. El rey pidió entonces el don de transformar en oro todo lo que tocase. Otra historia es que Sileno había sido capturado por dos pastores, a los que obsequió con historias asombrosas.


Martes, 28 de julio de 2015 Sin comentarios

Mohammed Schemsu-D-Din


Un poeta persa que debemos citar es Mohammed Schemsu-D-Din, más conocido como Hafiz o el guardador, por su buena memoria (conocía de memoria el Corán), máximo representante de la poesía mística sufí[1] de la Persia del siglo XIV, el VIII de la Hégira islámica.

Siempre ha existido un aire de misterio y leyendas alrededor de la vida de Hafiz, tal vez porque se han conocido muy pocos detalles de la misma.

Sus poemas celebran los placeres del vino, la caza y el amor en la corte de Shiraz (Persia). En un plano más profundo, en opinión de algunos especialistas, reflejan también su absoluta devoción como sufí a la unión con la divinidad. Asimismo satirizan la hipocresía de los líderes religiosos musulmanes.

La obra de Hafiz, recopilada hacia 1368 con el título de Diván contiene más de 500 poemas. Cada uno de los poemas consta de hasta 15 pareados muy estructurados, que se ocupan de un solo tema. El lenguaje es muy sencillo, lírico y apasionado. Llama la atención especialmente su amor hacia las gentes sencillas, y pone en relación la vida cotidiana con la búsqueda de la eternidad.

El canto al vino, a la embriaguez, al amor y al instante de Khayyam, continúa floreciente tres siglos después, en los versos de Hafiz, que siguen la estructura métrica persa de la ghazal o gazel[2].

 

 

colouredman

Dibujo coloreado titulado Un hombre anciano y otro joven junto a una mujer merendando Atribuido a Muhammad Ali (Iran, Isfahan; c. 1650)

El vino permite el olvido del mundo particular y la contemplación hiperbólica de quien se identifica panteísticamente con el universo:

¡La piedra de los sabios trae, copero!

La copa que en sí encierra el universo.

¡Venga vino! que quiero yo mi alma

de soberbia y rencor, dejar lavada.

¡Venga vino! que quiero hacer pedazos

esa red del absurdo clerical,

que trata de envolvernos en sus lazos.

¡Venga vino! Que quiero ver postrado

todo ese mundo bello, ante mis plantas

y en la tierra mandar cual soberano

¡Venga vino! Que al cielo subir quiero;

Y ver de la otra vida los misterios.

¡Vino, vino, copero! ¡Tráeme el vaso

que encierra cuanto existe de valioso

en este mundo vano!

Hafiz era un piadoso anticlerical, conforme al sufismo persa, que coincide con el luteranismo europeo en su condena de los mullahs[3] (sacerdotes islámicos), a los que llama hipócritas, y en su desprecio por los ritos exteriores y los intermediarios religiosos. Por ello su actitud mística, que le llevaba a alcanzar estados de ultraterrenalidad únicamente a través de los placeres y deleites terrenales, fue tachada por los ortodoxos de atea y blasfema.

En el fondo, si bien recapacitas,

verás que todo es uno en esta vida

Impío es para Hafiz, el sacerdote, que no disfruta de la vida y que pretende que los demás tampoco lo hagan:

El mul-lah con furor me recrimina

mi vida, y mis pecados;

con tremendos castigos me

amenaza;

mas yo no le hago caso

En Hafiz perdura y se mantiene la larga tradición persa del divino culto a la vida a través de la embriaguez y el éxtasis terrenales. La tradición juglaresca de la Edad Media europea, mejor conocida por nosotros, seguía unos patrones vitales completamente similares a los de sus contemporáneos persas.

La vida de Hafiz es más sosegada y menos inquieta que la de Khayyam, su obra menos desgarrada y menos trágica. Apartado de los asuntos políticos, vivió siempre epicúreamente como un pobredervisch[4], en el lugar que le vio nacer, sin aceptar nunca ningún puesto de favor en una corte, pese a ser muy admirado de numerosos príncipes y sultanes. Se cuenta que sólo una vez intervino en un asunto mundano para salvar a su ciudad natal (Shiraz) de la destrucción. Saliendo al encuentro del terrible ejército de Timur-lenk[5], le rogó que no lo hiciese, y fueron su palabra y su prestigio, las que disuadieron al poderoso, que no sólo accedió a su súplica, sino que además le obsequió regalos para él y para su bella y amada ciudad.

La embriaguez de este poeta está calculada con la fineza de Epicuro[6] y vemos en él la paradójica aparición de un dionisismo moderado y modelado, que no simboliza la potencia impetuosa del volcán, el terremoto o la cascada, sino el curso firme de un río tranquilo, pero profundo, que no sigue los cauces de los otros, sino que se dirige con calma a un más extenso mar, latente en cada gota de agua.

Difícil resultaría intentar establecer los límites de irradiación de la literatura sufí en Occidente. Sin embargo, acaso baste como ejemplo señalar que el sufismo no fue exclusivo del mundo islámico y que ilustres personajes -judíos, cristianos, ortodoxos- del área occidental se cuentan entre sus partidarios.

Tal es el caso del eminente astrónomo y filósofo medieval Roger Bacon[7]. Del mismo modo, Cansinos-Asséns denuncia influencias en Dostoievski[8].  Además, Chaucer[9] evidencia rasgos sufíes en susCuento del perdonador[10] y Cuento del escudero[11].

Para terminar, el orientalista Asín y Palacios advierte que la descripción que hace Dante del infierno, del purgatorio y de la visión beatífica en la Divina Comedia está demasiado próxima a la del sufí Ibn Arabi[12] como para considerarla una coincidencia fortuita.

La etimología de la palabra sufí parece tener su origen, según la tesis más aceptada, en el término saff, es decir, rango. En las mezquitas es costumbre que los fieles se coloquen en rangos frente al Mihrab (estancia de oración). Dicen los sufíes haber ellos alcanzado el primer saff entre los fieles situados frente al Solio (trono bajo dosel) de Alah, aduciendo para ello que se han purificado de la adulteración del Mundo.

Hafiz es sufí y participa por tanto de esa unión mística que le hace penetrar en otro mundo proyectando su alma, nafs, fuera del espacio de contaminación terrenal:

Cuando el cielo su diáfano y terso espejo levanta,

en el que el universo todo sus mil aspectos refleja;

donde el Chemschid de los cielos tiene su morada regia

entre místicas salmodias tejen el velo sagrado,

Shora su canto incorpora al canto de las esferas.

 

Los sufíes son además derviches (ya hemos hablado de esto), están consagrados a la pobreza:

Feliz es el mendigo que a la intemperie duerme

en tanto desvelado se agita el gran señor.

Pero ello no significa que deban transformarse en eremitas vitalicios; antes al contrario, la regla principal del sufismo exige que el devoto sea en el mundo, pero no del mundo.

Antes que él, en el 591 de la Hégira (1195 d. C.), Saadi Shirazi[13] ya había expresado la conciliación entre el placer mundano y la religiosidad en su Gulistán o Jardín de las Rosas, donde el lenguaje religioso alcanza su máxima voluptuosidad, el vino revela la devoción, la taberna se vuelve un oratorio, los besos son el rapto de la piedad. El sensualismo, en fin, transmite el ardor religioso.

Semejante paradoja no sería del todo comprendida sin tener en cuenta la irrefrenable inclinación del sufí a gozar de Dios en la Naturaleza. Las tradiciones orales sufíes y algunos autores derviches ya apuntaban en esa dirección. Adoran y aman a Dios en la belleza que les ofrece, en la belleza y en el placer que han de aprender a aprehender.

220px-Youth_kneeling_and_holding_out_a_wine-cup

Joven arrodillado con taza de vino. Reza Abbasi (Siglo XVII. Isfahán, Persia)

Hafiz recogerá esa tradición anterior para llevarla al límite; pero su hedonismo no es un hedonismo horaciano, sino que su inclinación a los placeres terrenales está íntimamente ligada a la idea de que éstos han sido reunidos y ofrecidos por Dios al hombre para servirse y gozar de ellos:

Vino y amor, ¡tesoro incomparable!

¿qué sería nuestra tierra sin vosotros,

sino un desierto yermo, intolerable?

Al cielo se lo pido con fervor;

que Alá nunca me libre de estos lazos,

que ellos llaman pecados.

¡Vino, amor!

Vino, amor y rosas, la trilogía popular es el epicentro de su vitalidad ardiente que encuentra el éxtasis en los besos y en la ebriedad la oración, la confesión (y la admirable confusión). En este ritual del deleite es obvio que Hafiz prefiere la bacante a la vestal, o a ambas si con ello consigue magnificar en él la dicha de Alá.

