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El champagne y la Champagne,  los orígenes…


En cierto sentido, se puede decir que la historia del champagne sólo tiene poco más de 340 años.  Por otro lado, la historia de la región de Champagne se puede remontar unos 2.000 años, y toda esa historia ha tenido su impacto en el presente.

 

La mayoría de los artículos y comentarios que existen sobre el origen del champagne empiezan a partir de la época de Dom Perignon, o si comienzan antes, proporcionan solamente una descripción muy breve de todo lo anterior a la época en la que vivió este monje benedictino. Dedicaremos un capítulo a intentar aclarar quién fue este monje en su día.

 

Vamos a intentar analizar, en primer lugar, qué ocurrió antes del nacimiento de Dom Perignon remontándonos varios siglos. Después seguiremos con la historia de este maravilloso producto… el mejor vino del mundo. Hoy, hablaremos de los comienzos.

 

Siempre es bueno empezar con un poco de etimología.  Entender de dónde vienen las palabras ayuda a conocer su significado.  Parece ser que la palabra champagne viene del latín campus que significa campo. Asimismo, campus es la raíz del término latino campania que significa llano (en castellano tenemos la palabra campiña). Este término fue utilizado en un principio para referirse  a las tierras de la región de Champagne.  Los franceses alteraron, de ese modo, la palabra latina campania  convirtiéndola en champaign y que luego terminaría siendo champagne.

 

Otra teoría es que derive del celta kann pan, literalmente “país blanco”. Sería éste un término que describiría los numerosos terrenos de creta blanca, tiza,  que existen en esta región y que le son característicos.

 

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Es curioso que  la palabra que designa la bebida – el champagne – sea de género masculino y la palabra usada para designar la región – La Champagne – sea una palabra de género femenino.

 

En cualquier caso, la palabra Champagne como referencia a esta parte de Francia no aparece hasta el siglo XII.  Ahora bien, se convertiría en una denominación muy popular en poco tiempo.  Del mismo modo, la primera referencia específica al vino de Champagne no se produce hasta el siglo XV – XVI.

 

Antes de esa fecha, la referencia geográfica de estos vinos eran los distintos municipios en los que se elaboraban.

 

Empecemos… No está exenta de controversia la cuestión de quién fue el primero que plantó viñas en Champagne.  Existen ciertas evidencias arqueológicas que apoyan la teoría de que hubiesen viñedos originales de esa zona.  También parece estar demostrado que los celtas de esa región de la Galia producían vino pero parece ser que era una industria menor y que la calidad del producto final no era demasiado buena.

 

De hecho, resulta tentador  remontar  la viticultura en Champagne a la Prehistoria ya que se encontraron hojas de parra fósiles en Sézanne en tobas de la Era Terciaria. Pero esta Vitis sezannensis fue expulsada de Europa por la gran glaciación Riss, hace más o menos 100 000 años. Además, no era una uva apta para la elaboración del vino como evidencian las otras especies del género Vitis encontradas en el continente americano.  Si quieren saber más sobre esto les recomiendo un trabajo de  Mª Carmen Duque y Félix Yáñez Barrau titulado Origen, Historia y Evolución del Cultivo de la Vid del Instituto de la Vid y del Vino de Castilla-La Mancha. (IVICAM).

 

Es bien entrado el período que conocemos como Historia cuando aparece en Francia la especie conocida como Vitis vinífera (especie a la que pertenecen la inmensa mayoría de variedades utilizadas para vinificación, incluidas las que se usan en Champagne).

 

Harina de otro costal es datar la presencia de la misma en la región que nos ocupa.

Algunos han afirmado, sin ninguna prueba, que ya estaba allí antes de la llegada de los romanos. Otros, para negarlo, argumentan que Julio César no la menciona en sus comentarios, escritos en el año 52 a.C, obviando que éste  sólo menciona aquellos recursos locales, suministro de trigo y de  ganado, necesarios para a sus operaciones militares.  Un tercer grupo de autores, copiándose unos a otros (yo también he cometido ese error que ahora subsano públicamente), han argumentado que Plinio el Viejo ya cita los vinos de Aÿ  en el 70 d. C., en su Historia Natural, libro XIV, capítulo VI.  El capítulo está efectivamente dedicado a los vinos, pero no hay ninguna referencia a este pueblo en el mismo ni en ninguna parte de esa obra. De hecho, los únicos vinos galos que menciona son los de la Narbonense (provincia del Imperio Romano ubicada en el sur de Francia, que comprendía las actuales regiones francesas de Languedoc y Provenza).

 

Es bastante evidente que mientras la vid y el olivo reinaban ya en el soleado suelo de la Galia Narbonense, el clima frío del todavía incultivado norte impidiese la producción de vino o aceite. La zona del Marne, que ahora es famosa por los vinos que produce, sería en la época un bosque oscuro y denso, morada de lobos, jabalíes, ciervos y bisontes.

 

También se ha querido demostrar que la viticultura existía en Champagne desde el comienzo de la época galo-romana, con el argumento de la presencia de jarrones y cuencos encontrados durante las excavaciones arqueológicas. En realidad, lo único que se puede deducir es que los bárbaros de la Galia Comata (comprendía las actuales Francia y Bélgica junto con parte de Holanda al sur del río Rin)  que estaban a cargo de la defensa de las murallas de Reims ante la llegada de Julio César y los romanos (fuerzas de ocupación) consumirían las bebidas de la época, esto es: cerveza de cebada o de trigo, hidromiel mezclada con agua, vino proveniente de Italia o del sur de la Galia o simplemente agua.