Tampoco se trata de un privilegio estrictamente material, porque el amor de Hafiz no exige siempre ni necesariamente correspondencia. Afianzado en el platonismo (no en la versión barroca del platonismo), la amada llega también a convertirse en una ideación sobre la que mostrar el amor al Creador:

Tus cejas abovedadas,

son quioscos paradisíacos,

en que tus ojos habitan

como ángeles encantados.

Y esos ángeles irradian

la luz que el mundo ilumina;

y que es la que ellos trajeron

de su morada divina.

Hafiz fabrica una estética del placer fundada en una independencia ética, pero condicionada, no hay que olvidarlo, por la censurable autoridad de los representantes eclesiásticos. Por consiguiente, ese amor a la libertad, al vino, a las mujeres…, constituye también una reacción contra la religión oficial, contra el enmascaramiento que entraña el rito externo religioso:

Hipócritas de suyo son los mul-lahs…;

lo que incesantemente hacemos todos,

sin ocultarnos, ellos

en secreto lo hacen, más feamente…

¡Cuánta basura guardan en sus pechos!

La naturalidad con que trata los asuntos, la actitud de desafío que aparece en sus poemas hacia las ideas religiosas manifiesta su vitalidad crítica, en cuyo fondo puede entreverse un deseo de reivindicación de los derechos del hombre en este mundo:

Es el pecado una mujer ubérrima;

la virtud es un árido esqueleto.

Yo opto por el pecado… ¡Bésame!

¡Y tú, virtud, aléjate corriendo!

Es un deseo que se niega a aceptar las observancias exteriores del Islam, pero que participa del optimismo de una religiosidad íntima.

Es preciso insistir en que aquello que a los ojos de la oficialidad y el dogma pudiera parecer manifestaciones heréticas, para Hafiz no son sino estados de exaltación mística:

Loado, Alá, seas, porque el día y la noche

creaste maravillosos, por igual;

el día en las mejillas de mi amada;

la noche en su rizada cabellera que una fragancia exhala, nocturnal.

El desenfado y a veces la procacidad nos remiten a un referente europeo inexcusable: los goliardos[14], a su actitud irreverente, radicalmente crítica y ofensiva hacia la estructura social y eclesiástica en todos sus aspectos; sólo que la crítica goliardesca, justa por cuanto los vicios criticados eran ciertos y frecuentes, es una crítica egoísta e interesada, matiz que está muy lejos de prever la naturalidad hafiziana.

También aquella simbiosis de misticismo y frivolidad puede evocar al bardo chino Li-Bai[15] cuando, calzados los zapatos de YehSieh[16] y camino de las nevadas montañas donde debía ejercitar el culto taoísta, urdía la creación de la que más tarde denominó Seis Ociosos del Bosque de Bambú y de la secta de los Bebedores Inmortales.

Hafiz ciñe el alfange del pleno gozo, que blandirá contra el tedio de una religión enclaustrada. Prefiere el rito vivo, el culto definido por una práctica dinámica, vivificante y, por qué no, didáctica en la que caben todos los elementos de vida, pues ésta no es un don doloroso y chantajeado por el miedo, sino todo lo contrario: una gracia que se ofrece como preámbulo del paraíso donde el vino será escanciado por huríes bellísimas; es, sobre todo, sincero deleite de los placeres con sencillez estética antes que aparatosas y afectadas severidad y disciplina, contra las que clama:

Por la virtud pronúncianse no pocos;

y son unos bribones;

no es noble todo lo que luce y brilla,

ni indigno todo aquello que se oculta

para armonizar, en comunión dichosa, placer y misticismo, sensualismo y trascendencia, pecado y redención.

 

LiBai

LiBai por Liang Kai. Museo Nacional de Tokyo


[1] Los sufíes son aquellos musulmanes que saborean el Islam; que se han consagrado a Dios, eliminando en sus vidas todo apego al ego. Son místicos, hombres que quieren buscar a Dios por encima de todo, sin descuidar sus responsabilidades sociales.

[2] A la denominación de Gazel corresponde una composición poética basada esencialmente en que sus dos primeros versos sean consonantes entre sí, lo mismo que todos los pares; o que los dos versos primeros finalicen con la misma palabra repitiéndose ésta al final de todos los pares, además de que en el último dístico, llamado real, el poeta se nombre a sí mismo. En cuanto al número de versos, ni siquiera la retórica persa es unánime; según unos autores, debe constar de trece versos; según otros, de menos o de más

[3] es la denominación que en algunas comunidades musulmanas recibe la persona versada en el Corán, los hadices y la jurisprudencia islámica o fiqh. En este sentido, es un término análogo al de ulema, más extendido entre los musulmanes suníes. En un sentido más general, y siempre dentro del islam suní, puede referirse a cualquier persona más versada en asuntos religiosos que el resto de los miembros de su comunidad.

[4] Un derviche (mendigo) es, en el sentido más habitual de la palabra, un miembro de una tariqa, (cofradía religiosa musulmana de carácter ascético o místico (sufí)). También designa, en Irán y Turquía particularmente, a un religioso mendicante, que en árabe se llama faqīr. En Marruecos y Argelia se usa más comúnmente la palabra ijwān (hermanos) para designar a los miembros de una cofradía.

[5] Tamerlán (del persa Timür-i lang, ‘Timur el Cojo’, Tamorlán, Timur Lang, Timur Lenk, Timur o Temür) fue un conquistador, líder militar y político turco-mongol.  Se le considera el último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central. Se le da por nacido en Kesh, Transoxiana, Asia Central, el 10 de abril de 1336, aunque fecha y lugar son casi con certeza inventados y su nacimiento debería ubicarse entre finales de la década de 1320 y comienzos de la de 1330, posiblemente en Samarcanda. Murió en Otrar, de camino a China, a la que tenía intención de conquistar, el atardecer del 17 de febrero de 1405.

En poco más de dos décadas, este noble musulmán de origen turco y mongol conquistó ocho millones de kilómetros cuadrados de Eurasia. Entre 1382 y 1405 sus grandes ejércitos atravesaron desde Delhi a Moscú, desde la cordillera Tian Shan del Asia Central hasta los montes Tauro de Anatolia, conquistando y reconquistando, arrasando algunas ciudades y perdonando a otras. Su fama se extendió por Europa, donde durante siglos fue una figura novelesca y de terror, mientras que para aquellos involucrados más directamente en su trayectoria su memoria, siete siglos después, permanece aún fresca, ya sea como destructor de ciudades del Medio Oriente o como el último gran representante del poder nómada.

[6] Epicuro (Isla de Samos, actual Grecia, h. 342 a.C.-Atenas, h. 270 a.C.) Filósofo griego. Perteneció a una familia de la nobleza ateniense, procedente del demo ático de Gargetos e instalada en Samos, en la que muy probablemente nació el propio Epicuro y donde, con toda seguridad, pasó también sus años de infancia y adolescencia.

Cuando los colonos atenienses fueron expulsados de Samos, la familia se refugió en Colofón, y Epicuro, a los catorce años de edad, se trasladó a Teos, al norte de Samos, para recibir las enseñanzas de Nausifanes, discípulo de Demócrito. A los dieciocho años se trasladó a Atenas, donde vivió un año; viajó luego a Colofón, Mitilene de Lesbos y Lámpsaco, y entabló amistad con algunos de los que, como Hemarco de Mitilene, Metrodoro de Lámpsaco y su hermano Timócrates, formaron luego el círculo más íntimo de los miembros de su escuela.

Ésta, que recibió el nombre de escuela del Jardín, la fundó Epicuro en Atenas, en la que se estableció en el 306 a.C. y donde transcurrió el resto de su vida. El Jardín se hizo famoso por el cultivo de la amistad y por estar abierto a la participación de las mujeres, en contraste con lo habitual en la Academia platónica y en el Liceo aristotélico. De hecho, Epicuro se opuso a platónicos y peripatéticos, y sus enseñanzas quedaron recogidas en un conjunto de obras muy numerosas, según el testimonio de Diógenes Laercio, pero de las que ha llegado hasta nosotros una parte muy pequeña, compuesta esencialmente por fragmentos. Con todo, el pensamiento de Epicuro quedó inmortalizado en el poema latino La naturaleza de las cosas, de Tito Lucrecio Caro.

La doctrina epicúrea preconiza que el objetivo de la sabiduría es suprimir los obstáculos que se oponen a la felicidad. Ello no significa, sin embargo, la búsqueda del goce desenfrenado, sino, por el contrario, la de una vida mesurada en la que el espíritu pueda disfrutar de la amistad y del cultivo del saber. La felicidad epicúrea ha de entenderse como el placer reposado y sereno, basado en la satisfacción ordenada de las necesidades elementales, reducidas a lo indispensable.

El primer paso que se debe dar en este sentido consiste en eliminar aquello que produce la infelicidad humana: el temor a la muerte y a los dioses, así como el dolor físico. Es célebre su argumento contra el miedo a la muerte, según el cual, mientras existimos, ella todavía no existe, y cuando ella existe, nosotros ya no, por lo que carece de sentido angustiarse; en un sentido parecido, Epicuro llega a aceptar la existencia posible de los dioses, pero deduce de su naturaleza el inevitable desinterés frente a los asuntos humanos; la conclusión es la misma: el hombre no debe sufrir por cuestiones que existen sólo en su mente.

La ética epicúrea se completa con dos disciplinas: la canónica (o doctrina del conocimiento) y la física (o doctrina de la naturaleza). La primera es una teoría de tipo sensualista, que considera la percepción sensible como la fuente principal del conocimiento, lo cual permite eliminar los elementos sobrenaturales de la explicación de los fenómenos; la causa de las percepciones son las finísimas partículas que despiden continuamente los cuerpos materiales y que afectan a los órganos de los sentidos.

Por lo que se refiere a la física, se basa en una reelaboración del atomismo de Demócrito, del cual difiere principalmente por la presencia de un elemento original, cuyo propósito es el de mitigar el ciego determinismo de la antigua doctrina: se trata de la introducción de una cierta idea de libertad o de azar, a través de lo que Lucrecio denominó el clinamen, es decir, la posibilidad de que los átomos experimenten espontáneamente ocasionales desviaciones en su trayectoria y colisionen entre sí. En este sentido, el universo concebido por Epicuro incluye en sí mismo una cierta contingencia, aunque la naturaleza ha sido siempre como es y será siempre la misma. Éste es, para la doctrina epicúrea (y en general para el espíritu griego), un principio evidente del cosmos que no procede de la sensación, y la contemplación de este universo que permanece inmutable a través del cambio es uno de los pilares fundamentales en los que se cimienta la serenidad a la que el sabio aspira.

[7] Roger Bacon  (Ilchester, c. 1220-Oxford, 1292) Filósofo, científico y teólogo inglés. Estudió en Oxford y se trasladó a París (1236). Tras hacerse franciscano, comentó a Aristóteles y, desde 1247, se dedicó a estudios científicos.

De nuevo en Oxford (1251), escribió De los espejos, De la multiplicación de las especies y unaMetafísica. Sin embargo, en 1257, se le prohibió enseñar y volvió a París. A instancias de su protector (Clemente IV), emprendió los Communia naturalium (un balance de la ciencia de su época), que abandonó para escribir el Opus maius (1267-1268), obra que envió al papa junto con la ya citada sobre las especies y otras dos (Opus minus y Opus tertium), y escribió también un Compendio del estudio de la filosofía.

En 1277 el general de los franciscanos, Jerónimo de Ascoli, tachó de sospechosas sus obras (sobre todo por sus ataques a San Alberto Magno y a Santo Tomás); condenadas sus tesis, estuvo en prisión hasta 1292. Ya en libertad, no pudo concluir su Compendio del estudio de la teología.

Científico avanzado a su tiempo, captó los errores del calendario juliano, señaló los puntos débiles del sistema tolemaico, indicó en óptica las leyes de reflexión y los fenómenos de refracción, comprendió el funcionamiento de los espejos esféricos, ideó una teoría explicativa del arco iris, describió ingenios mecánicos (barcos, coches, máquinas voladoras) y tomó de los árabes la fórmula de la pólvora de cañón.

Difusor (en París) y luego crítico de Aristóteles, adoptó una doctrina de los universales de tipo conceptualista y propuso la ciencia experimental como alternativa a la dialéctica escolástica; sin embargo, todo ello se basaba en una cosmovisión creyente, según la cual la ciencia se apoya en la teología (don divino) y la filosofía -su servidora- procede de la revelación desde Adán.

[8] Fiódor Mijailovich Dostoievski (Moscú, 1821 – San Petersburgo, 1881) fue un novelista ruso. Educado por su padre, un médico de carácter despótico y brutal, encontró protección y cariño en su madre, que murió prematuramente. Al quedar viudo, el padre se entregó al alcohol, y envió finalmente a su hijo a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo, lo que no impidió que el joven Dostoievski se apasionara por la literatura y empezara a desarrollar sus cualidades de escritor.

A los dieciocho años, la noticia de la muerte de su padre, torturado y asesinado por un grupo de campesinos, estuvo cerca de hacerle perder la razón. Ese acontecimiento lo marcó como una revelación, ya que sintió ese crimen como suyo, por haber llegado a desearlo inconscientemente. Al terminar sus estudios, tenía veinte años; decidió entonces permanecer en San Petersburgo, donde ganó algún dinero realizando traducciones.

La publicación, en 1846, de su novela epistolar Pobres gentes, que estaba avalada por el poeta Nekrásov y por el crítico literario Belinski, le valió una fama ruidosa y efímera, ya que sus siguientes obras, escritas entre ese mismo año y 1849, no tuvieron ninguna repercusión, de modo que su autor cayó en un olvido total.

En 1849 fue condenado a muerte por su colaboración con determinados grupos liberales y revolucionarios. Indultado momentos antes de la hora fijada para su ejecución, estuvo cuatro años en un presidio de Siberia, experiencia que relataría más adelante en Recuerdos de la casa de los muertos. Ya en libertad, fue incorporado a un regimiento de tiradores siberianos y contrajo matrimonio con una viuda con pocos recursos, Maria Dmítrievna Isáieva.

Tras largo tiempo en Tver, recibió autorización para regresar a San Petersburgo, donde no encontró a ninguno de sus antiguos amigos, ni eco alguno de su fama. La publicación de Recuerdos de la casa de los muertos (1861) le devolvió la celebridad. Para la redacción de su siguiente obra, Memorias del subsuelo(1864), también se inspiró en su experiencia siberiana. Soportó la muerte de su mujer y de su hermano como una fatalidad ineludible. En 1866 publicó El jugador, y la primera obra de la serie de grandes novelas que lo consagraron definitivamente como uno de los mayores genios de su época, Crimen y castigo. La presión de sus acreedores lo llevó a abandonar Rusia y a viajar indefinidamente por Europa junto a su nueva y joven esposa, Ana Grigorievna. Durante uno de esos viajes su esposa dio a luz una niña que moriría pocos días después, lo cual sumió al escritor en un profundo dolor.

A partir de ese momento sucumbió a la tentación del juego y sufrió frecuentes ataques epilépticos. Tras nacer su segundo hijo, estableció un elevado ritmo de trabajo que le permitió publicar obras como El idiota (1868) o Los endemoniados (1870), que le proporcionaron una gran fama y la posibilidad de volver a su país, en el que fue recibido con entusiasmo. En ese contexto emprendió la redacción de Diario de un escritor, obra en la que se erige como guía espiritual de Rusia y reivindica un nacionalismo ruso articulado en torno a la fe ortodoxa y opuesto al decadentismo de Europa occidental, por cuya cultura no dejó, sin embargo, de sentir una profunda admiración.

En 1880 apareció la que el propio escritor consideró su obra maestra, Los hermanos Karamazov, que condensa los temas más característicos de su literatura: agudos análisis psicológicos, la relación del hombre con Dios, la angustia moral del hombre moderno y las aporías de la libertad humana. Máximo representante, según el tópico, de la novela de ideas, en sus obras aparecen evidentes rasgos de modernidad, sobre todo en el tratamiento del detalle y de lo cotidiano, en el tono vívido y real de los diálogos y en el sentido irónico que apunta en ocasiones junto a la tragedia moral de sus personajes.

[9] Geoffrey Chaucer  (?, h. 1343-Londres, 1400) Poeta inglés. Hijo de un vinatero proveedor de la corte, se cree que asistió a la escuela de gramática latina de la catedral de San Pablo y que estudió leyes en el Inns of Court. En 1357 era paje de la condesa del Ulster, y más tarde (h. 1367) escudero de Eduardo III. Hombre cercano a la Corte, alrededor de 1366 contrajo matrimonio con Philippa Roet, dama de compañía de la reina.

Desempeñó los cargos de interventor de aduanas en el puerto de Londres (1374-1386) y luego de juez de paz en Kent, parlamentario y encargado de los jardines y palacios reales. En comisiones reales, realizó diversos viajes al reino de Navarra, a Francia e Italia, lo que le sirvió para conocer la obra de Dante, de Petrarca y de Boccaccio. Al final de su vida alquiló una casa en las proximidades de la abadía de Westminster, y obtuvo el privilegio de ser enterrado en ésta.