 

De todos modos, y como ya  demostró Roger DION ( Histoire de la vigne et du vin en France des origines au XIXe, siècle. Paris, 1959),  lo cierto es que la cultura de la vid llegó a la Galia meridional a principios del siglo VI a. C.  gracias a los colonos griegos que fundaron Marsella y no fue hasta el siglo III d. C. cuando se crearon los viñedos de Borgoña y del Mosela,  de donde habrían llegado las vides, entre el final de ese siglo y el IV d.C. , a la parte septentrional de Francia y, por lo tanto, a la región de Champagne.   Otros incluso retrasan la llegada al siglo V de nuestra era.

 

El próximo capítulo… Roma…


Sábado, 31 de diciembre de 2016 Sin comentarios

Sobre la razón y la pasión en los vinos…


Tuve la inmensa fortuna de estudiar en el Royal Agricultural College entre 1993 y 1995 gracias a una beca Erasmus y el esfuerzo de mis padres y hermanos. Después, tuve el honor de ser profesor visitante en esa institución durante ocho años (2001 – 2009). Durante ese tiempo, disfruté de la compañía y enseñanzas de Michael Matthews que fue mi tutor durante mi etapa de estudiante y el director del programa donde yo daba clases.

El programa en cuestión era el MBA in Wine Business Management. Obviamente, dicho programa estaba muy centrado en los aspectos económicos y de mercado del vino. Yo impartía un seminario dedicado a los vinos de España de una semana de duración una vez al año. Mi viejo profesor se jubiló y el nuevo director trajo su equipo que sin duda está realizando una excelente labor.

Ayudé a diseñar el plan de estudios de dicho programa. Fueron días de intensas charlas y discusiones sobre qué materias debían formar parte de esos estudios en función de las capacidades y competencias que queríamos que los estudiantes tuviesen al finalizarlo.

Estaba claro desde el principio que, aunque se hablaba de mercados, economía, distribución, lineales, etc., los alumnos debían adquirir un profundo conocimiento de lo que es el vino. En ese sentido, recuerdo una frase que decía Michael…. “Si quieres entender la razón de algo debes buscar su origen”. El origen, según él, eran dos caras de la misma moneda:

– La razón por la que algo se ha hecho, y

– La pasión que se puso para crearlo.

Él insistía, una y otra vez, en que yo debía explicar el origen de un vino mediterráneo y el origen de un vino andaluz y el origen de un vino del norte de España y… para que los alumnos entendiesen sus diferencias y sus matices… y que me dejase de mercados, de precios y de lo que había dicho fulano o mengano.

Recuerdo las noches en un pub de Cirencester, The Thames Head, probando vinos y discutiendo sobre las zonas de producción, los modos de vinificación, las variedades, los maridajes…

Escuché de nuevo la frase sobre el origen este pasado verano en Reims (Francia) en la clausura de un curso sobre legislación vitivinícola. La pronunció la señora Henriquez da Silva, presidenta de Krug para explicar su estrategia.

La he recordado estos días a raíz de la polémica surgida con ciertos catadores y orientadores de mercado (en el fondo son eso). La he recordado en su doble vertiente (razón y pasión) y pensando en las bodegas y en esos profesionales.

Dejaré de lado las bodegas por el momento. Hablemos del origen de los “consejeros”… Pensemos en la razón por la que han surgido y de la pasión que han puesto en la creación de su producto.

La razón es evidente… Ayudar a elegir entre un vino u otro. Esto es algo loable ya que la compra de vino tiene la peculiaridad de tener que escoger un producto (una botella) sin saber lo que vas a encontrar en él… Además, las etiquetas no ayudan mucho…

Surgen estos profesionales en las zonas en las que no hay producción autóctona de vino. La razón me la explicó un Master of Wine en Francia. Esas zonas deben comprar todo el vino de fuera de sus territorios y deben escogerlo en base a criterios fiables o más o menos objetivos. No es por lo tanto casual que el champagne, el oporto o el jerez sean vinos que son lo que son merced al prestigio que le dieron consumidores de territorios que no tienen nada que ver con su zona de producción. En los tres casos debemos dar gracias a los británicos.

El paradigma de esta figura es el ya citado Master of Wine. Merece la pena leer detenidamente sus orígenes y sus objetivos. No obstante, es interesante comprobar que los exámenes tienen lugar en Londres, Sidney y Napa.

Tenemos pues que, ante la creciente demanda (la cosa se complica ya que hay distintos segmentos de consumidores) de vino, por un lado, y la creciente competencia en el mercado, por el otro, surgen expertos que buscan asesorar al consumidor sobre qué vino es mejor… o más adecuado…o simplemente cuál les gusta más a ellos

Creo que la clave está ahí. No tengo nada que objetar a ese trabajo. Me parece bien. De hecho, siempre he dicho que el principal problema a la hora de comprar una botella de vino es que no sabes qué te vas a encontrar dentro. Las etiquetas tampoco ayudan mucho como ya he dicho.

El problema surge, según mi punto de vista, cuando los productores se olvidan del origen de su vino (en el sentido que he apuntado arriba) y se dedican a “fabricar” vinos con las características que les gustan a tal o cual “experto”… que además suele ser extranjero…. ¿no hay expertos en España?

Tiene esto relación con el tema de las capacidades en una empresa… El éxito suele venir por hacer bien lo que sabemos hacer en lugar de tratar de hacer algo sólo por que el mercado lo demande.

A lo mejor, las bodegas y los Consejos Reguladores deberían pensar más en mejorar las etiquetas y las estrategias de comunicación en lugar de estar obsesionados con los puntos que les ponga uno u otro… Además, obviamente, de hacer buen vino y con una relación calidad – precio adecuada….


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Miércoles, 12 de agosto de 2015 Sin comentarios