Buen conocedor de la literatura cortesana francesa (Deschamps, Machault), su influencia se deja sentir en la primera parte de su obra; se le atribuye la traducción al inglés del célebre Roman de la rose, del que sólo se conservan algunos fragmentos. Esta influencia es así mismo patente en el Libro de la duquesa(Book of the Duchesse, h. 1374), su primera obra, escrita en tono elegíaco y dedicada a su protector, Juan de Gante, con motivo de la muerte de su primera esposa, Blanche.

Su primera estancia en Italia data de 1372, cuando se trasladó a Génova para cerrar un acuerdo comercial, y con este motivo entró en contacto con la literatura italiana, de cuya influencia son una clara muestra sus poemas La casa de la Fama (The House of Fame, 1380) y El parlamento de las aves (The Parlement of Fowls, 1382).

El primero, de dos mil versos, refiere en tono humorístico el accidentado viaje del poeta a lomos de un águila dorada rumbo al palacio de la diosa Fama. El segundo, que contiene muchos de los elementos típicos de los géneros cortesanos de la época, describe una reunión de toda clase de aves, con motivo de la fiesta de San Valentín, para elegir su pareja, lo cual da motivo a una águda sátira llena de comicidad.

Entre sus obras de influencia italiana figura también Troilo y Crésida (Troilus and Criseyde, 1383-1385), un largo poema de ocho mil versos que relata una historia de amores desgraciados en el marco de la guerra de Troya, y que al parecer ofendió a la esposa de Ricardo II, Ana de Bohemia. La leyenda de las mujeres virtuosas (The Legende of Good Women), obra inconclusa escrita al año siguiente, (1386), podría obedecer a la voluntad de desagraviar a la dama. El poeta se acusa en el prólogo de haber cantado a una mujer infiel, y se propone, para redimirse, la tarea de cantar las vidas de toda una galería de mujeres fieles que murieron por amor.

La obra más ambiciosa de Chaucer es, sin embargo, Los cuentos de Canterbury (Canterbury Tales), conjunto de relatos en verso inspirados en el Decamerón, que debió de componer entre 1386 y 1400. El poeta escribió en realidad sólo la cuarta parte de los cuentos que planeó en un principio, aunque la muestra recoge ya casi todos los géneros de la cuentística medieval. La obra desempeñó un papel crucial en la fijación de la gramática y la lengua inglesas. Chaucer se revela como gran artista y profundo psicólogo, capaz de imprimir gran vivacidad a la narración y impregnarla de un humor malicioso y profundamente humano.

El hilo conductor de la obra es la peregrinación de una serie de personajes, procedentes de todos los estamentos sociales, a la catedral de Canterbury, donde se encuentra la tumba de Santo Tomás Becket. En el conjunto de estos relatos se advierte la misma ambigüedad en la relación con la Iglesia y la religión que marca otras obras del poeta: los poemas satíricos y picantes alternan con los de temática piadosa, aunque los primeros son mucho más numerosos.

Sin embargo, la obra termina con una confesión en la que el autor se retracta de los cuentos menos edificantes, así como de obras anteriores suyas, como Troilo y Crésida. El reconocimiento de Chaucer creció notablemente durante el Renacimiento, si bien su posición fundacional en la literatura inglesa no ha dejado de reconocerse con posterioridad.

[10] Este cuento pertenece a la obra Los Cuentos de Canterbury. Chaucer, inspirado por los juglares que contaban historias en las paradas de sus recorridos, escribió esta obra como si fueran cantares en un inglés considerado “medio”. Por la evolución a lo largo del tiempo de este lenguaje es posible que se den variadas interpretaciones. En esta obra se reúnen las historias contadas a lo largo del camino a Canterbury y se establece que el que cuente la mejor historia, al final del recorrido será convidado con una cena. Se han encontrado 22 de estas historias a pesar de que el poema nunca fue terminado. Se estima que fue escrito a fines del siglo XIII y comienzos del XIV.

En este cuento, Chaucer nos muestra las enseñanzas religiosas sobre la vida ligera y sin responsabilidades. Cita grandes filósofos que han tratado el tema de las libertades humanas pero siempre manteniendo un limite de acuerdo al relato y al hilo de la historia. Con un gran sentido del humor sobre el final le da ese toque que lo diferencia de ser un pesado relato totalmente religioso y dogmático

[11] En Tartaría vivía el rey Cambinskan. Era muy religioso y tenia muchas virtudes. Tenía dos hijos y una hija.  La hija era muy bella. Cuando el rey cumplía años, se celebraba por toda la comarca. En la fiesta se servia de todo. En uno de esos cumpleaños, apareció en la puerta un caballero llevando en su mano un espejo, en su pulgar un anillo de oro y una espada. Se acercó a la mesa de honor y saludó al rey y a la reina y le dijo que venia de parte del rey de India y que para honrarlo le mandaba los siguientes regalos: un caballo de bronce que lo llevaría por dónde él quisiera, un espejo que le permitiría ver cuando fuera a ocurrir algo malo en su reino y para su hija un anillo que le permitiría comunicarse con todas las aves, y conocer también todas las hierbas que sirven para curar, la espada desnuda que atraviesa y corta toda armadura . Dicho esto, salió y desmontó el caballo el cual se quedo inmóvil como una piedra. El caballero cenó con el rey y con todos los demás.  Después de la cena se dirigió a enseñarle al rey como manejar el corcel. Después de esto todos se fueron a dormir. Canace, la hija del rey, se levantó muy temprano para caminar por los jardines, en un árbol muy seco vio a un halcón hembra herido. Canace, como llevaba el anillo, entendía todas las cosas que el ave le decía y le pregunto porque ella misma se hería y le contó que había conocido a un halcón que le había prometido muchas cosas pero que al final la traicionó y por eso ella quería morirse- Ella la curó con hierbas las heridas.  Puso, junto a la cabecera de su lecho dos jaulas, una la cubrió con terciopelo azul como símbolo de la fidelidad de las mujeres.

[12] Nacido en Murcia, de padre murciano y madre bereber, se trasladó con su familia a Sevilla.3 Sus estudios literarios juveniles transcurrieron entre Lora del Río y Carmona.

El ansia de saber condujo a Ibn Arabi a una vida viajera, recorriendo primero su al-Andalus natal y luego el Norte de África visitando a los diferentes grupos sufíes. Más tarde visitó El Cairo y Jerusalén. Después de pasar dos años de emociones espirituales en La Meca decidió continuar viaje a Bagdad, Mosul, Konya (antigua capital del Sultanato de Rüm y una ciudad de la actual Turquía) y Damasco, donde finalmente se estableció durante 17 años hasta su fallecimiento.3 Su tumba, en la que después fueron enterrados dos de sus hijos, aun se conserva y es lugar de peregrinación para el mundo musulmán. Sobre su tumba los otomanos edificaron una madrasa en la que se guarda su sepulcro.

Reconocido por la tradición sufí como el mayor maestro, fue un monista integral y un teórico de la unicidad del ser: su obra reconoce en toda experiencia el rostro de Dios y en toda imagen o forma la huella divina. Mantuvo que el mundo se ofrece al hombre como la celebración perpetua de la presencia divina.

A pesar de sus esfuerzos por mantenerse dentro de la ortodoxia islámica, admitió la equivalencia de todas las creencias religiosas, en cuya variedad de rituales y leyes veía formalizaciones singulares destinadas a verbalizar el fervor religioso que habita en los hombres. Al situar dicha experiencia religiosa más allá de cualquier medida moral, negaba de modo implícito la existencia del infierno y afirmaba que el paraíso acogería eternamente a todas las criaturas sin distinción.

Ello le valió la hostilidad de numerosos teólogos sunnitas, entre ellos el sirio Ibn Taymiyya (siglo XIII). Su poemario La intérprete de los ardientes deseos, inspirado por una mujer persa, amalgama figuras bíblicas y coránicas. Por lo que se refiere a sus vastas Conquistas espirituales, constituyen sin duda la enciclopedia más completa del sufismo

[13] Saadi es uno de los principales poetas persas del período medieval, reconocido no sólo por la calidad de su escritura, sino por la profundidad de su sensibilidad social. Sus obras más conocidas sonBostan (El jardín de las frutas) (1257), y Gulistán (El jardín de las rosas) (1258).

Bostan está escrito enteramente en verso, de rima épica y consiste en historias ilustrando apropiadamente las virtudes recomendadas a los musulmanes (justicia, liberalidad, modestia, satisfacción) así como reflexiones sobre la conducta de los derviches y sus prácticas extáticas.

Gulistán está mayormente escrito en prosa y contiene historias y anécdotas personales. El texto está intercalado con una variedad de poemas cortos que incluyen aforismos, advertencias y reflexiones humorísticas. Saadi demostró una profunda conciencia sobre el absurdo de la existencia humana, al hablar, por ejemplo, del destino de aquellos que dependían del humor cambiante de los reyes en contraste con la libertad de los derviches.

Para los estudiantes occidentales tanto Bostan como Gulistán conllevan una atracción especial, pero Saadi es recordado también como un gran creador de panegíricos y obras líricas, autor de odas maestras retratando la experiencia humana, y también por odas singulares lamentando la caída de Bagdad luego de la invasión mogol de 1258. Su producción lírica puede hallarse en Ghazaliyat (Lírica) y sus odas enQasa’id (Odas). También produjo un número de escritos en árabe.

La mezcla peculiar de cortesía y cinismo, humor y resignación que muestra la obra de Saadi, junto a una tendencia a evitar los dilemas difíciles, lo convierte para muchos en unos de los escritores más encantadores de la cultura iraní.

El estilo de prosa de Saadi, descripto como “simple, pero imposible de imitar” fluye naturalmente y sin esfuerzo. Su simplicidad, sin embargo, está basada en una trama semántica que incluye sinónimos, homófonos y oxímoron apoyados en un ritmo interno y en la rima externa.

Una de sus citas más famosas es “Todo lo que se hace con precipitación termina fácilmente en derroche”.

[14] El término goliardo se utilizó durante la Edad Media para referirse a cierto tipo de clérigos vagabundos y a los estudiantes pobres pícaros que proliferaron en Europa con el auge de la vida urbana y el surgimiento de las universidades en el siglo XIII. La mayor parte de ellos estudiaron en las universidades de Francia, Alemania, Italia e Inglaterra. No obstante, la figura del goliardo puede rastrearse hasta épocas muy anteriores. Ya en el siglo IV, el concilio de Nicea condenaba a un cierto tipo de clérigos de vida licenciosa que podrían equipararse al goliardo (Vagans). En la Regla benedictina y en otros textos canónicos posteriores se vuelve a mencionar a la figura del clérigo vagabundo y ocioso. No es extraño, pues, que los concilios condenasen de forma recurrente a los goliardos y su vida disipada. Se cree incluso que en algún momento llegaron a crear alguna especie de secta o cofradía.

Pero, más allá de su forma de vida, lo que más interesa de los goliardos es su afición a la literatura. Muchos de ellos escribieron poesía satírica en latín, donde, expresando su descontento, criticaban a la Iglesia, a la sociedad establecida y al poder, así como composiciones líricas donde elogiaban el vino, la taberna, el juego, las mujeres y el amor. La poesía goliardesca se cultivó por toda Europa durante la Edad Media. Las composiciones, casi siempre anónimas, son muy diversas: desde poemas sencillos hasta otros muy elaborados y retóricos.

En España, los goliardos eran llamados sopistas y, de ellos, derivaría la actual tuna.

La cantata Carmina Burana de Carl Orff está inspirada en este tipo de escritos medievales.

[15] Li Bai (701-762) es conocido como el poeta inmortal, se encuentra entre los más respetados poetas de la historia de la literatura china. Aproximadamente mil poemas suyos subsisten en la actualidad. El mundo occidental introdujo los trabajos de Li Bai a través de muy liberales traducciones de versiones en japonés de sus poemas, realizadas por Ezra Pound. Li Bai es mejor conocido por su imaginación extravagante y las imágenes taoístas vertidas en su poesía, a la vez que por su gran amor a la bebida. Al igual que Du Fu, Li Bai pasó gran parte de su vida viajando, situación que se pudo permitir gracias a su relajada situación económica.

Li Bai, expulsado de la corte imperial, fue el fundador de los Seis Ociosos del Bosque de Bambú y de la secta de los Bebedores Inmortales.

Se cuentan muchas anécdotas de su vida. Por ejemplo, cuentan que solía frecuentar cierta taberna. Lu, el dueño de la misma, aunque aparentaba amabilidad, explotaba a la gente y sólo se interesaba por el dinero. Un día, Li Bai fue a la taberna de Lu y éste, observándolo desde su mecedora, pensaba que el poeta no disponía de recursos, por lo que ordenó a su empleado que no le sirviera con atención. Pero éste no le hizo ningún caso y llenó la copa del poeta. Al terminarse la copa, el patrón se dirigió a Li Bai y le espetó: El alero de mi taberna es demasiado bajo y mi estanque de vino tiene poca profundidad. Comprendiendo estas palabras, Li Bai sacó de su bolsa el último lingote de plata y lo arrojó con fuerza sobre el mostrador. El rostro del patrón cambió, sonrió y dijo: No se puede medir la profundidad del río con ojos vulgares, ordenó al sirviente que le diera el cambio pero Li Bai no lo aceptó y prometió en cambio volver.

Li Bai murió en Dangtu, actual Anhui. La leyenda romántica sobre la muerte de Li Bai habla del fallecimiento de un poeta, cuando una noche paseaba en barca en el río Yangzi, ebrio, y se lanzó al agua para abrazar el reflejo de la luna, ahogándose. Algunos eruditos creen que su muerte fue el resultado de un envenenamiento por mercurio después de un largo historial de consumo de elixires taoístas para la longevidad, mientras que otros creen que murió por envenenamiento con alcohol.

[16] La Cenicienta es un popular cuento de hadas; plasmando el clásico argumento de historia popular de injusta opresión/recompensa triunfante, que recibió literalmente cientos de interpretaciones antes de épocas modernas. La primera versión se originó en China en el siglo IX y Cenicienta se llamaba Yeh-Sieh. Era una hermosa doncella, hija de un sabio profeta chino que ha enviudado y se ha vuelto a casar, y que, sintiendo el anciano próximo su fin, pide a su bella hija jurar que no permita que su rostro, como un loto, se llene de la fealdad por dolor o ira. A la muerte del padre, Yeh-Sieh, recordando la palabra empeñada, debe tolerar las humillaciones de dos crueles hermanastras, apoyadas por la madrastra, quien la condena a vivir en el hogar chino (recordemos que está en el centro de la casa china), por lo que Yeh Sieh está perpetuamente cubierta de ceniza.

Siempre amable, siempre gentil, Cenicienta pone el alma en todo lo que hace, aunque termina siendo la criada de su propia casa. Habla con los patos mandarines y entabla amistad con la carpa dorada que vive en uno de los estanques de la mansión, y tiene una relación de amistad que dicen los chinos, es uno de los 64 momentos de felicidad que tiene la vida.

Deseosa de lastimar a Cenicienta, aunque tenga que quitar la vida a un ser indefenso, la madrastra se disfraza de cenizas, para burlar y sacar al pez del estanque, y pone maldad sobre maldad al echar el cadáver al estercolero.

Un anciano sabio (el espíritu del hogar) se aparece a la inconsolable Yeh-Sieh, diciéndole que conserve el cadáver, y cualquier cosa que le pida, se le concederá. La oportunidad se aparece con un baile real. Yeh Sieh, por supuesto, pide al pez ricas vestiduras, y aparece ataviada como una princesa, con largas vestiduras de seda virgen bordado en oro y plata, tocado alto y zapatillas recamadas en brillantes.

El Rey de las Nueve Islas se enamora de ella; pero Yeh Sieh, preocupada porque la madrastra note su excesiva tardanza, sale corriendo dejando tras sí su zapato.

Al probarse el zapato (como siempre sucede), resulta la única cuyo pie cabe en el minúsculo objeto, con un ademán coqueto se calza el otro ante el asombro de los concurrentes, lo que recuerda el poema chino:Tan graciosamente esbelta, tan sin remedio bella,  por lo que el joven rey le pide vaya a gobernar junto a él las Nueve Islas , pero ella hace una solícita petición; que su madrastra y hermanastras la acompañen como damas a esta última aventura, demostrando así el perdón sincero, una de las cualidades de la mujer china.


Martes, 28 de julio de 2015 Sin comentarios

Ibn Labbun de Murviedro


De origen muladí[1], fue un piadoso alfaquí[2] de una familia de funcionarios. Era llamado en las fuentes cristianas Ben Lupón. Sabemos que fue señor de Murviedro (hoy Sagunto) y uno de los  magnates de su tiempo. Fue ministro (wazir) o cadí[3] de al-Mamún[4], rey de Toledo. Se declaró independiente cuando al-Qádir [5] heredó el gobierno. La crónica de Ibn al-Jatib[6] lo presenta como señor de Alcalá de Henares, aunque no precisa la fecha en que se desarrolló su dominio sobre dicha ciudad.

 

En 1086 recibió del soberano de Valencia, al-Qádir, el gobierno de la ciudad de Valencia, pero lo abandonó ese mismo año y se trasladó a la fortaleza de Murviedro, en la que pudo declararse independiente gracias a la debilidad de las taifas que aún sobrevivían en el último cuarto del siglo XI.

 

No se atrevió a declararse príncipe soberano de sus dominios y pidió la protección de Ibn Razín[7], señor de Albarracín, para poder defenderse del Cid. Ibn Razín lo desposeyó de su señorío.

 

En 1088 se acogió a la soberanía de Mundir Ibn Hud[8] de Denia y Lleida, pero su protección no fue suficiente para evitar el intervencionismo del Cid en los asuntos de Levante y el soberano de Murviedro se vio obligado a pagar cuantiosas parias a Rodrigo de Vivar.

 

En noviembre de 1092 Abú Isa Lubbun cedió el castillo de Murviedro a Abd al-Malik Ibn Hudayl de Albarracín[9], como único modo de negarse a cumplir la orden del Cid dirigida a los alcaides de los castillos dependientes de Valencia de abastecer a las tropas cristianas que marchaban hacia la ciudad del Turia.

 

El rey de Santa María de Levante se apresuró a tomar posesión del castillo y seguidamente, para no despertar la ira del Cid, fue a prestarle vasallaje por el dicho castillo. Abd al-Malik se comprometió a abastecer al ejército del Campeador y a comprar el botín que el Cid ofreciera.  Después regresó junto con Ibn Lubbun y su familia a su castillo de la Serranía, donde éstos fueron alojados, aunque no tan espléndidamente como debían haber acordado ambos, según se desprende de los versos que Ibn Lubbun escribió durante su estancia en Santa María.

El de Vivar concedió tregua tras tregua a los habitantes de Murviedro, hasta que el 24 de junio de 1098 entró en la fortaleza, a cuyos pobladores expulsó sin que estos hubieran recibido ayuda alguna de su señor.

 

Se ignoran las fechas del  nacimiento y muerte de Ibn Lubbún, aunque su tiempo y su poesía pueden corresponder a los de la Escuela Valenciana de Ibn Jafaya del que hablaremos enseguida.

 

La muwaxaha[10] de Ibn Lubbún que se conoce tiene por tema el amor: el poeta enamorado de una esclava se humilla ante ella.

En el libro Poesía y Arte de los Árabes de España y Sicilia de Federico de Shack aparece citado como ejemplo de composición popular junto a otras composiciones cultas.

 

Josep Piera[11] ha traducido al valenciano dos: una es un poema báquico y otra es un fragmento de una elegía amorosa.

 

Seguiu-me al desert, amics, per tal de veure en l’arena

les pedres enderrocades de la llar de l’estimada.

Vull recordar nits de joia i plànyer el temps que fuig.

La meua vida, aleshores, era un vell esclat de brots

als jardins on ella em duia el rec lluent dels seus ulls.

On s’han amagat els astres que prop meu abans lluïen?

On les nits que vora tu l’albada venia alegre?

Quin goig quan tu m’oferies aquell got de vi d’or,

que en flama viva em cremava com flama de garrofer

 

Asimismo, Labarta et al (2011) en Valencià àrab en prosa i vers lo citan. Tenemos, entre otras, varias poesías haciendo referencia al vino… y por eso está aquí…

 

 

Alça’t company, fes-me rondar el vi! No veus com ratlles de color les flores del jardí?]

Creuries la seua rosa estimat envanit i enmaorat exhaurit el seu narcís;

La flor de magrana, sang de morts en combats; el llesamí, bombolla d’aigua que sura.]

———————————————

 

Quina nit! N’hi hem begut de pur i de roig, d’un color que trau les penes

Veies papallones caure als gots com si haguessen vist llums
——————————————————-

 

He desobeït al censor en buere vi i amb gaseles anar

Digues-li al censor:

Ignorant! Deixa

qui no es queda

sense amor, mentre sia viu, com els nobles fan.

Em captivà un cabirol

prim de ventre

que sembla quan va

branca a la duna,i a sobre una cara, com la plena luna.

Estimat altiu

amb els qui l’estimen.

Quan he sofert per ell!

Si guardés, l’obligació, i em donés, almenys el salut!

Com se’n va aquest

sense sentir

el que tinc al cor

per ell d’amor?, M’han atacat, el soldats de la mort.

No oblide el temps

quan cantà un

dels bells xics:

“Mare! Aquest noi, ha de ser tot meu, licit o prohibit”

———————————————

Amic meu! Para amb mi al desert, potser no s’han alterat els senyals de la llar.

Pregunta per una nit que s’emportà el nostre goig i plora diea que passaren i fugieren,]

nits meues quan el temps era plàcid i es vanava la verda branca de la vida,

quan em servia el vi la mà d’un esvelt, m’el passava de vesprada o de matinada.

Hi abraçava una branca que suaument s’agitava i besava la lluna plena que sorgia il.luminada.]

Mans protectores, compavelló, ens cobrien; passà el destí apartant de nosaltres sa mà.]

Quina diversió volies? Quina broma? Quina boca on collir dolç i alegre?

Quin llaüt que et cantés eloqüent «el renaix el desig després d’haver minvat?

 

 

 

[1] Muladí  puede designar a tres grupos sociales presentes en la Península Ibérica durante la Edad Media:

  • Cristiano que abandonaba el Cristianismo, se convertía al Islam y vivía entre musulmanes. Se diferenciaba del mozárabe en que este último conservaba su religión cristiana en áreas de dominio musulmán.
  • Hijo de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana.
  • Población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de Al-Ándalus.

[2] Un alfaquí es un experto en el fiqh (jurisprudencia islámica).

Según la Real Academia Española, alfaquí significa entre los musulmanes, doctor o sabio de la ley, aunque ley no tiene un significado tan preciso como jurisprudencia para traducir la voz árabe fiqhFiqhsignifica literalmente “entendimiento” y en su sentido islámico jurisprudencia, ya que la comprensión del Corán y la Sunna servía para determinar las decisiones legales.

Un alfaquí es un experto en una de las escuelas tradicionales del fiqh, llamadas madhabs. En el Islam sunní, existen las escuelas Hanafí, Hanbalí, Malikí y Shafi’í. El alfaquí es un maestro en la metodología (usul) utilizada por una o más de estas escuelas, y es capaz de aplicarla para llegar a las decisiones tradicionales de su respectiva escuela.

[3] Cadí es un gobernante juez de los territorios musulmanes, que reparte las resoluciones judiciales en acuerdo con la ley religiosa islámica (la sharia). La palabra cadí significa juzgar o magistrado. De acuerdo con el derecho musulmán, los cadíes deben basar sus sentencias en la ijma, aconsejados por losulemas.

Si las sentencias no parecen conformes al Derecho, se las somete al mufti, que pronuncia en último recurso.

Del cadí se espera el máximo ejemplo de moral y buenas costumbres, al igual que un amplio conocimiento y comprensión del Derecho y del Corán. Debe dar con su conducta muestras de valor y ecuanimidad, así como firmeza en sus decisiones.

El nombramiento de los cadíes era una prerrogativa exclusiva de los soberanos, que los nombraban al igual que a sus visires y secretarios. Su cargo revestía gran dignidad y se sabe de su importancia dentro de la sociedad andalusí. De hecho, los cadíes se convirtieron en los virtuales censores de las máximas autoridades y en el único freno con que contaba el pueblo frente a las arbitrariedades de sus gobernantes. Su poder era indiscutible, y la sencillez de costumbres, la modestia y su incorruptibilidad eran condiciones ampliamente reconocidas. Los cadíes contaban con gran respeto entre la población, ya que eran los encargados de mantener el orden e impartir justicia, y el monarca pocas veces se atrevía a quebrar sus sentencias.

El cargo estaba limitado por la potestad del soberano de turno, que podía solicitar la renuncia. Era justamente ése el medio por el cual un cadí dejaba su cargo: nunca el emir o califa echaba a sus jueces, sino que eran éstos quienes se apartaban de su magistratura. Tal era la condición de respetabilidad y jerarquía de un juez que pocas veces los monarcas se atrevieron a quebrantar esta norma.

[4] Al-Mamún de Toledo(1037 – 1075), fue rey de la Taifa de Toledo entre 1043 y 1075. Pertenecía a la dinastía Banu Di-l-Nun.

En 1062 juró vasallaje al rey Fernando I de León, lo que no evitó que prestara apoyo militar a su yerno, Abd al-Aziz ibn Amir de Valencia, cuando el rey leonés sitió la ciudad. Cuando Fernando I se vio obligado a levantar el sitio al caer enfermo, Al-Mamún aprovechó la coyuntura para hacerse con la taifa de Valencia, que desde entonces pasó a formar parte de la taifa toledana.

También intentó hacerse con la taifa de Córdoba en 1069, aunque fracasó al recibir la antigua capital califal la ayuda del rey de la taifa de Sevilla, Al-Mutamid.

En 1072 acogió en la corte toledana a Alfonso VI cuando éste perdió el trono leonés a manos de su hermano Sancho II. Se inició entonces entre ambos una gran amistad y Al-Mamún sería, desde entonces y hasta su muerte, aliado de Alfonso VI en todas las operaciones militares que llevó a cabo el rey leonés.

Estuvo casado con Zaida que posteriormente se convertiría al cristianismo y se casaría con Alfonso VI, de cuya unión nacería Sancho, el único hijo varón que tuvo el Rey pero que no llegaría a reinar debido a su muerte en la batalla de Uclés.

En 1074 logró conquistar Córdoba, ciudad donde fallecería envenenado en 1075.

[5] Al Qádir fue rey de la Taifa de Toledo entre 1075 y 1085 y de la de Valencia desde 1086 hasta su muerte. Sucedió en el trono a su abuelo Al-Mamún cuando éste murió asesinado en 1075. En 1079 las revueltas en la taifa toledana y el acoso que sufría por parte del rey de la taifa de Badajoz, Al-Mutawakkil, que tomó la ciudad, le hicieron huir y solicitar la ayuda del rey leonés Alfonso VI quien acudió en su auxilio y aprovechó para hacerse con la ciudad el 25 de mayo de 1085, mientras que a Al-Qádir se había reservado el trono de la taifa de Valencia, aunque tuvo que enfrentarse a las ambiciones del rey de la taifa de Zaragoza Al-Mutamin, por lo que Alfonso VI envió tropas al mando de Álvar Fáñez para protegerle. Sin embargo este apoyo duraría poco, pues en 1086 Alfonso VI requeriría a su vasallo para enfrentarse a los almorávides en la batalla de Sagrajas y otras misiones contra el nuevo poder norteafricano, por lo que la zona levantina pasó a conformarse como un conglomerado de alcaides sin que hubiera un poder fuerte que pudiera imponerse en la zona, circunstancia que aprovecharía Rodrigo Díaz el Campeador para hacerse con el control de la zona.

A partir de 1090, el Cid se hizo con el protectorado de todo Levante incluida Valencia actuando por cuenta propia. Al-Qádir pagaba impuestos al noble castellano, quien usurpaba así los pagos que antes pertenecieron a Alfonso VI. Fue entonces cuando los almorávides comenzaron a ocupar al-Ándalus en detrimento de los reyes taifas. Ante dicha amenaza y una prolongada ausencia del Cid, que en 1091 emprendió una campaña contra las tierras del conde de Nájera García Ordóñez, invadiendo el reino de Alfonso VI actuando con base en la Taifa de Zaragoza, el Campeador perdió su influencia y muchos valencianos abogaron por entregar la ciudad a los almorávides. En 1092, una revuelta popular instigada por el cadí Ibn Yahhaf con apoyo de la facción proalmorávide depuso a Al-Qádir y lo ejecutó el 28 de octubre de aquel año.

[6] Ibn al – Jatib nació en Loja (Granada) en 1313. Es uno de los autores más biografiados por la historiografía moderna y contemporánea. Originario de una familia de ascendencia cordobesa, recibió su primera educación de la mano y el conocimiento de su padre y de otros eruditos de la época, haciendo el tradicional aprendizaje primario, compuesto de la enseñanza de las ciencias del Islam, gramática, poesía y ciencias naturales.

Ya en Granada, ciudad a la que se trasladaron sus padres, Ibn Al Jatib (el hijo del predicador) hizo sus estudios bajo la dirección de sus más importantes educadores, cultivando las ciencias filosóficas y adquiriendo importantes conocimientos en medicina. Gran aficionado a las letras, nuestro personaje desarrollaría una excelente habilidad literaria, evidenciando grandes dotes como poeta y epistológrafo.

A pesar de su temprana relación con la corte nasrí, no es posible afirmar que hubiese entrado oficialmente en ella hasta que ocupara el trono Yusuf I. A la muerte de su padre en 1340, Ibn Al Jatib, ocuparía el cargo de secretario en el departamento de correspondencia.

El ascenso de Ibn Al Yayyab, su principal mentor, hasta el visirato propiciaría el paralelo ascenso de Ibn Al Jatib; y más aún, la muerte de aquel, acaecida en 1349, permitiría que recibiera de Yusuf I el importante cargo de Jefe de la Secretaría real, dignidad a la que unió la de ministro y el mando militar, entre otras varias responsabilidades. Así pues, Ibn Al Jatib, con poderes y confianza sin límites, y gracias a su extraordinaria capacidad de trabajo intelectual y político, y a su cada vez más sólida situación económica, acrecentaría sin freno su prestigio personal.

Con la proclamación del nuevo monarca Muhammad V, Ibn Al Jatib viviría un tiempo en compás de espera como lugarteniente del liberto Ridwan, autentico hombre fuerte de la corte en aquel momento. Entonces tendría tiempo para demostrar sus grandes cualidades para la diplomacia, trasladándose a la corte merinida de Abu Inan, para solicitar el apoyo de este príncipe contra las armas extranjeras de los castellano-leoneses. Ibn al-Jatíb se presentó en dicha audiencia regia, adelantándose a los visires y jurisconsultos que formaban parte de la embajada, y dirigiéndose al propio Abu Inan solicitaría permiso para recitar, de forma literaria, su misión, antes de entrar a parlamentar. El príncipe accedió a ello, y encontrando muy hermosas sus palabras. A continuación colmaría de mercedes e infinidad de regalos a los miembros de la embajada y, antes de despedirlos, les concedió cuanto solicitaron.

Merced a estas habilidades no tardó Ibn Al Jatib en ganar el título político de doble visir que tradicionalmente se concedía a los visires con poderes ejecutivos. Su influencia en la corte y su riqueza provocarían la envidia de los cortesanos, hasta que uno de sus discípulos, el poeta Ibn Zamrak, de la escuela maliquí, conspirara contra él, acusándole de deslealtad al Islam, debido a los postulados sufistas que profesaba.

Fue exiliado a Fez, en donde disfrutaría de un tiempo de vida especialmente agradable bajo la protección del rey merinida, coincidiendo en el tiempo con el destronado Muhammad V. Durante este periodo Ibn Al Jatib también residiría en la ciudad de Sale, hasta el año 1362, en que Muhammad V recuperara nuevamente el trono de Granada, reclamando su regreso para reponerlo en el puesto que había ocupado hasta el exilio.

Ibn Al Jatib había quedado marcado por la desconfianza, a pesar de recobrar altas dignidades y poderes; tantos y tan grandes, que los familiares del príncipe y otros cortesanos comenzaron a levantar contra él todo género de intrigas y calumnias, fundamentalmente referidas a su concepción materialista de la vida. Ibn Al Jatib, advertido de las conspiraciones que se urdían contra él, llegaría a concebir la idea de abandonar la corte andalusí en busca de seguridad, y bajo la excusa de encabezar una misión para inspeccionar las fortalezas que cubrían la parte occidental del reino andaluz de Granada, huye camino de Tremecén en el 1371-1372, buscando la protección del sultán Abd Al Aziz.

En el año 1372, muerto Abd Al Aziz, los meriníes dejarían la ciudad de Tremecén, regresando al Magreb, cosa que también haría Ibn Al Jatib, que se estableció en Fez, rodeándose de numerosas propiedades, tierras y excelentes casas con hermosos jardines. Pero todos los enemigos no habían se quedado en Granada; el ministro Sulayman Ibn Dawud guardaba también sus cuentas pendientes, e Ibn Al Jatib fue arrestado. Acusado de heterodoxia por los dignatarios granadinos –sus antiguos alumnos y amigos- fue sometido a tortura y encarcelado.

Por órdenes secretas del ministro Abd Al Aziz, y aprovechando la noche, una gavilla de gente asalariada, a la cual se unieron los enviados andaluces, forzaron las puertas de la prisión y estrangularon a Ibn Al Jatib. Al día siguiente se le enterró en el cementerio de la Puerta de Mahruk, y un día más tarde su cadáver aparecería exhumado y quemado al borde de la fosa.

Durante los días de su prisión, el desventurado lbn Al Jatib se preparaba para bien morir: aún tuvo el valor suficiente para coordinar sus ideas y componer muchas elegías sobre el triste fin que le esperaba.

Tan trágico fin tuvo Ibn al-Jatib, cuya privilegiada naturaleza y su incansable actividad se entreveró de forma solicitada por dos fuerzas distintas que tiraban de él a la par: los ideales políticos, con sus luchas despiadadas, y los dulces goces en el cultivo de las letras.

Murió en 1374

[7] Segundo soberano de la taifa de Albarracín, entre 1045 y 1103, con el título de Husam al-Dawla (Sable del Estado). Fue muy criticado por Ibn Hayyan, historiador contemporáneo suyo, aunque Ibn Jaqan le pondera con ditirambos. Pero su tiempo, al volcar el siglo XI con la decadencia de las taifas, no le permite ya la altiva independencia de los Banu Razin, sus antepasados. En 1085, después que Alfonso VI  tomara Toledo, sintiendo el peligro cerca le envió sumiso sus felicitaciones por la conquista. En 1089 tributaba al Cid diez mil dinares, pero cuando lo vio lejos sitiando Valencia, dejó de pagárselos, intentando aliarse con el rey de Aragón; éste avisó al Cid, antes de agosto de 1093, quien vino a atacarle y le redujo otra vez. Pero cuando Rodrigo ganó Valencia, el señor de Albarracín se alió con los almorávides y a su lado peleó en la batalla del Cuarte, abandonando el sitio en vergonzosa fuga. Murió en la Sahla el 18 de mayo de 1103.

[8] Mugdir, Rey de la taifa de Tortosa nacido en fecha desconocida y muerto en 1090. Su nombre completo fue Mugdir Imad al-Dawla Su gobierno se desarrollo desde 1081 hasta su muerte. Miembro de la familia de los Banu Hud, hijo de al-Muqtadir rey de la taifa de Zaragoza, gobernó también las taifas de Lérida, Monzón y Denia.

En 1081, al-Muqtadir sufrió una enfermedad que lo dejo postrado y le impidió ejercer las labores de gobierno lo que propició que su reino, uno de las más grandes de la península, fuese dividido en dos; su hijo Yusuf al-Mutamin pasó a gobernar Zaragoza, Tudela, Huesca y Calatayud; y Mugdir se hizo con el gobierno de la parte oriental del reino, compuesto por Denia, Lérida, Monzón y Tortosa. De forma nominal al-Muqtadir continuó ejerciendo el poder hasta su muerte en 1082 momento en el cual el gobierno pasó a sus dos hijos.

Mugdir sufrió durante todo su reinado el acoso de su hermano Yusuf al-Mutamin, que contó con el apoyo del Cid para intentar arrebatarle sus territorios, en opinión de Yusuf, Denia, Lérida, Monzón y Tortosa le pertenecían por derecho, al ser el hijo primogénito de al-Muqtadir. A pesar de esta tremenda presión Mugdir contó con el apoyo inesperado del rey de Aragón, Sancho Ramírez I(1063-1094), que logró grandes avances en la Marca Superior, y arrebató importantes territorios al rey de Zaragoza, con lo que amplió las fronteras del reino cristiano que habían permanecido inalteradas desde tiempos de Sancho III el Mayor.

A su muerte en 1085 Yusuf al-Mutamin no había conseguido unificar el antiguo reino de su padre, y Mugdir aprovecho la minoría de edad de su sobrino Ahmed al-Mustasin II, heredero del reino de Zaragoza, para consolidar el poder en sus reinos.

A la muerte de Mugdir en 1090, le sucedió su hijo Sulaymán Sayyid, el cual era todavía menor de edad. Esta situación fue aprovechada por la familia de los Banu Betyr para hacerse con el poder de los distintos reinos.

[9] Segundo rey de la taifa de Albarracín, nacido hacia 1025 y muerto en la fortaleza de Santa María de Aben Razín el lunes 18 de mayo de 1103. Fue un monarca que se inclinó siempre a las fuerzas superiores, primero a los cristianos y después a los almorávides, intentando en todo momento conservar su territorio, en una época en la que el resto de las taifas eran anexionadas por unos o por otros.

Hijo de Hudayl Ibn Jalaf, que había hecho de Santa María de Levante un reino independiente, heredó sus posesiones en la Shala a la muerte de Hudayl, hacia 1045. Es esta una época en la que se fraguó un nuevo orden en España, tendente por una parte a consolidar la autonomía de las taifas, en las que empezaba a reinar una segunda generación de soberanos, y por otra al fortalecimiento de los estados cristianos, que se unieron para llevar a cabo una ofensiva de gran envergadura. En este contexto, Abd al-Malik no pudo aislarse en su reino como hiciera su padre, y se vio, en cambio, envuelto en las circunstancias que marcaron el destino de las restantes taifas de Levante, es decir someterse a las parias impuestas por los estados cristianos, como único medio de supervivencia política.

[10] La moaxaja (adornado con un cinturón de doble vuelta asegurado) es una composición poética culta propia de la España musulmana y España Gregoriana.

Aunque las primeras referencias escritas a ella se remontan al siglo IX, se cree que existía desde antes. También se encuentra transcrita al castellano como muaxaha, muwasahas, muassaha, etc. Fue imitada por los poetas judeoespañoles.

Este tipo de poema en lengua árabe es muy diferente de la qasida, el poema compuesto de versos largos monorrimos emparejados más arraigado en la cultura árabe. Existían desde temprano, en circulación, en la España musulmana unas “cancioncillas” de las que al-Tifasi, en el siglo XIII hablaba en estos términos: En lo antiguo, las canciones de la gente del Al-Andalus o eran por el estilo de los cristianos o eran por el estilo de los camelleros, (árabes).

A finales del siglo IX un poeta árabe que nos es desconocido glosó algunas de estas canciones en un poema árabe al que llamó moaxaja, dándole una estructura estrófica. Esto supuso una novedad radical en la lírica árabe. Su novedad radica en tres aspectos: el uso de versos cortos, las rimas cambiantes en cada estrofa y la mezcla de dos lenguas. Condicionada por la jarcha, consta de una cabeza (markaz en árabe), mudanzas (dyuz), vuelta (gulf), mudanzas y vuelta con jarcha.

También existen referencias a la moaxaja procedentes del siglo XI que mencionan a un poeta conocido oriundo de Cabra (Córdoba) en los siglos IX y comienzos del X llamado Muqaddan Ibn Muafa, Al Cabri,del que se decía que había inventado este género poético.

Fragmento de una muaxaha traducida:

Cual tímido ciervo

mi amada es bella.

Sus hermosos ojos

robó a la gacela.

Duna es luminosa

con palma de perlas.

Este género poético fue perfeccionándose e incluso se llegó a exportar a otras áreas del Islam. Posteriormente, sufrió la decadencia. Se dieron diversas variantes:

  • moaxajas con jarcha en árabe dialectal, en árabe clásico, en hebreo o en romance. La jarcha era un grupo de versos colocados en rondón al final de la composición, posiblemente predecesora del estribillo.
  • moaxajas en árabe oriental.
  • el zéjel, cultivado en especial por el conocido poeta Ibn Quzman, (o Ibn Guzmán, 1078-1160). En este género las palabras o frases en romances no aparecían al final del poema, sino en medio de él. Este poeta compuso un cancionero que nos ha llegado y fue publicado en Madrid en 1933 por A. Nykl (El cancionero de Abén Guzmán).

[11] Josep Piera i Rubió (Beniopa, Gandía, Valencia, España; 30 de mayo de 1947) es un poeta y escritor español en catalán. Licenciado en Magisterio, se inició en la litreratura participando en el colectivo Carn fresca, de jóvenes poetas valencianos. Se integraría de lleno en la que se va a denominar Generación del 70. Su primera obra en prosa, Rondalla del retorn, (1977), ganó el premio Andròmina. Después siguieron otros reconocimientos como el Premio Carles Riba o el Josep Pla. En 1991, la Generalidad de Cataluña le concedió el Premio Cruz de San Jorge. La crítica destaca en él una narrativa intimista que lo ha llevado hacia la denominada literatura del yo. La inspiración para su obra vendría de los numerosos viajes por el Mediterráneo y de los paisajes de La Drova (a Bárig), donde veraneaba de pequeño y donde se instaló a partir de 1974.

Ha traducido autores del árabe (Ibn Khajafa) y del italiano (Sandro Penna). Sobre otras actividades, ha dirigido el Any del Tirant (la commemoración de los 500 años de la aparición de Tirante el Blanco) y la editorial Tres i Quatre.


Martes, 28 de julio de 2015 Sin comentarios